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11 de octubre. En México, las niñas se llaman Fátima

11 de octubre. En México, las niñas se llaman Fátima

Fátima Cecilia Aldrighett Antón era la más pequeña de su familia. Apenas había entrado a primer año de primaria, nunca tuvo un festejo de cumpleaños, tampoco fue bautizada y muchos de sus juguetes y ropa eran donaciones de los vecinos; algunas veces también le regalaban comida.

Fátima desapareció el 11 de febrero de 2020 en la Ciudad de México, mientras esperaba a su madre afuera de su escuela, tras salir de clases. Días después, el sábado 15, su cuerpo sin vida apareció con huellas de violación y tortura dentro de un costal envuelto con una bolsa de plástico, a menos de 5 kilómetros de su escuela. Tenía an sólo 7 años de edad.

Fátima Varinia Quintana Gutiérrez, de 12 años de edad, fue sometida a secuestro, tortura, violación y asesinato el 5 de febrero de 2015.

El día de los hechos, Lorena, su madre, se percató de la ausencia de su hija en punto de las 15:40 horas. Le pareció extraño que Fátima no regresara a casa. Desesperada, salió calle arriba para ir a buscar a su hija a la parada del camión, pero no la encontró, ni en el trayecto ni donde normalmente descendía del autobús.

Llegó hasta la ladera de una zanja que estaba a no más de 120 metros de distancia de su vivienda y, desde, allí pudo ver a lo lejos una zapatilla deportiva blanca y parte de una pierna que sobresalía de entre los matorrales.

Dice el reporte oficial de la muerte de Fátima que no murió en el acto. Que dejó de existir después de una hora, tiempo en el que los agresores la violaron y la sometieron a tortura: le dieron 90 piquetes de sometimiento de profundidad superficial en diversas partes del cuerpo.

Con un objeto contundente y puntiagudo le sacaron un ojo. Con otro objeto contundente le desprendieron todos los dientes, fue sometida a violación tumultuaria en repetidas ocasiones, vía vaginal y analmente. A la altura del tórax le ocasionaron una cortada de 30 centímetros de longitud. En las dos entrepiernas le ocasionaron cortadas de 10 centímetros de largo.

Aún estando viva, a Fátima le fracturaron los tobillos y las muñecas y volvió a ser violada con un objeto contundente vía rectal. Después, los agresores le dejaron caer tres piedras sobre su cabeza, dos de un peso aproximado de 32 kilogramos y otra de aproximadamente 36 kilos, causándole la muerte por traumatismo craneoencefálico severo.

Como el caso de Fátima Cecilia y Fátima Varinia, ocurren decenas por mes en México. Es la normalización de la violencia que se ha asumido como parte del infortunio de nacer en este país.

Los feminicidios en México siguen al alza. Según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, desde el 2017 al 2020 el índice de asesinatos contra mujeres en razón de su género ha crecido en forma acelerada; en 2017 fueron 742 feminicidios, en 2018 se llegó a 893. En 2019 se alcanzó un récord histórico de 942 muertes violentas de mujeres a causa de su género y en 2020 se contabilizaron 940.

Los datos oficiales que hablan de la violencia desatada contra las mujeres, indican que sólo en 2020, de los 940 asesinatos de mujeres que fueron clasificados como feminicidios, 218 fueron cometidos con armas de fuego, 228 con arma blanca, 419 se cometieron con otros elementos, principalmente piedras o palos, y en 75 casos la autoridad investigadora no especificó el tipo de arma utilizada.

En México, las niñas son asesinadas proporcionalmente más que los niños. En el 2020, menos del 1% de asesinatos de hombres fueron de niños menores de 15 años, en cambio, 4.3% de los asesinatos de mujeres fueron de niñas menores de 15 años.

La violencia sexual y el feminicidio acompañaron a Fátima Cecilia, de 7 años, y a Fátima Varinia, de 12. Ellas nunca supieron que el 11 de octubre se conmemora el Día Internacional de las Niñas, porque ser niña en México es una tragedia.

 

medium.com/dra-lupitaramos

@dralupitaramosp

lupitaramosponce@gmail.com

 

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Acerca del autor

Guadalupe Ramos Ponce

María Guadalupe Ramos Ponce es doctora en Cooperación y Bienestar Social por la Universidad de Oviedo, además de investigadora y académica de la Universidad de Guadalajara. Funge también como coordinadora del Comité de América Latina y El Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer en México (CLADEM) en Jalisco.

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