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25 aniversario de la Red Universitaria

25 aniversario de la Red Universitaria

Mirada Violeta

Criterios

 

En la Universidad de Guadalajara estamos de fiesta, y me incluyo en el festejo porque es parte también de una celebración personal. Soy parte de la comunidad universitaria desde mi ingreso a la preparatoria en 1979. En 1985 me incorporé como profesora en la misma Preparatoria 2 a invitación del entonces director Juan Peña Razo, quien fue mi maestro y con los años se ha convertido en un amigo muy querido.

En 1994 me encontraba elaborando los manuales de estudio para la carrera de Derecho en el sistema semiescolarizado que recién se incorporaría en la Universidad, junto con un equipo muy valioso dirigido por los juristas José Barragán y Efraín González Morfín, de quienes tuve la oportunidad de abrevar de su sapiencia y sensibilidad. El equipo de trabajo era encabezado por la también profesora universitaria Martha Lorena Rodríguez Urzúa, quien me realizó la invitación para incorporarme a un equipo de profesoras y profesores que iniciaríamos la carrera de Derecho en el Centro Universitario de la Ciénega, en Ocotlán. Se estaba formando la Red Universitaria para descentralizar los servicios educativos en todo el estado de Jalisco.

Desde el inicio me entusiasmó el proyecto. Comenzamos en 1994 y yo me hice cargo de coordinar la carrera en el sistema semiescolarizado en un proyecto novedoso: llevar la educación universitaria al también recién fundado Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) número 2. En un principio se consideró ofertar las carreras de Derecho y Administración a los internos del centro; posteriormente, se acordó por cuestiones de seguridad de la propia sede, solo ofertarlas a las y los trabajadores penitenciarios. Esto brindó la oportunidad para que muchas y muchos de los trabajadores pudieran acceder a la educación universitaria en su propio centro de trabajo.

Una de las egresadas, que en su tiempo fue personal de custodia, llegó a dirigir otros centro federales de readaptación social en Matamoros y en Almoloya. Otros alumnos, como Felipe Leaños, a quien recuerdo con mucho cariño, fue un ejemplo de lucha contra la corrupción.

En mis 25 años de pertenecer a esta Red Universitaria me quedo con muchas alegrías y satisfacciones, sobre todo la certeza de que el centro universitario les brindó la posibilidad a muchos jóvenes de la región y de los estados cercanos como Michoacán de acceder a estudios universitarios. Sobre todo, esta cercanía les permitió a las mujeres la posibilidad de estudiar y de concluir una carrera universitaria.

Sin duda, hay un personaje al que habría que agradecer la descentralización de la educación, y ese es Fray Antonio Alcalde y Barriga. El 12 de diciembre de 1771, con 70 años de edad, llegó a Guadalajara como el XXII obispo de la diócesis de la Nueva Galicia y su labor fue fundamental para la creación de dos instituciones: el Hospital Real de San Miguel de Belén y la Real Universidad de Guadalajara.

En ese entonces solo existía en nuestro país la Real y Pontificia Universidad de México, las cuales se oponían a la creación de otra universidad, y fue gracias a las gestiones y aportaciones patrimoniales de fray Antonio Alcalde ante la corona española que luego de casi un siglo de haber sido solicitada por vez primera por fray Felipe Galindo Chávez, el 18 de noviembre de 1791 el rey Carlos IV otorgó la cédula real de la fundación de la Real Universidad de Guadalajara. Sin embargo, Alcalde no pudo presenciar la apertura de la universidad, realizada el 3 de noviembre de 1792, pues falleció el 7 de agosto de ese año.

Así como Fray Antonio Alcalde, las y los promotores de la creación del Centro Universitario en Ocotlán, también se vieron sujetos a muchos obstáculos. Por ejemplo, se pretendía que la sede fuera en la Barca o la disputa por la conformación de diversos patronatos para su impulso. También se vistió de tragedia cuando las y los alumnos salían a recolectar apoyos económicos para su construcción, y al hacer “boteo” Ulises fue atropellado y muerto. Hoy, gracias a Fray Antonio Alcalde y su impulso por la descentralización de la educación, gracias a la visión de quienes en su momento decidieron llevar la educación universitaria a todo el estado de Jalisco, y gracias al empeño de ejidatarios, empresariado y jóvenes entusiastas, tenemos la satisfacción de que muchas mujeres y hombres de la región Ciénega y alrededores pudieran acceder a la universidad pública. Mi gratitud eterna para ellas y ellos.

 

lupitaramosponce@gmail.com

@lupitaramosp

 

Foto: Universidad de Guadalajara

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Acerca del autor

Guadalupe Ramos Ponce

María Guadalupe Ramos Ponce es doctora en Cooperación y Bienestar Social por la Universidad de Oviedo, además de investigadora y académica de la Universidad de Guadalajara. Funge también como coordinadora del Comité de América Latina y El Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer en México (CLADEM) en Jalisco.

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