28 de abril: trabajar no debería costar la vida

Hay algo que incomoda profundamente cuando hablamos del trabajo: que, para muchas personas, trabajar no es sinónimo de estabilidad, ni de dignidad, ni mucho menos de bienestar. Y cuando pienso en este 28 de abril, Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, no puedo evitar pensar en todas las historias que no se cuentan.

Pienso en las mujeres que cargan jornadas interminables, que salen de un trabajo para entrar a otro —el invisible, el no pagado—, mientras lidian con violencia, con acoso, con el miedo constante de perder lo poco que han logrado. Pienso en lo normalizado que está que tengan que aguantar, callar, resistir.

Pero también pienso en algo aún más duro: en lo que significa ser una persona trans y querer trabajar.

Porque no se trata solo de enviar un currículum o presentarse a una entrevista. Se trata de enfrentarse, una y otra vez, a miradas que juzgan antes de escuchar, a puertas que se cierran sin explicación, a oportunidades que nunca llegan. Se trata de tener que demostrar el doble, el triple, para que al final muchas veces no sea suficiente.

Y cuando finalmente se logra un empleo, no siempre es un espacio seguro. Puede ser un lugar donde hay burlas, donde se niega la identidad, donde el respeto básico parece un privilegio. También hay quienes ni siquiera te consideran en ciertos espacios, que te excluyen por ser una persona trans, bajo la idea de que “no sos mujer” o “no sos hombre”, como si eso fuera motivo suficiente para dejarte fuera. Y, sin embargo, muchas veces siendo una persona trans se lucha por los mismos derechos, por las mismas oportunidades, por la misma dignidad.

¿Entonces, cómo se puede hablar de Seguridad y Salud en el Trabajo cuando el entorno mismo te violenta?

Y luego está la salud, esa otra lucha. Porque acceder a servicios de salud siendo mujer ya implica barreras. Pero siendo una persona trans, muchas veces significa enfrentarse al rechazo, a la falta de atención adecuada, a profesionales que no escuchan o que simplemente no saben cómo atender sin discriminar. Eso también enferma. Eso también duele. Y hablar de Seguridad y Salud en el Trabajo también implica hablar de sistemas de salud accesibles, dignos y libres de prejuicios.

A veces me pregunto cuántas personas viven esto en silencio. Cuántas han tenido que elegir entre ser quienes son o tener un trabajo. Cuántas han tenido que soportar violencia para poder sobrevivir.

Hablar de Seguridad y Salud en el Trabajo debería ser hablar de vidas reales, de cuerpos que sienten, de identidades que merecen respeto. No debería ser un discurso vacío o una fecha más en el calendario.

Trabajar no debería costar la vida.

No debería costar la dignidad.

No debería costar la identidad.

Garantizar espacios de trabajo seguros y libres de violencia no es un favor, es un derecho. Y recordarlo hoy también es reconocer que esta es una lucha feminista, pero también profundamente humana, donde nadie debería quedarse fuera.

Porque todas las personas merecen algo tan básico como poder trabajar sin miedo.

Trabajos dignos, vidas plenas.

Por todas, por todos y todes.


Alex Izán Hernández

Coordinador del Observatorio de Violencia Social y de Género

Red Lésbica Cattrachas

alexizanhn@gmail.com

www.cattrachas.org

Hombre trans, defensor de derechos humanos e ingeniero infieri en Informática y Electrónica. Cuenta con experiencia en el desarrollo y aplicación de tecnologías con enfoque de género, así como en la gestión y análisis de bases de datos orientadas a la identificación de patrones de violencia. Actualmente coordina el Observatorio de Violencia Social y de Género de la Red Lésbica Cattrachas, donde se desempeña como analista de muertes violentas de personas LGBTTI y de niñas, adolescentes y mujeres, además de realizar el seguimiento y monitoreo sistemático de noticias en medios digitales. De manera paralela, ejerce funciones como técnico en tecnología dentro de la misma organización.
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