6 años después del coronavirus

6 años después del coronavirus

Josefina Reyes Quintanar

El pasado 11 de marzo se cumplieron 6 años desde que el mundo se enfrentó al inicio de una pandemia, debido a la enfermedad del coronavirus, enfermedad muy contagiosa causada por el virus SARS-CoV-2. Oficialmente esta afección tuvo su origen el 1 de diciembre de 2019 en Wuhan, China, pero gracias a nuestra globalización el virus de esparció rápidamente por todos los países. Esta crisis sanitaria global fue la causa de 7 millones de muertes confirmadas. Fue necesaria la declaración de estado de emergencia a partir del 23 de marzo del 2020, situación que nos mandó a todos a encerrar en casa, por seguridad.

Lo que mucho pensamos sería una cuarentena en casa se extendió hasta mayo del 2023. El distanciamiento físico entre personas nos reinició la existencia, tuvo un efecto socioeconómico disruptivo en todos los sentidos. Se paralizó el sistema educativo en más de 124 países, la economía se detuvo, hubo escasez y desempleo. Lo positivo gracias al confinamiento lo vivió el planeta con un descenso de la contaminación atmosférica y especies de plantas y animales tuvieron un buen respiro. Conocimos el trabajo en casa, el uso obligatorio del cubrebocas, la vacunación masiva y el miedo a la incertidumbre. En salud mental se incrementaron los niveles de ansiedad y depresión. Los feminicidios aumentaron, incrementó la violencia de género, no fue fácil para muchas mujeres y niños tener al agresor todo el día en casa. La sinofobia se incrementó.

La historia ha tenido diversas pandemias, la peste negra en la Edad Media, la gripe española de 1918, el SIDA en la década de los ochenta, el ébola en 2015 y finalmente el COVID-19. Sin embargo, nunca habíamos vivido una en estado de cuarentena global, con un cierre total de fronteras. Empero se pudo sacar provecho con el confinamiento con el regreso a actividades básicas en la vida, a cocinar con calma, a repensar la vida, a valorar a los seres queridos, aprovechar el tiempo con lecturas pendientes. Uno de los libros que curiosamente recuerdo su disfrute en esos días de pandemia fue La Peste, de Albert Camus.

Todo empieza con el cadáver de una rata, fue la seña, afuera más ratas agonizantes invaden las calles; después vendrá la muerte repentina de un conserje por una enfermedad violenta y misteriosa, los médicos llegan a una conclusión: peste. Es necesario que las autoridades incomuniquen la ciudad de Orán, en Argelia. La población es invadida por el aislamiento y el miedo y empiezan a modificar los comportamientos individuales y colectivos. La epidemia viene a poner a prueba la moral de los habitantes. Corre el año de 1940 y en la medida en que va creciendo el número de muertos se ponen en cuarentena a los hogares y se supervisa a los cadáveres, las reservas nacionales se agotan.

Camus nos narra la experiencia y el actuar de diversos personajes durante la emergencia, el dr. Rieux siendo el más ecuánime; Rambert, un periodista visitante tratando de escapar a Paris; el padre Paneloux, un sacerdote jesuita local que sermonea al pueblo dando a la peste el título de castigo divino por la pecaminosidad de la ciudad; Cottard, un delincuente que falló como suicida y aprovecha la situación para convertirse en un acaudalado contrabandista. En esta novela existencialista converge la filosofía de Camus, la toma de conciencia ante lo absurdo de la existencia y el comportamiento humano frente a situaciones que lo llevan al límite.

La pandemia del coronavirus llego para convertir el actuar de la vida cotidiana. Abrió en muchos un proceso de liberación cognitiva activando varios procesos como la imaginación, la supervivencia, la adaptación, el cuidado de la vida; nos enfrentó a problemáticas sin precedentes, pero a la vez nos fortificó en luchas como la ecológica, la feminista, la social, la étnica, la económica, la educativa. Se aprovechó la coyuntura para formar un pensamiento más integral y transformador.

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