¿Fin del Estado-nación?
Juan M. Negrete
Con la agresión que está sufriendo el estado venezolano por los días que corren, de mano del que todo mundo nombra como imperio gringo (y se le añade lo de ‘en decadencia’), se impone una lectura que nos precise a detalle lo que viene a ser esto de los estados-nación, cuándo nacieron y cómo funcionan. Tales lecciones nos aclararán mejor los estropicios actuales que estamos viviendo y tal vez hasta ciertos pronósticos de lo que nos espera, a todos, en el mundo.
Vamos intentando en este espacio aportar algunos elementos de tal historia, al menos para entender en dónde estamos parados. Demos por hecho que no agotaremos la revisión en una sola entrega, ni pondremos la mirada vidriosa al estilo académico. Más bien buscaremos plantear el asunto de manera que puedan imbuirse en sus variables hasta los trabajadores manuales más sencillos. Empecemos entonces.
En el período del renacimiento abundaron por el área del mediterráneo movimientos sociales e insurrecciones populares, que sólo pueden entenderse como revoluciones en contra del gran estado. Esta estructura política tenía como élite a la monarquía, a la nobleza y al santo clero, debidamente conjuntados en sacros acuerdos.
Suelen afirmar historiadores y politólogos que no hubo revoluciones, que dieran paso al capitalismo. Dicen que la burguesía aún no maduraba. Pero lamentamos disentir de tal afirmación. Por supuesto que las hubo y que de ellas se generó lo que luego fue designado como capitalismo. Fernand Braudel, un historiador de polendas, identifica varias de estas algaradas: La de 1498, que estalló en Florencia y que encabezó Savonarola. La de 1521 en Villalar, que sostuvieron los llamados comuneros.
Tras estas dos, estalló en Valencia, en 1525, la que sostuvieron las llamadas germanías. Menciona también al movimiento campesino que encabezó ese mismo año Tomás Münzer. Por el año de 1528 volvió a montarse otra insurrección en Florencia, expandiéndose la inquietud hasta Génova. Finalmente, enumera en su listado al movimiento campesino que incendió la Guyena, en 1548.
Este mismo autor nos ilustra que entre los años de 1550 y 1630, siguió habiendo alzamientos, aunque desarticulados, sin plan ni concierto. Los clasifica con toda precisión como manifestaciones dispersas de la misma dinámica de revolución burguesa o capitalista.
Para entenderle mejor a este discurso, con los formatos que manejamos ahora en nuestras discusiones más recientes de los acontecimientos históricos, habrá que decir que todas estas algaradas mencionadas compusieron la sorda lucha de las ‘ciudades-estado’ contra el ‘gran estado’. Todas fueron derrotadas, pero abrieron la senda para construir al estado-nación moderno o actual, como se le califique.
También habrá que agregar en este punto que ninguna de ellas logró alzarse con la victoria, aunque hayan conmovido las raíces de este viejo esquema teocrático con el que se regían las sociedades. Fue el patrón de control social que se construyó en lo que conocemos por Edad Media. Pero fue lo que abrió la puerta para las asonadas y movimientos de revolución que sí triunfaron y que se designan como revoluciones burguesas triunfadoras clásicas.
El listado de éstas nos es bien conocido. Mencionemos primero a la guerra de Flandes. Fue la sublevación que estalló en 1566 en la que lo que conocemos como ahora como Países Bajos. Levantaron el puño en contra de España, que era uno de los viejos estados grandes medievales. La declaración de esta guerra tuvo lugar en 1572. Fue más que sangrienta y conoció una tregua que duró desde el año de 1609 hasta el de 1621. Concluyó con la separación de estas provincias del control de España.
Luego vino la muy conocida revolución inglesa, que duró desde 1648 hasta 1688. La dinámica de este proceso revolucionario devino en la creación del primer banco estatal en 1694. Tras el triunfo de la burguesía sajona habría que agregar los experimentos revolucionarios tanto de la habído en Norteamérica, raíz del actual USA, en 1774, y la insurgencia francesa habida de 1789 hasta 1810, que sirvió luego de modelo a muchos pueblos del orbe.
¿Qué fue lo que cambió con el triunfo obtenido con las revoluciones burguesas, aplicado al modelo estatal? Primero debe registrarse que el formato del gran estado se hundió y fue sustituido por el estado-nación. En el estado-nación es creada su propia banca y, para su funcionamiento, obliga a cotizar a todos sus ciudadanos. Las nubes de mendigos y vagabundos, para ser convertidas en sujetos impositivos, son sometidas a la dinámica del trabajo. Vamos a decirlo de manera bien sencilla: El estado mismo se volvió empresario.
Enseguida habrá que registrar, por necesidad, que no surgió un solo tipo de estado-nación, sino dos: El modelo westfaliano y el sajón. El modelo de Westfalia (armado en el año de 1636), resulta más cercano a lo feudal, a la vieja polis. Federalismo no territorial sino entre corporaciones y ‘pueblos’. También se le llamaba ‘modelo latino’. Los pensadores clásicos de este formato son tanto Tomás Hobbes como Maquiavelo.
En el modelo ‘sajón’ predominan el comercio, la banca y el dinero. Es la manifestación extrema del capitalismo salvaje. No creemos perder la pista si presentamos a Adam Smith y a Juan Bodino, como sus pensadores clásicos. El modelo latino sirvió de referente a la gran mayoría de los nuevos estados que surgieron tras esta dinámica. Pero el sajón también endureció su línea. Pronto fue imponiendo su formato en los demás. Veremos de dar cuenta más adelante de muchos otros aspectos que habrán de revivirse aquí para una mejor inteligencia del asunto.




