Hurgar con catalejos
Amado Aurelio Pérez

Ilustración tomada de Internet, Sin fines comerciales.
THE WATCHER by Jeff Stroud
La poesía lírica intimista es la primera de las tendencias de la poesía romántica y se diferencia en este subgénero porque el autor expresa sus anhelos y sus frustraciones. Usa expresiones de sentimientos como el amor, el desengaño o la soledad y temas sociales o religiosos. Además, también utiliza numerosos símbolos y la melancolía por las tardes otoñales.
El Romanticismo buscaba defender la primacía del sentimiento, la emoción y la subjetividad individual frente a la fría razón de la Ilustración, clamando por la libertad de expresión y creación artística, la idealización de la naturaleza, el interés por el pasado, y la exaltación de un yo rebelde que se siente en conflicto con la sociedad.
Todo poema es una apuesta por un estallido, que consigue mantenerse él mismo permeable y abierto a dialogar con el lector.
THE WATCHER by Jeff Stroud
Up on the ridge overlooking the town you can see him.
A sinister figure upon a dark horse.
Unmoving, unsmiling the rider sits staring as though disapproving, of course.
Some call him a merciless angel.
Others will swear he’s the devil instead.
Still others imagine both horse and the rider are back from the dead.
The truth is he’s not at all magical.
But a tragedy sad as can be.
He’s the last honest man in this unfeeling county; the last man who dares to be free.
Once long ago we were all honest men.
Until to dishonesty, greed and uncaring we turned.
Now only the Watcher is left to remind us the lives we are living we earned.
Each night all alone on the ridge with the moonlight his sadness he shares.
And none of the townspeople dare to admit that they need a reminder of something important and almost forgotten—the Watcher who cares.
El vigilante Jeff Stroud
Arriba, en la colina que domina el pueblo, se le puede ver.
Una figura siniestra sobre un caballo oscuro.
Inmóvil, serio, el jinete permanece sentado, mirando fijamente, como si desaprobara, por supuesto.
Algunos lo llaman ángel despiadado.
Otros jurarán que es el diablo.
Y otros imaginan que tanto el caballo como el jinete han vuelto de entre los muertos.
La verdad es que no es mágico en absoluto.
Pero es una tragedia de lo más triste.
Es el último hombre honesto en este condado insensible; el último hombre que se atreve a ser libre.
Hace mucho tiempo, todos fuimos hombres honestos
Hasta que recurrimos a la deshonestidad, la avaricia y la indiferencia.
Ahora solo queda el Vigilante para recordarnos que las vidas que vivimos nos las ganamos.
Cada noche, solo en la cima, a la luz de la luna, comparte su tristeza.
Y ninguno de los habitantes del pueblo se atreve a admitir que necesita un recordatorio de algo importante y casi olvidado: el Vigilante que se preocupa.
Quizá uno de los mayores hallazgos del poema es la posibilidad que tiene el lenguaje para reflexionar sobre sí mismo, el poder que tiene para darle forma al universo como lo conocemos, así como pistas y huellas desde las cuales se abren más niveles de lectura potenciados; espero contar con tu complicidad el próximo viernes.




