Felicidades a periodistas y a promotores de la comunicación social

Son diversas las fechas en el mundo en que se reconoce, se homenajea y se premia la labor de los periodistas y comunicadores. Y es muy merecido, porque se trata de un oficio hermoso y, a la vez, muy controvertido. Una misión difícil y con grandes retos.

Cabe señalar que en México y en otras regiones, por la cultura católica, se celebra en el marco de la fiesta de San Francisco de Sales. Este santo obispo y doctor de la Iglesia, con dotes extraordinarios, trabajó incansablemente durante una parte del siglo XVI y XVII en la defensa y difusión de la doctrina católica, de tal forma que actualmente en la Arquidiócesis de Guadalajara se ha hecho tradición este festejo el 24 de enero de cada año.

Yo mismo aprovecho la ocasión para felicitar especialmente a los periodistas y comunicadores de esta región de Jalisco que, a sabiendas de que se sufren muchos riesgos, encuentran gran satisfacción en aportar a la sociedad la información que permite a los ciudadanos conocer la verdad de lo que sucede a su alrededor.

Es bien sabido que los periódicos, revistas, semanarios y otros medios escritos fueron de las primeras herramientas que se generaron con la imprenta, y que la comunicación fue evolucionando hasta llegar a la radio y la televisión. Ya en el siglo XXI, el internet y la telefonía celular, junto con otras plataformas digitales, han facilitado la libertad de expresión y, a la vez, cuando la comunicación hiere los intereses de los poderosos y desenmascara las injusticias, la violencia contra el periodista se desata hasta atentar contra la vida misma de aquellos que lo único que hacen es transmitir la verdad.

Por eso, permítanme hacer un homenaje a quienes durante su vida ejercieron esta retadora misión y ya no están con nosotros. Que reciban la recompensa merecida por haber sido fieles a su vocación.

Y a quienes continúan en franca tarea, que Dios les conceda sabiduría, paciencia, humildad, seriedad y entereza para no claudicar. Más aún ahora que la era digital permite presentar noticias falsas como verdaderas y las verdaderas como falsas; las fake news se han vuelto moda en los últimos tiempos y pareciera que se quisiera jugar cada día al “Día de los Inocentes”. Sin embargo, hay quienes, más allá de la tendencia, informan de manera engañosa a la sociedad obedeciendo a intereses privados o a cotos de poder.

Pero hay que ser honestos: en Guadalajara y en otras regiones del occidente de México, la mayoría de los comunicadores se caracterizan por realizar un gran trabajo para que la sociedad alcance un buen nivel de información y formación, de modo que el ciudadano analice y se dé cuenta de qué hacer en los distintos escenarios: cultura, política, religión, deporte, sociedad, espectáculos, humor, etcétera.

En el caso de Temacapulín, Acasico y Palmarejo, los medios de comunicación social jugaron un papel preponderante para desenmascarar las perversas intenciones de privatización del agua, de tal forma que, a cada paso, con mayor información y análisis, se caían los argumentos de los promotores de la presa El Zapotillo, y eso dio tiempo para encontrar otras alternativas. De hecho, es muy importante que los medios de comunicación sigan pendientes del inacabado tema del agua. Hay muchos asuntos por resolver, injusticias que denunciar y temas que analizar en lo local, nacional e internacional.

Ánimo, amigos y amigas de la verdad y de la comunicación oportuna, completa y ágil. No tengamos miedo de cumplir nuestra misión. No perdamos la concentración y vayamos adelante con la seguridad de que, en cualquier escenario, estamos sembrando una semilla que producirá frutos para que la sociedad alcance una mejor calidad de vida.

Y a nuestros queridos lectores, gracias por leernos y corregirnos cuando vean que andamos dispersos y perdidos entre tantas ambivalencias. Si no hay receptores, los emisores seremos estériles. Necesitamos un trabajo de conjunto en el que cada quien cumpla su papel protagónico.

Felicidades por hacer cada quien su papel.

Gabriel Espinoza
Gabriel Espinoza Íñiguez nació en Cosolapa, Oaxaca, el 30 de agosto de 1968. Es hijo de padres campesinos y comerciantes, Cesario Espinoza y Librada Íñiguez, ambos originarios de Temacapulín, Jalisco. Estudió Filosofía y Teología en el Seminario Conciliar del Señor San José, en Guadalajara. Ejerció como sacerdote de 1995 a 2015. A partir de 2015 solicitó dispensa a la Santa Sede y realizó un intenso trabajo social en rechazo a la presa El Zapotillo y a la privatización del agua. Diseñó la campaña permanente Volvamos a la Raíz y cursó la maestría en Desarrollo Rural en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco. Actualmente trabaja en proyectos de soberanía alimentaria y medio ambiente, y colabora en iniciativas con la Universidad de Guadalajara, en el Centro Universitario de los Altos (CUAltos).