La estrategia de Israel contra Irán

La estrategia de Israel contra Irán

Carlos Delgadillo Macías

Los ataques contra Irán por parte de Israel, con el apoyo de Estados Unidos, tienen como objetivo no ya solamente destruir o debilitar el programa nuclear iraní, sino descabezar al gobierno para propiciar un cambio de régimen, hacia uno más afín a los intereses de Tel Aviv y Washington.

Esto lo han expresado abiertamente tanto Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, como Donald Trump, el presidente de Estados Unidos. Aprovechando el momento de tensión interna en Irán, en donde se han desarrollado protestas multitudinarias que han sido duramente reprimidas por el régimen durante las últimas semanas, ambos líderes suponen que, con sus ataques, pueden apoyar a la población iraní descontenta para que derroque a su propio gobierno.

Por supuesto, es un cálculo arriesgado, osado. Aunque es cierto que la indignación popular contra el régimen iraní es masiva y se ha expresado en las calles, eso no significa que los manifestantes en su mayoría estarán de acuerdo con que su país sea bombardeado (con todas las bajas civiles que ya se cuentan por cientos), que su soberanía nacional sea vulnerada y que sus ciudades sean destruidas.

El ataque contra una escuela en Minab, cerca del Estrecho de Ormuz, que ha dejado hasta el momento un saldo de 153 muertos, entre ellos decenas de niñas, es un ejemplo cruento del costo humano en este tipo de operaciones militares. ¿Quién podría simpatizar con los perpetradores de ese tipo de atrocidades?

La retórica israelí y norteamericana pretenden presentar sus acciones como favorables al pueblo iraní. Lo cierto es que, como no puede ser de otra manera, lo que prevalece es el interés de Estados Unidos y, sobre todo, de Israel.

Los antecedentes inmediatos

Luego de los ataques del 7 de octubre de 2023 por parte de la milicia palestina Hamás contra el sur de Israel, que dejó decenas de muertos y secuestrados, el gobierno israelí se planteó el objetivo de garantizar la seguridad y existencia del Estado de Israel a largo plazo. En una primera fase lo que tuvo que hacerse fue responder a Hamás, con una invasión y ocupación parcial de la Franja de Gaza, que ha dejado decenas de miles de víctimas. A la par, se debilitó a la milicia libanesa Hezbolá y también a los hutíes de Yemen. Todos estos grupos componen lo que se conoce como el “Eje de la Resistencia” y son apoyados por Teherán.

En abril de 2024, hubo un primer intercambio entre Israel e Irán, luego del ataque israelí contra el consulado iraní en Damasco, que terminó con la muerte de varios mandos de la Guardia Revolucionaria, incluyendo al general Mohammad Reza Zahedi. Como represalia, Irán lanzó la operación “Promesa Verdadera”, con más de 300 misiles y drones contra Israel. Fue la primera vez en la historia en que se realizó un ataque de este tipo, desde territorio iraní. Israel respondió con la destrucción de defensas antiaéreas que protegían la central nuclear de Natanz, en lo que se interpretó como una clara advertencia de lo que podría venir después.

En julio también de 2024, Israel logró asesinar en Teherán a Ismael Haniyeh, que estaba en la capital iraní para asistir a la investidura del presidente Masoud Pezeshkian. En un complejo que los iraníes consideraban seguro, Haniyeh fue alcanzado por misiles israelíes que fueron disparados y dirigidos por comandos infiltrados. Fue una humillación para Irán y un tremendo golpe para Hamás. En la misma estrategia, Israel mató a Hassan Nasrallah, líder de Hezbolá, que se ocultaba en un búnker de Beirut. Nuevamente, la operación israelí fue exitosa y debilitó profundamente a esa otra milicia.

Irán respondió en octubre, siempre de 2024, con cientos de misiles, que dejaron daños moderados. Israel, por su parte, atacó de nuevo defensas antiaéreas y también instalaciones de producción de misiles.

En 2025 la situación escaló a lo que se conoce ahora como la Guerra de los Doce Días, de 13 al 24 de junio. Irán lanzó una operación mucho más fuerte que las anteriores y utilizó misiles balísticos hipersónicos, que lograron impactar en suelo israelí. Frente a eso, Netanyahu pudo convencer a Trump de realizar un ataque con bombarderos furtivos contra las centrales nucleares de Irán, que fueron seriamente dañadas.

Sin embargo, el gobierno de Israel no quedó satisfecho con los resultados. Le pareció que lo único que se había logrado, si acaso, era la ralentización del programa nuclear de su enemigo, pero no su destrucción o neutralización. Trump llevó a los iraníes a la mesa de negociaciones, que no avanzaron lo suficientemente rápido, a juicio de la Casa Blanca.

En ese contexto sucedieron las protestas ciudadanas en varias ciudades iraníes. Desde finales de diciembre de 2025 y con su punto más crítico a principios de enero de 2026, la gente salió a las calles en principio por motivos económicos. La caída del rial (la moneda iraní), la inflación y la crisis de los servicios básicos pronto se combinaron con la exigencia de un cambio en el gobierno e incluso el fin de la República Islámica. El 8 y 9 de enero las autoridades decretaron un apagón digital que ha restringido desde entonces el acceso a internet y emprendieron una campaña de represión que, según algunas fuentes, dejó miles de muertos. Según las propias autoridades iraníes, la cifra rondaría las 3 mil víctimas fatales. Algunas organizaciones defensoras de los Derechos Humanos elevan la cifra a más de 7 mil. Y varios medios occidentales estipulan un saldo de más de 30 mil.

Lo que viene

Irán no es rival para Israel y Estados Unidos. La diferencia tecnológica, económica y militar es abismal. En estos años desde octubre de 2023, Israel ha logrado eliminar a decenas de científicos del programa nuclear, mandos militares y también políticos iraníes, sin sufrir apenas pérdidas materiales o humanas. Ha dejado en la inoperancia a Hamás y Hezbolá y ha consolidado su hegemonía en Medio Oriente.

Con ese historial reciente de éxitos, Netanyahu intenta dar un paso más y promover un cambio de gobierno en Irán, lo que aseguraría el futuro de Israel a largo plazo. Si, por ejemplo, Israel y Estados Unidos lograran imponer a Reza Pahlaví, autodenominado “príncipe heredero de Irán”, hijo del sha derrocado en 1979, la República Islámica sería abolida e Irán, según sus proyecciones, pasaría a ser un país amistoso con occidente.

El problema es que es difícil o imposible imaginar ese escenario sin un altísimo costo humano y, si fallase el plan, lo cual se antoja muy probable, el resultado podría ser un vacío de poder que desataría tensiones incalculables en toda la región. Israel, en ese contexto, no podría estar menos seguro.