¡Sobre la realidad irreal!
Alfonszo Rubio Delgado
Desde las irreconciliables posturas de los presocráticos Heráclito y Parménides, la realidad ha venido tomando tintes misteriosos. Habiendo observado las posturas mencionadas, pudiésemos optar por la teoría del primero. Pues la mente, dejándose llevar por la aparente contundencia, nos haría inclinarnos hacia el de Éfeso, aunque la escuela parmenídea saliera al rescate de su creador.
Luego, a la frase “todo fluye, nada permanece” no le podemos poner ningún contraargumento. Pues nos parecería evidente. Rematando con “nadie de baña dos veces en el mismo río”. Frases presentes en la filosofía de Heráclito. Pero Parménides, llenando el escenario que le es propio, contesta con contundencia: “Lo que es, es. Lo que no es, no es”. Así, lo que es, (el ser) es infinito, eterno e inmóvil.
Luego a quienes le increpaban, bailándole enfrente, les ofrecía como respuesta, que los sentidos nos engañan. Así, ante la negativa y rechazo general y el posible linchamiento intelectual, surge otro personaje en aquel escenario; el gran Zenón.
Este presenta sus aporías. En ellas considera que, en realidad, la vista nos engaña. “La flecha nunca pegará en la diana. Pues el espacio es divisible hasta el infinito. Luego, al ser disparada, nunca llegará a pegar en aquella”. Lo mismo con lo de Aquiles y la tortuga. Cosa curiosa, pues han pasado los años y los razonamientos parece que fueron lanzados ayer.
Viajando un poco a nuestro presente, existe otra paradoja en la física. Se dice que: “a nivel macroscópico el balón de basquetbol, claramente choca contra la superficie de la cancha. Pero a nivel molecular, la repulsión eléctrica evita el contacto físico real”. Aunque poniendo una pintura superficial y botar el balón, nos ponga a darle vueltas al asunto sobre lo expuesto. Pues si el balón se pinta…
En fin, a veces nuestra realidad nos inquieta y sus hilos conductores parecen moverse de lugar. Otro de los asuntos que, en lo personal me ha llamado la atención en eso de las sacudidas conceptuales, existenciales y paradójicas, se da con el efecto Mandela. Dicha teoría se dió con el líder Nelson Mandela.
Este político sudafricano sorprendió al mundo de dos maneras. Una, porque lidereó a los individuos de raza negra en su país. Fue encarcelado y, tras sufrir una serie de abusos, salió para convertirse en el primer mandatario sudafricano. Tras su desaparición, en los medios masivos de comunicación, surgieron voces que afirmaban de forma contundente, que aquel líder había fallecido en prision. Cosa que causó controversia. Pues las hemerotecas daban testimonio de lo sostenido por aquellas.
Luego, tras ese polémico acontecimiento, en las redes sociales apareció una serie de hechos igual de discutibles, difíciles de explicar. Por ejemplo, lo relacionado con los logotipos de algunas marcas automotrices y de electrodomésticos, mismas que toda la vida uno identificaba de alguna manera. Resultó que siempre habían sido de otro modo. Aunque dichas modificaciones no inciden de forma contundente en las líneas generales de lo real, no deja de ser algo inquietante. Algo nos indica que, aunque tengamos la mejor metodología de interpretación racional, llegará un “absurdo” que nos obligará a ampliar nuestros esquemas conceptuales.
Así, cuando ya creíamos tener todo abordado, clasificado y seguro, surgen nuevas propuestas de la realidad. El dios de Spinoza jugando con nosotros “a la víbora de la mar”, trayéndonos cosas que nuestras mentes apenas alcanzan a captar; pero que, para su comprensión, tendrán que pasar y pasar los años.
¡Saludos amig@s!




