Cuba: ¿punto de inflexión?
Juan M. Negrete
La semana anterior afirmamos en este espacio generoso, que nos abre la puerta para que emitamos nuestro punto de vista, que la fórmula con que quiere imponer su narrativa el desastroso poder actual gringo, tiene tres placas cuajadas, impresas en el destino de quienes encabezan al poder en los países que agrede. Por supuesto que nos estamos refiriendo en concreto a Venezuela, a Irán y a Cuba, en este orden. Al presidente de Venezuela lo secuestró de mala manera y lo mantiene preso. Es más, lo están enjuiciando. ¿Con qué cargos? Eso es asunto menor.
De la cabeza del poder en Irán, trascendió que lo asesinaron. Fue la tarea desde el primer ataque. Lo peor de todo lo acontecido fue que vimos que los invasores, que son los gringos y los sionistas, celebraron tal incursión criminal y propalaron que, tras tal hazaña, el pueblo sometido iraní se levantaría en armas. Pero tal secuela nunca se dio, ni apunta nada en tal dirección. En ese sentido, debe juzgarse entonces como fallido el objetivo central de su autodenominada Furia Épica.
El tercer objetivo evidente está en la mesa de juego de estos irresponsables tahúres, tan encarnizados como lerdos. Se trata del futuro de la cabeza del poder en Cuba, Díaz Canel. Pero adelantamos, no por videntes sino ateniéndonos a lo ya acontecido con Venezuela y con Irán, que si las estructuras orgánicas de ambos países agredidos no han sido alteradas, es de esperarse que pase lo mismo tras la agresión directa a la cabeza del poder en la mayor de las Antillas.
Semejante pronóstico tiene más visos de ilusión, de anhelos propios, que de apego a la realidad. Se basa más bien en la fantasía de desear que vuelva a respetarse el orden mundial anterior, en el que la consistencia o soberanía, detentada por los estados-naciones en el planeta, recupere su sitial y se tranquilicen las aguas en el mundo. Pero hay demasiados visos que apuntan en sentido contrario a esta ilusión nuestra.
Para empezar, el sitio a Cuba no fue decretado por el catire jiricuento, que preside hoy al poder ejecutivo gringo. Es el último ladrillo del muro de bloqueo que le decretó el imperio gringo a nuestra isla hermana. Dura ya 67 años de corrido. Al imperio yanqui le molestó desde el principio el triunfo de la revolución en Cuba, mediante el cual fue expulsado del poder local el títere gringo en turno, Fulgencio Batista. Los barbones, que así eran llamados por el pueblo los revolucionarios encabezados por Fidel, por el Che y por Camilo, se encaramaron a los sitiales del poder en lugar del depuesto títere. Es decir, se propusieron poner en marcha la consecución de los objetivos por los que habían soliviantado a su pueblo.
Pareciera ser que hasta ese momento cayeron en la cuenta los bolillos, nuestros vecinos, que tales alzados se habían trepado en serio a la sierra para liberar a su pueblo. Como estaban y, a lo que se ve, siguen estando acostumbrados a mediatizar toda dinámica de liberación popular, supusieron que los barbones irían corriendo a arrodillarse a la Casa Blanca a pedir línea y consigna de dizque gobierno. Era la dinámica establecida y nunca se imaginaron, por lo que sabemos, que la tropa de tales rebeldes iba a coger la línea de liberación en serio.
La reacción del imperio gringo vino a ser la misma respuesta que dieron los imperios en el pasado, que conocimos por la historia narrada en los espacios escolares. Siempre se nos insistió en aprender los detalles del sitio de Troya, a la que sometieron los griegos ofendidos, hasta concluirla con la destrucción total y su desaparición física. Nos la contaban como una mera leyenda, como un mito pues. Hasta que hubo investigadores acuciosos que descubrieron ruinas que confirmaron su existencia real.
También contaban nuestros mentores, sin dar muestra de fatiga alguna, lo acontecido con Cartago, la contraparte fenicia y/o africana a Roma. Las peripecias de esta noble ciudad, confrontada con la ciudad latina en expansión, en torno al control del mundo conocido y su mercado, la llevaron a ser sitiada por años hasta concluir en su destrucción total. Se dice que Catón y los Escipiones decretaron que había que calcinarla de tal forma que ni siquiera la grama volviera a retoñar en tal sitio. Lo que hace la ira desatada y que tenemos que aprenderla.
Otra ciudad que sufrió cerco mortal y tuvo que afrontar su demolición total fue Numancia. Los romanos se lanzaron a conquistar y a someter a todos los pueblos que habitaban lo que ahora conocemos como Europa. Les costó un tanate y la mitad del otro salir avantes de tal empresa. Al final de su expansión, lo que ahora es pues Europa y todos los pueblos pegados a las costas del mediterráneo, quedaron sometidos a su coto de poder. Pero Numancia, que se ubicaba en lo que ahora es España, nunca habló de rendirse y le aplicaron la dosis del exterminio. Doce años duró el sitio y Numancia, como Cartago y como Troya, pasó a las líneas de la literatura nada más, del recuerdo imborrable.
Aquí, en lo que ahora es nuestro México, tenemos páginas de resistencia heroica similares. Tras su derrota en el Peñón de Nochistlán, nuestros chichimecas decidieron mejor despeñarse y quedar sepultados en su tierra propia, antes que permitir que a ellos y a su descendencia se les aplicara el yugo de la esclavitud española.
Vemos pues al descocado imperio gringo, del que se premoniza y adelanta su decadencia y sus prontas exequias, que presiona a fondo al pueblo cubano para que concluya capitulando finalmente y que se someta al capricho donroico, que ha venido a saltar a nuestras palestras a considerar como la última mafufada yankee.
Pero precisemos datos: Al cerco de Troya se le adjudica la duración de diez años. Al de Numancia, doce. Al de Cartago, veinte. Cuba lleva sitiada 67 y no ha hablado de rendirse. ¿Se salvará o engrosará el listado?




