La rapiña, como oficio del dios “verdadero”.

¡Sobre la rapiña como el oficio del dios “verdadero”!

Alfonszo Rubio Delgado

Se ha visto cómo, en la historia, ciertos grupos de poder van imponiendo sus ideas, al grado de que, con el transcurrir del tiempo, dichas ideas se transforman en “palabra de dios”. Cosa que se sostiene por algún tiempo y de acuerdo con la evolución de las sociedades. A la postre   toman conciencia en torno a lo sostenido.

En las escenas vergonzantes descritas, aquellas abandonan esas formas. Las cambian por otras menos descriptivas y, obvio, más evolucionadas. De esta forma, en la historia nos hemos enterado cómo el dios Zeus abría el cielo. Ello, con la idea de seducir a cuanta jovencita en edad reproductiva “le llenara el ojo”. Luego, el gran cronión se encargaba de lo demás. Así le ocurrió a Alcmena, la esposa de Anfitrión, por ejemplo. Luego, el pueblo griego, a la postre, debió abandonar esa religión. No con la inmediatez que se nos pudiera ocurrir. Todavía tardó en desaparecer.  El imperio romano la utilizó con algunas modificaciones. Prácticamente todo su ciclo de vida.

Como es de esperarse, y de acuerdo a la tendencia muy humana, la religión es la que justifica la actuación de una civilización, aunque sus orígenes estén marcados por tendencias humanas. Como trajes a la medida, confeccionados por quienes en su momento pensaron que eso sería lo justo; pues la justicia, como principio, se conceptualiza de manera diferente. Luego, para justificarse quienes proceden de una misma religión, establecen una división. Esto entre lo antiguo y lo nuevo, como le ocurrió al cristianismo, en relación con el judaísmo.

Para remarcar lo atrás sostenido, tenemos en el libro de Números 31- 28, 29 30 y 40, de la biblia: “El señor” o sea dios, reclama su parte del botin. Es decir, es un dios atracador, que saquea con su pueblo, y luego reclama su parte. “Como dicen en mi rancho“, cosa que está de no creerse, pues un todo poderoso y dueño de absolutamente todo no tiene ese tipo de necesidades. Y menos de ser un ladrón. Resonando fuertemente lo dicho por el gran Jenófanes.

Como ha quedado claro en mis intervenciones, existen personas que no están de acuerdo conmigo. Lejos de querer construir un pensamiento civilizado y emancipador, se ciñen a la vulgaridad y a la soberbia, pretendiendo que tengo que parecerme a ellos para aceptar mis dichos; calificando de burdos y oscuros mis pensamientos.

Sería prudente preguntar a esos espíritus agrestes: ¿no les ocurriría lo mismo con el gran Hegel? ¿Lo burdo es perdonable en función de su complejo de inferioridad apuntado hacia alguien consolidado? Luego, ¿nos referimos, cuando decimos aquello, a la falta de claridad? ¿O eso es un desplante autoritario de alguien que no soporta que otro, que emite una opinión, tenga algo de razón? ¿De tipos emberrinchados, que pretenden que toda verdad ha de salir estrictamente por sus bocas?

Luego, los espacios aquí permitidos son para externar opiniones. No necesariamente para llevar de la mano a personas exigentes. Tampoco para emitir verdades absolutas. Por lo demás les diré amig@s, lo expresado por Walt Whitman: “Prefiero mi alarido por los techos del mundo“. Si no encajo en sus esquemas conceptuales, necesario es que volteen a otro lado. Eso de querer moldear a medio mundo por no “gustarme“, es temerario, ¡por decir lo menos!

¡Saludos amig@s!