En un país donde la violencia contra las mujeres se ha vuelto paisaje cotidiano,
hay historias que se niegan a desaparecer. Historias que no caben en las
estadísticas, que no se diluyen en informes oficiales y que, sobre todo, no aceptan
el silencio como destino. Querida Fátima es una de ellas.
No es solo un documental. Es una interpelación.
En el marco del Festival Internacional de Cine en Guadalajara 2026, esta obra
documental de la Colectiva Varinia coloca en el centro algo profundamente
incómodo para el Estado y para la sociedad: el dolor que no se resigna, la
ausencia que se convierte en denuncia y la memoria que se vuelve acción política.
Fátima no es solo un nombre. Es la representación de miles de niñas y mujeres en
México cuyas vidas han sido arrebatadas por la violencia feminicida o por la
desaparición. Pero también es el nombre que encarna a quienes las buscan, a
quienes las nombran todos los días, a quienes se niegan a aceptar que la
impunidad sea la última palabra.
La imagen que acompaña este llamado —un abrazo sostenido en medio de la
oscuridad— no es solo afecto: es resistencia. Porque en México, abrazar también
es un acto político. Es sostener la vida en un contexto donde el Estado ha fallado
sistemáticamente en garantizarla.
El Festival Internacional de Cine en Guadalajara lo deja claro: no se trata
únicamente de ver una película, sino de construir comunidad. El “Círculo que
Escucha”, con madres y padres de víctimas de desaparición y feminicidio, es una
práctica profundamente feminista. Escuchar, en este contexto, no es pasivo: es un
acto de reconocimiento, de legitimación y de ruptura con la indiferencia estructural.
Porque lo que está en juego no es solo la memoria de quienes ya no están. Es el
derecho a la verdad, a la justicia y a la no repetición.
En México, las cifras de feminicidio y desaparición siguen creciendo, pero más
grave aún es la normalización de la violencia. Frente a ello, las familias,
especialmente las madres, han asumido una tarea que no les corresponde:
buscar, investigar, documentar, exigir. Han convertido el dolor en organización y la
ausencia en lucha.
Querida Fátima se inscribe en esa genealogía de resistencia.
Pero también nos confronta: ¿qué hacemos quienes miramos? ¿Nos limitamos a
la emoción momentánea o asumimos la responsabilidad política que implica
escuchar estas historias?
El riesgo de estos espacios es convertir el dolor en consumo cultural. El desafío es
otro: transformar la indignación en acción colectiva.
Escuchar nos da vida, dice el llamado.
Y es cierto. Pero escuchar también obliga.
Obliga a no mirar hacia otro lado.
Obliga a cuestionar las estructuras que producen esta violencia.
Obliga a acompañar las luchas que las familias sostienen todos los días.
Porque mientras haya una Fátima sin justicia, no hay paz posible.
El próximo domingo 19 de abril estará en la cabina de Radio Universidad de
Guadalajara, en Sórico Sin Género de Dudas, la mamá de Fátima. Te invito a que
sintonices la radio por el 104.3 FM y dialoguemos con ella y con su dolor, pero
también con su exigencia de justicia. Después, acompañémosla a la premier en el
Conjunto Santander. Abracemos a nuestra Querida Fátima.
Dra. María Guadalupe Ramos Ponce
Coordinadora Regional de CLADEM
Profesora Investigadora de la UdeG
@dralupitaramosp
lupitaramosponce@gmail.com
Canal de YouTube Dra. Lupita Ramos
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