Chihuahua, los tres pies del gato
Juan M. Negrete
Dicen en el rancho que la chapuza acusa. Y con el asunto de la muerte de los agentes de la CIA, o séase gringos, en un operativo estatal, las autoridades de aquel estado ya no hallan cómo encubrir o enderezar en sus díceres las mentiras y los enredos enmadejados. Para empezar a entenderle al embrollo, habrá que partir del dato duro de que se trata de un gobierno estatal panista, opositor pues a la 4T. Es dato que impone punto de partida para el análisis. Nada más.
La clarificación de lo partidista en este asunto es necesaria porque la cantaleta panista, que por cierto ya nos tiene acatarrados a todos los mexicanos, sostiene que los gobiernos estatales de Morena son narcoestados, sus cabecillas son narcopolíticos y las acciones violentas que se viven en tales territorios son narcoterrorismo. Luego sueltan parrafadas contradictorias a sus dichos anteriores, al aducir que un porcentaje x (20%, 30%) del territorio está controlado por cárteles de la droga y que los gobiernos morenos de tales espacios están coludidos o son cómplices de dichas mafias locales.
La verdad es que la consistencia de estas afirmaciones está totalmente fuera de baranda. Quién sabe en dónde estudiarían lógica quienes propalan tales discursos. Como ya dijimos que es el núcleo duro de los discursos panistas, hasta ahí habría que dejarlo. Pero el problema real es que debemos de seguir dándoles cobertura, porque las secuelas derivadas de sus planteamientos pasan de los páneles de la mera discusión a acontecimientos fácticos que nos afectan a todos y que, por lo mismo, no pueden ni deben ser ignorados.
¿Qué pasa, por ejemplo, con el dato duro de que dos agentes de la CIA murieron en el lamentable accidente carretero ocurrido en el municipio de Morelos del estado de Chihuahua el pasado domingo? La gente encargada del levantamiento de dicho accidente hizo saber, es decir lo plasmó en las actas oficiales, que los cuatro ocupantes del vehículo siniestrado portaban ropas oficiales de policías locales o estatales, para ser más precisos.
Bien. Dos de ellos eran paisanos; los otros dos, extranjeros. Gringuitos, para ser puntuales. Mas entonces, si eran foráneos, ¿por qué iban vestidos con ropas de autoridad policíaca estatal? Raro, ¿no? En el acta del levantamiento de tránsito deben haber quedado bien especificados estos detalles, que son nimios si los vemos con la lupa de la mera inspección de lo vital de tal trance; pero trascienden a la esfera de lo chismoso cuando lo tenemos que vincular a los enredos políticos.
Parece ser que las primeras informaciones no atendieron a estas minucias, porque cuando tuvo que dar la cara ya el fiscal estatal, buscando escurrir el bulto de lo que estaba revelando la presencia de estas incongruencias de lo permitido y lo prohibido en las esferas políticas, salió con el domingo siete de que los dos gringuitos muertos habían pedido un raite (o se escribe raid) a la patrulla policíaca, luego accidentada.
Volvamos a los burdos detalles. ¿Unos extranjeros, solicitantes de aventón, iban vestidos con el mismo tipo de ropa policial de los ocupantes de la patrulla, que luego se accidentó? Se ve que esta segunda aclaración, la del fiscal, sólo vino a reborujar los hilos oscuros del asunto. Eso de que los agentes güeros hayan sido levantados en el camino no caza con el dictamen pericial primero de que los accidentados y otras patrullas acompañantes habían acudido a una operación encubierta a desmantelar un laboratorio de narcos, oculto en lo más intrincado de la sierra tarahumara. Po fin, ¿iban desde siempre en el viaje o les dieron levantón en el regreso? Como que hay demasiado jarabe de pico en todo este enredo y comedia de equívocos.
Más adelante vino una declaración editorial en el periódico de Los Angeles Times de que no eran sólo dos agentes de la CIA, trabajando en este operativo, sino cuatro. Dos sufrieron el percance del accidente y perdieron la vida, pero los otros dos, que están ilesos, bien que podrían dar la cara y revelar a nuestras autoridades lo conducente.
Porque por aquí se entrevera más este hecho tan desafortunado. Triste o trágico resulta el dato de que dos de ellos hayan perdido la vida. Pero ¿cuántos más personajes extranjeros han intervenido y están involucrados en estas tareas ocultas? Bien sabemos que no se mandan solos. Las autoridades de aquel lado de la frontera ¿no cumplen con el compromiso de informar y enterar a los colegas de este lado de las tareas, calendarios y recorridos de sus enviados? Nuestras autoridades ¿están pintadas?
En este punto hay que bajar más peldaños para entender mejor los detalles. De lo que se sabe hasta este momento sobre el caso, de las autoridades nuestras, las que no están enteradas por no haber sido debidamente informadas, son las federales. La presidenta Claudia lo hizo saber desde el primer momento: No tenemos ningún conocimiento de que haya operativos conjuntos entre nuestros cuerpos de investigación y los del otro lado. Entonces, ¿qué se sigue de toda esta confusión?
Interrogada más adelante doña Claudia por si la gobernadora de Chihuahua, panista por más señas, sería quien autorizó las operaciones descubiertas por el fatal accidente mencionado, respondió que doña Maru Campos no le recibió la llamada. Pues sí que estamos lucidos. Con malos modos no vamos a llegar muy lejos. Nunca ha sido buena fórmula para desfacer entuertos, hubiera dicho don Quijote.
La especulación desatada nos dirá de inmediato que, si la autoridad panista chihuahueña fue la que dio luz verde a esta intromisión gringa en nuestras cosas así sean asuntos delictivos de alta monta, está violando lo mandatado con toda claridad por nuestras propias leyes. Es un asunto federal y compete a la federación autorizar o desaprobar la intervención de extranjeros en el país, para bien o para mal. ¿Qué sigue?




