Si Sheinbaum quiere ser ella misma y gobernar sin ataduras, ahora es la oportunidad de oro. En medio de la explosión del caso de Rubén Rocha Moya, debe deshacerse de lastres corruptos y corruptores; de políticos nefastos que de frente le aplauden y por la espalda murmuran y critican porque “son leales” al pesado pasado.
Tiene y debe gobernar sin narcopolíticos ni huachicoleros que le impiden ser quien es. Las imputaciones al gobernador de Sinaloa —estado considerado “epicentro geográfico del tráfico mundial” de drogas— no son poca cosa. Estados Unidos tiene las pruebas que presentará en su momento.
Que no les crea a los mismos de ayer, que hoy le hablan al oído.




