Hurgar con catalejos
Amado Aurelio Pérez

Homenaje mínimo a Roberto Fernández Retamar y Casa de las Americas, al pueblo cubano.
En su libro Calibán, apuntes sobre la cultura en nuestra América, el ensayista cubano Fernández Retamar se propone demostrar que el símbolo de la cultura latinoamericana no es Ariel, como había afirmado José Enrique Rodó, a principios de siglo XX sino Calibán, figura legendaria de elaboración igualmente extraña a nuestra cultura, pero que esta vez asume, según el también poeta, nuestras concretas realidades”.
Perpetuado por el Mar Caribe (al que algunos llaman simpáticamente el Mediterráneo americano; algo así como si nosotros llamáramos al Mediterráneo el Caribe europeo).[ O. Mannoni: Psychologie de la colonisation. París, 1950, p. 71, cit. por Frantz Fanon en: Peau noire, mosquee blancs (2a ed.), París (c. 1965), p. 106. (Hay ed. cubana).] Pero ese nombre, en sí mismo —caribe—, y en su deformación caníbal, nos recuerda que en la mayoría de los casos las creaciones de Estados y Países se realizan (y se realizaban) por medio de la violencia; lucha por los territorios, los recursos, el poder. México, Cuba y los países de Latinoamérica, nacen a causa de un violento y desequilibrado encuentro intercultural. La metáfora de la violencia en el discurso literario transforma la agresión física y social en instrumentos narrativos para explorar problemáticas profundas, convirtiendo el lenguaje en una herramienta crítica. A través de subgéneros narrativos, la literatura representa la violencia no solo como trama, sino como una metáfora del poder, la descomposición social y la memoria histórica.
La barbarie, el fascismo, el imperialismo, renovando mecanismos de dominación, (trumpapocalismo) pretende imponer su ley.
En palabras del embajador de Cuba en México, Eugenio Martínez, para la jornada:
https://www.jornada.com.mx/2026/02/06/politica/008n] Donald Troump “llamó a crear un nuevo organismo multilateral para defender a America de los enemigos de la libertad y la democracia, es decir los ciudadanos que no renuncian a la autodeterminación, una oportunidad para releer y recuperar el pensamiento crítico propio de la región, como herramienta de resistencia y afirmación soberana frente a Estados Unidos.”
“Nos dicen que no nos hemos desarrollado porque somos ineptos o corruptos, pero no dicen lo que nos robaron una y otra vez, generación tras generación”, afirmó [https://www.jornada.com.mx/2026/02/06/politica/008n2].
Lo que para no contradecir a Aime Ceser:
No me has enseñado nada. Salvo claro está,
a chapurrear tu lenguaje para que pueda comprender
tus órdenes: cortar leña, lavar platos, pescar, plantar hortalizas,
porque tú eres demasiado holgazán para hacerlo.
En cuanto a tu ciencia ¿me la has enseñado, di?,
¡bien que te la has guardado!
Tu ciencia la guardas egoístamente para ti solo,
encerrada en esos gruesos libros ahí.
Aimé Césaire, Una tormenta (1969)
En Calibán se aglutinan, al modo de un fractal, múltiples situaciones que ocurren a los colonizados, incluyendo el deseo de emanciparse. También, hay que subrayarlo, cometiendo errores motivados por la interiorización de una falsa imagen autodenigrante o victimizante –idea sobre la cual polemizaron Octave Mannoni en su Psychologie de la colonisation (1950) y Frantz Fanon en Peau noire, masques blancs (1952)- y que traza el camino hacia la sujeción voluntaria.
Aquello ya había sido plasmado por Shakespeare en su obra, que presentó al personaje doliéndose de su situación y dispuesto a someterse a quien le asegurara un mejor trato que el que recibía de Próspero. Así pues, los caminos para superar las patologías derivadas de la colonización, son un tema tan actual como pendiente de resolución.
La isla, a la que llegó Cristóbal Colón en su primer viaje, pasó de manos españolas a británicas en el siglo XVII, el mismo en que Shakespeare montó su pieza teatral. Imposible dejar pasar la oportunidad de retomar la figura de Calibán, pero también para recordar al personaje principal de La tempestad, Próspero y su energía colonizadora que lo muestra como el quinto elemento, porque no está hecho de lo mismo que lo están Ariel y Calibán, (Trump) el autocreado neo Próspero, hoy pisa fuerte sobre territorios que no son suyos. [ Sofía Reding Blase: Doctora en Estudios latinoamericanos. Es Investigadora titular, Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, Universidad Nacional Autónoma de México.]
La producción intelectual sobre ese personaje no se ha detenido; la potencia de sus reclamos, que podrían considerarse efecto del malestar que el colonialismo ocasionó en un Shakespeare deudor de Montaigne un disgusto.
Según Aníbal Ponce, “Calibán es el pobre «monstruo rojo» que Ficino comparaba
a un pulpo, Lutero a un asno, Erasmo a una bestia, Maifeo Vegio a un buey. Shakespeare
ha descargado sobre él los adjetivos más sangrientos: «terrón de barro», «infecto esclavo»,
«semilla de brujo», «pedazo de estiércol». Cuatro piernas le han dado, cara de perro, olor
de pez rancio. Lujurioso y ebrio, maligno y crédulo: nada le falta para nuestro horror.
Próspero lo trata con repugnancia evidente; pero una vez que Miranda (su hija) le dice:
«es un villano que no me agrada ver», el padre sale en su defensa: «Como quiera que
sea, no podemos pasarnos sin él. Enciende nuestro fuego, sale a buscarnos leña y nos
presta útiles servicios». Imprudentes palabras que nos hacen dudar de la monstruosidad
de Calibán y que nos llevan a creer más bien en alguna enorme injusticia de parte de
su dueño…” (ANIBAL PONCE: Humanismo y revolución. Selección y prólogo de Jaime Labastida. México, Siglo XXI, 1970)




