Ni mi casa es ya mi casa

Ni mi casa es ya mi casa

Carlos Delgadillo Macías

El título de este artículo es realmente el de un comentario de Bolívar Echeverría, publicado en el pequeño volumen “Ziranda” (ERA/UANL, 2019), que reúne aforismos del filósofo ecuatoriano. Estos textos aparecieron en 2003, en la Revista de la Universidad de México, aunque habrían sido redactados algunos años antes, entre 1997 y 2002, luego de la lectura de la Minima Moralia de Theodor Adorno.

Echeverría, fallecido en 2010, nos ofrece en ese comentario un cuadro de la compleja y tormentosa relación entre Estados Unidos y los países latinoamericanos. Se pregunta retóricamente si los territorios de nuestros Estados nacionales no son realmente propiedad de Washington y lo único que falta es que tome posesión efectiva de ellos. La consecuencia es paradójica: los países de América Latina no pueden disponer de esos territorios, pues no son suyos, y no pueden aplicar políticas económicas independientes ni ejercer plenamente la soberanía, pero, por otro lado, Estados Unidos tampoco actúa como propietario pleno, como si decidiera no hacer mucho con esas tierras.

Aquí surgiría la utopía de una derecha entreguista, cuyo sueño sería que la Casa Blanca tomara posesión de una buena vez de los territorios y los Estados latinoamericanos se convirtieran, como Puerto Rico, en subordinados, protectorados o, con un eufemismo que también es un oxímoron, Estados libres asociados.

Advierte el filósofo que, contra esas ilusiones neocoloniales, Estados Unidos no tendría la fuerza como para anexarse tan fácilmente toda la región:

Lo que no tienen en cuenta, aparte de la generalización de la esclavitud que ella traería consigo, es que esa toma de posesión sería una tarea mil veces más grande de lo que fue conquistar el Oeste, y que la empresa necesaria para cumplirla está ahora más allá de las fuerzas aún apabullantes pero de estructura caduca de la Unión Americana.

En Argentina, en Chile, en El Salvador, quizá pronto en Perú y en Colombia, así como en Venezuela luego de la caída de Maduro, parece que las élites se inclinan a favorecer esa toma de posesión. Sus presidentes se han prestado a formar parte de la férula diseñada por Trump, el “Escudo de las Américas”, y han aceptado seguir la línea marcada por Estados Unidos no sólo en los temas de seguridad, sino sobre todo en los temas de política económica. Son las derechas (neo)neoliberales, con tonos ahora “libertarios”, que pretenden revivir el minarquismo y el Estado mínimo, bajo la égida norteamericana. Pero no sólo eso, se inclinan a que la superpotencia hemisférica campee sin muchas restricciones, con bases, buques, aeronaves, drones, submarinos y lo que haga falta para combatir el crimen organizado, pero en última instancia para dejar en claro de quiénes son todos estos territorios.

Otros países, como Brasil, México y la ahora cercada República de Cuba forman un bloque de resistencia. Los dos primeros son los más poblados de América Latina. Y Cuba es el país que más tiempo ha soportado los embates de Washington. Juntos representan la izquierda regional que está determinada a no facilitar el dominio de Estados Unidos.

¿Serán aquellas fuerzas apabullantes lo suficientemente fuertes ahora para que Trump consolide su nueva Doctrina Monroe? Echeverría cierra su comentario con una frase, que reiteramos aquí también para concluir:

“Ya lo veremos, le habrá dicho Monroe a Bolívar”, y a quienes nos ha tocado verlo es a nosotros.

Bibliografía

Echeverría, Bolívar (2019). Ziranda. Imágenes de Alberto Castro Leñero. México: Ediciones Era / UANL