Hurgar con catalejos

Hurgar con Catalejos

Amado Aurelio Pérez

1990aapc@gmail.com

LA GUERRA CRISTERA (II)

Las obras literarias Cristeras

Quiero agradecer, al Maestro Juan José Doñan, la autorización incondicional para reproducir en esta columna, a manera de introducción, la reflexión con que inició el andar,  aún no desbrozado, por La Revolución Mexicana que no procedió iluminada por una preparación ideológica, sino que había surgido desde lo más hondo de los atisbos o adivinaciones de lo que se llama instinto, y que, naturalmente, a los más instintivos, a los menos transformados por la educación y la cultura, quedaba reservado a hacer en ella lo que no era obra de cultura ni de civilización. Se le ocurriría también: que eso explicaba cómo los antecedentes sombríos, primitivos, montaraces de un Pancho Villa —en lucha desde siempre con la sociedad— fueron factores inherentes a la personalidad trastocadora de quienes traerían un México nuevo, por lo que resultaron indispensables los caudillos y guerreros, sin cuyo concurso no habría venido el desquiciamiento nacional preparatorio de los logros de la Revolución.

Se diría así mismo: que, sin esos hombres, encarnación viva —porque en su sangre la traían— la ineficacia social que los había producido, la aspiración idealista y superior de los revolucionarios por apostolado, por concomitancia, por moralidad o por rebeldía —la de los Madero y los Felipe Ángeles, la de los Carranza, los Obregón y los Alvarado, la de los Diéguez, los Sarabia, los Villareal— no habría llegado a imponerse tomando sustancia y forma

En 2003, al referirse a la indiferencia que había mostrado hasta entonces el establishment literario hacia la ficción concebida a partir de la persecución religiosa de los años veinte y treinta en México, no obstante, la abundancia de novelas y cuentos tributarios de dicha temática, el crítico e historiador literario Álvaro Ruiz Abreu llegó a la conclusión de que se trataba de una “literatura negada”. El autor no exageraba al calificar de esa manera tan remarcado desdén y del que cual, por cierto, el ámbito académico tampoco salía bien librado, pues para entonces sólo existía una obra de investigación dedicada al tema: el trabajo pionero de Alicia Olivera de Bonfil, La literatura cristera, publicado tres décadas antes que el de Ruiz Abreu.

¡Apenas una sencilla obra de investigación en más de 70 años! Sí mayúsculo ninguneo, ejercido también por las grandes editoriales mexicanas, se había venido enfrentando a lo largo de muchos decenios a una persistente realidad que ni entonces ni ahora ha podido ocultarse: el hecho de que desde 1930, año de la aparición de la primera obra de este tipo (Héctor, publicada por el canónigo oaxaqueño David G. Ramírez bajo el seudónimo de Jorge Gram) y hasta el momento de escribir estas líneas (a mediados de 2015) no han dejado de publicarse, para asombro de muchos, numerosas obras de ficción literaria –y también cinematográfica– relacionadas con la Guerra Cristera.

Novelas cristeras:

Gram, Jorge (David G. Ramirez). Héctor, 1930.

Randd., Jaime (Jesús Medina Ascencio). Alma mejicana, 1947.

Quiroz, Alberto. Cristo Rey o La persecución, 1952.

Rivero Del Val Luis. Entre las patas de los caballos, 1952.

Valdovinos Garza, José. Canchola era de a caballo, 1954.

Gram, Jorge, Jahel, 1955.

López Manjarrez, Francisco. Pancho Villanueva. El Cristero, 1956.

Figueroa Torres, J. de Jesús. Las Brígidas de Montegrande, 1960.

Garro, Elena. Los recuerdos del porvenir, 1963.

Cevallos, Salvador E.  Vivac en la montaña 1963.

Navarrete, Heriberto. El voto de Chema Rodríguez, 1964.

Kubli, Ernesto. El último cristero, 1989.

Macedo López, Juan. Un fusil sobre la cruz, 1990.

Chao Ebergenyi, Guillermo. De los Altos, 1991.

Pintor, Germán. Nos dejaste la noche, 1991.

García Ruiz, Antonio. El Cristero, 1994.

Peña González, Abelardo de la, Nachín, El cristero, 2003.

Pombo, Álvaro. Una ventana al norte, 2004.