La obra pastoril de Virgilio

LA OBRA PASTORIL DE VIRGILIO

Gabriel Michel Padilla

El tema pastoril constituyó, para el príncipe de los poetas latinos, una fuente de inspiración constante. Conocemos diez de esos cantos conocidos como “Églogas”.  A pesar de la ternura lírica que parecen exhalar, en el fondo conllevan una crítica a la política imperial. De las 10 églogas que se conocen, la primera es una crítica al César por haber despojado de sus tierras a los pastores para entregarlas a los soldados, en recompensa por sus servicios a favor de la actividad marcial. Los personajes son Títiro y Melibeo. Uno, despojado de su parcela (Melibeo, ya camino rumbo al destierro), le comenta a Títiro su desgracia; éste, que en realidad es el poeta, le dice que el privilegio de no ser despojado se lo debe al César.

Escuchemos este diálogo:

MELIBEO

Tendido al pie de tu alta haya de ancha sombra, tú Títiro, en leve caramillo ensayas tus tonadas campesinas. Nosotros de la patria en los linderos, adiós decimos a los dulces campos, nosotros de la patria fugitivos….  Tú tendido a la sombra, al eco enseñas, oh Títiro, a que el bosque te repita: ¡Amarilis Hermosa!…

  1.   TITYRE, Tu patule recubans sub tegmine fagi,

Silvestrem tenui musam meditaris avena:

Nos patriae finis et dulcia liquimus arva

Nos patriam fugimus, tu, Tityre, lentus in umbra

Formosam resonare doces Amarylida silvas.

TÍTIRO

Melibeo, esta paz que disfruto un dios me ha dado. Dios que ha de serlo para mí por siempre y sangre de corderos de mi aprisco su ara a menudo embeberá. Lo miras: paciendo están por él libres mis vacas. Por él entona mi zampoña agreste cantos a su favor

O Meliboee, deus hace nobis hace otia fecit.

Namque erit ille mihi Semper deus, illius aram

Saepe tener nostris ab ovilibus imbuet agnus

Ille meas errare boves, ut cernis, et ipsum

Ludere quae vellem calamo permisit agresti.

El despojo duele, y el poeta pone en boca de un pastor una increpación al César.

¡Cómo! ¡En manos de un impío soldado están estas parcelas labradas con primor…! ¡Que de estas mieses un bárbaro se adueñe! Ay, eso rinde míseros ciudadanos la discordia.

Luego con un dolor profundo se dirige a su ganado:

-Adelante cabritas, se acabaron

mis cantos para siempre ya conmigo

nunca más pastaréis la flor del trébol

ni el amargo sabroso de los sauces…

 

Ante ese dolor incontenible, Títiro le hace una gentil invitación:

¿Pero por qué una noche no descansas

aquí conmigo sobre un lecho de hojas?

Tengo fruta en sazón, castañas tiernas,

Queso abundante; y a los lejos mira:

ya los techos humean en los ranchos,

y de los altos montes sobre el valle

más grandes cada vez caen las sombras.

 

et iam suma procul villarum culmina fumant

majoresque cadunt altis de montibus umbrae.                 

Estos dos últimos hexámetros latinos, corresponden a los tres últimos endecasílabos.

El lector puede sentir la poesía eterna de Virgilio, que fluye con un ritmo cadencioso y que lleva al lector a disfrutarlo. Aún sin ser latinistas, la lectura del texto en latín, logra hacer sentir el ritmo a cualquiera.