Egloga VII

ÉGLOGA VII

Gabriel Michel Padilla

 

MELIBEO, CORIDON, TIRSIS

Una competencia poética es lo que no regala este canto pastoril. El escenario: Melibeo, que es como el narrador, cuenta que Dafnis estaba sentado bajo una encina. Llegan dos pastores:

-Coridón (joven, apuesto, enamorado)

-Tirsis (más grande, arrogante, un poco agresivo)

Tirsis reta a Coridón. Melibeo queda de juez.

Se van respondiendo verso por verso. Es un duelo, 12 estrofas en total 6 cada uno:

CORIDÓN

Nympae, noster amor, Libetrides. Aut mihi Carmen,

Quale meo Codro, concedite (próxima Phoebi

Versibus ille facit) aut, si non possumus omnes

Hic arguta sacra pendebit fistula pinu.

Libétrides, mi amor, un canto alado

Vais, oh Ninfas, a darme, como himno

que a mi Codro inspirasteis -casi un émulo

del mismo Apolo- o, si no todos pueden

tan alto pretender, del sacro pino

cuelgo de hoy más mi flauta melodiosa.

TIRSIS

Pastores, hedera crescentem ornate poetam

Arcades, invidia rumpantur ut ilia Codro

Aut, si ultra placitum laudarit, baccare frontem

Cingite, ne vati noceat mala lingua futuro.

Al poeta novel ceñid la hiedra

Las nobles sienes, árcades pastores,

con que reviente de la envida Codro;

o si en su daño dice elogios nimios

ceñid más bien de bácara su frente,

porque no sufra el vate del futuro

CORIDÓN

Ten de Micón, tu pequeñuelo, oh Delia,

con el testuz de un jabalí cerdoso,

la cornamenta de un vetusto ciervo:

si en la caza por siempre así le ayudas

de mármol toda te erguirás, subiéndote

el purpúreo coturno (bota) a la rodilla.

TIRSIS

Un gran cuenco de leche y estos bollos

cada año espera, y nada más, oh Priapo,

que bien pobre es el bosque que proteges

te hice de mármol por de pronto, pero…

si me dan los rediles buena cría

que supla mis retrasos, ¡te hago de oro!

CORIDÓN

Oh Galatea, oh hija de Nereo,

más dulce para mí que miel del Hibla,

blanca más que los cisnes, más graciosa

que hiedra albar cuando del pasto vuelvan

al pesebre los toros, si le quieres

algo a tu Coridón, vente enseguida.

TIRSIS

Que me llamen más agrio que la hierba

sardónica, más áspero que el rusco,

más vil que ova que arranca los oleajes

si no me hace el día un año entero

faltando tú. Del pasto ¡ya! novillos

¡si es que tenéis vergüenza, pronto a casa!

CORIDÓN

Musgosas fuentes, hierba blanda al sueño,

verde y escasa sombra del madroño,

a la grey defended de la canícula:

ya se echa encima el tórrido verano,

y en el dócil sarmiento ya remecen

las yemas, las turgencias de las vides.

TIRSIS

Hogar prendido y resinosas teas,

fogón que de continuo es viva fragua,

negros postes que tizna hollín perene:

con esto el miedo que nos causa el cierzo

es el que inmensa grey inspira al lobo,

o el justo cauce a desbordado río.

CORIDÓN

Yérguense los enebros y castaños

las vainas punzadoras; por doquiera

caída al pie del tronco está la fruta,

todo sonríe en flor. Pero que falte

por estos montes la beldad de Alexis,

y se evapora hasta el caudal del río.

Melibeo termina diciendo después de darle la victoria a Coridón:

De esto recuerdo, y de que en vano Tirsis

Vencida ya porfiaba en la contienda

¡Ah Coridón, es Coridón… ¡No hay otro!

Decimos desde entonces los pastores:

Haec memini et victum frustra contendere

Ex illo Corydon, Corydon est tempore nobis.