Durante el reconocimiento que le hicieron a mi amiga Sonia Serrano en la Universidad de Guadalajara, acudimos una buena cantidad de periodistas de la vieja guardia. Uno de ellos, se confesó como lector, me preguntó por qué ya no escribía del Canelo. Me dijo: déjame adivinar: ¿te amenazaron? ¿te llegaron al precio?, preguntó. Ni una cosa ni la otra. Tenemos años que no hablamos. Se cortó la relación, justamente por lo que escribo y por lo que comento. Al Canelo y a su compadre, dizque manager, no les gusta la crítica.
Siempre he sostenido que la carrera de Saúl tiene dos momentos históricos. El primero, desde su debut profesional, el 29 de octubre del 2005, en Tonalá, Jalisco, hasta el 5 de diciembre del 2009 cuando enfrentó a Lanardo Tyler en la ciudad de Tepic, Nayarit, cuando fue representado por Rafael “Cobra” Mendoza, un genio del boxeo.
Don Rafa, como le decíamos, tenía la intención de buscarle peleas en todos los rincones de la república mexicana para que fuera conocido justamente en la tierra. Que supieran de él antes de llevarlo al extranjero. Su intención era foguearlo en Europa, donde abundaban los peleadores de su categoría, y hacerle un nombre en las principales arenas del viejo continente para que obtuviera experiencia antes de llevarlo a los Estados Unidos.
Sin embargo, las tentaciones lo torcieron. Antes del 5 de diciembre del 2009 incurrió en una serie de indisciplinas que no le gustaron a don Rafa; lo más grave, que sus mentores se lo permitieron y además se dio cuenta, por unos periodistas de la capital, que Eddy Reynoso estaba hablando con Oscar de la Hoya. Es cierto que con De la Hoya ya se habían hecho funciones de manera conjunta con Promociones Deportivas de Ricardo Maldonado y All Star Boxing de Tutico Zabala, quienes tenían los derechos, mediante contrato, del Canelo Álvarez.
Hasta ese tiempo los rivales de Saúl habían sido bastante competitivos y había pasado la prueba prácticamente con todos, salvo el caso de Lanardo Tyler, quien estuvo a punto de noquearlo en el tercer round. El Canelo no estaba concentrado, su mente estaba en otra parte. Recuerdo que me acerqué a la esquina y le grité: “Saúl, ¿qué te pasa? Ya comenzó la pelea”. Me vio y me dijo: “ahorita va a ver”. Quien me respondió fue Eddy y dijo: “Quítame a este güerito que solo me está estorbando”, se refería a su padre.
Después de esa pelea, don Rafa anunció que no seguiría representándolo: “No entiende, y no quiere entender que el boxeo requiere de mucha disciplina”. Posteriormente el propio Saúl trató de convencerlo de su regreso y hasta le prometió que Oscar de la Hoya jamás sería su representante. No cumplió, una semana después estaba ofreciendo una rueda de prensa con De la Hoya.
La historia con Oscar ha sido una historia de mentiras, con rivales en el ocaso de su carrera, otros de inferior calidad y terminó como estaba previsto que iba a terminar. El próximo 31 se enfrentará al francés Christian Mbilli, de quijada frágil y nula pegada. Es decir, un pichón al que no tendrá problemas para noquear.




