John Searle

Josefina Reyes Quintanar
A mediados de septiembre pasado falleció uno de los más influyentes filósofos y lingüistas del siglo XX, John Searle, un pensador muy importante para sus tiempos. Con su teoría de los actos de habla, su crítica a la inteligencia artificial con su ejemplo de la “habitación china”, y sus aportaciones en las ciencias cognitivas demostrando que la manipulación de símbolos no es lo mismo que la conciencia ayudó en gran medida a entender el funcionamiento de la mente.
Searle, de origen norteamericano, inició sus estudios de filosofía, política y economía en la Universidad de Wisconsin y gracias a una beca Rhodes continuó en Oxford, junto a grandes pensadores como John Austin e Isaiah Berlin y teniendo de tutor a Peter Strawson. Su primera obra fue Actos de habla, que es la continuación de la obra de Austin Cómo hacer cosas con palabras; donde desarrolla su teoría en la cual sostiene que al hablar realizamos una acción, y estos actos describen la intención del hablante y el efeto que tiene en el oyente. Es una de las primeras teorías de pragmática en filosofía del lenguaje. Searle inicia dicha obra con varias interrogantes: “¿Cómo se relacionan las palabras con el mundo?… ¿Cómo representan las palabras a las cosas? ¿Cuál es la diferencia entre una sarta significativa de palabras y otra no significativa? ¿Qué es para algo ser verdadero?, ¿o ser falso?”
Hablando de filosofía, Searle es uno de los referentes de la filosofía contemporánea, específicamente en filosofía del lenguaje y filosofía de la mente, claves en el desarrollo de la inteligencia artificial; Searle era muy escéptico en ello, dudando que pudiese ser realmente “inteligente”, es decir, que esos aparatos llenos de manojos de cables pudiesen alguna vez tener una mente. Y en la actualidad, donde los sistemas IA están cada vez más presentes, la voz de Searle sigue vigente: la tecnología puede imitar, pero no necesariamente comprender.
Por lo anterior, propuso en 1980 uno de los experimentos mentales más famosos en la historia de la filosofía: la habitación china. Imaginemos que encerramos dentro de una habitación a una persona que no habla nada de chino. Esta persona cuenta con un manual detallado con reglas (en su idioma) sobre cómo manipular símbolos chinos (caracteres), para responder preguntas hechas en chino. Y alguien fuera de la habitación envía preguntas en chino (este de afuera es un hablante nativo de chino), la persona que esta dentro, siguiendo las reglas del manual, produce respuestas en chino que son correctas y parecen naturales. Desde fuera, pareciera que la persona que está dentro entiende chino ya que sus repuestas son coherentes. En realidad, la persona que esta dentro no comprende chino en absoluto sólo sigue instrucciones para manipular símbolos. No hay comprensión, no hay semántica, sólo una sintaxis impecable. Tenemos aquí un ejemplo de cómo funciona el ChatGPT, un sistema que puede simular la inteligencia de manera indistinguible de la real, pero carece de lo esencial: la “conciencia”, la “intencionalidad”, el genuino entendimiento de lo que está haciendo.
La muerte de John Searle invita a la reflexión frente a nuestras creaciones artificiales, siendo un defensor de la conciencia como fenómeno biológico que emerge de la complejidad del cerebro y afirmaba que no podía ser replicado simplemente con silicio y código. Lamentablemente, el legado de Searle se vio opacado en sus últimos años debido a acusaciones de acoso sexual y en 2019 la UC Berkeley lo encontró culpable, por lo que fue privado de su membresía universitaria y su estatus de profesor emérito. Aún así continuó trabajando en su macro teoría unificada de la mente, el lenguaje y la realidad, todos ellos conectados a través de su concepto de intencionalidad.




