Hurgar con catalejos
Amado Aurelio Pérez

La poesía ha sido, a lo largo de la historia, un vehículo poderoso para expresar sentimientos, reivindicaciones y luchas sociales. En el contexto mexicano, esta manifestación no solo ha reflejado la realidad del país, también ha influido de manera significativa en su desarrollo político y social.
Los grandes autores te abren los ojos y esta es la función de la literatura, es la premisa para poder ser realmente útil. Canalizar el descontento popular a través de la poesía es una constante en la cultura nacional, desde uno de los más grandes poetas mexicanos, Ramón López Velarde; refleja la lucha por la identidad nacional y la búsqueda de justicia social. Su poema “La sangre devota” se convierte en un grito de protesta ante la violencia y la opresión.
La vida de un poeta está en sus poemas, advierte Guillermo Sheridan en la imprescindible crónica literaria de aquella breve y luminosa existencia (Un corazón adicto: La vida de Ramón López Velarde, FCE, 1989).
La sangre devota. resuena en el México postrevolucionario, unificado a la sazón bajo los signos de Amado Nervo y de Enrique González Martínez, en una especie de simbolismo ceremonial y sentencioso, de noble origen francés.
López Velarde, a través de sus versos, retrata la lucha entre lo tradicional y lo moderno, entre la religión y la secularización, entre el amor y la muerte, otro de los temas constantes en poesía mexicana.
Adriana Cupul Itzá (Bacalar, 1979 – Mérida, 2005) escribió los libros Poseída por la luna (1994), Máscara indígena (1997) y Tsunamis inconclusos (2002). Su obra forma parte de las antologías En la puerta del cielo (1995), El universo en una gota de rocío (1995), Álbum de familia (1996), Haikús (1997), Del silencio hacia la luz: Mapa Poético de México.
Ixchel: la bordadora de lunas
Ixchel la bordadora
la del cántaro de tempestad
la que cuida los partos
en Cuzamil da luna en agua
Todo a su tiempo también es luna
Toda luna llega a ser final y dominio
En el fondo del pozo
encontraré el nombre de las cosas
la garganta del sol
la cara del cielo en la razón de las aves
y la escritura de los antiguos en las garzas
Cuando sea medio Katún
a medio camino del final
y al final del camino
las escalinatas
Ahí las piedras
Ahí el hombre intercambiando la vida
Ahí el azadón del palo y la abertura de la noche
para que germinen semilla y palabra
Todo se ha consumido
queda en el agua el ojo del venado
el faisán y el tunkul
el junco y los pericos
la ciudad perdida en Chaac
y el silencio que llueve adentro de los templos
como un anuncio de los Bacabes
en todos los sitios de la selva
Ahí mi selva
Ahí mi madre y las raíces
que se abrazan a la tierra
ahí mi madre y el inicio de la vida
Escribí en el carrizo la historia
que es mi historia
la de los animales y la gente
Nace de la tierra la ceiba
Nací en la ceiba porque la tierra fue más pura que el agua
y la noche padeció para siempre lejos de mis oídos
porque los sordos rompen el silencio para escuchar
el canto de los saraguatos
Nace de la tierra la ceiba
son tres tajadas ya en el vientre para nacer del cielo
Los señores del inframundo
acompañan esta vida
la tuya
y quizá podremos hablar de que no estamos vivos
poner pretextos al desafío de un ocote
por no entrar en el camino
que nos ordenaron seguir para enmendar lo que no somos
En la casa del sol se sumerge el jabalí
busca otra máscara
la suya el viento se la tomó prestada para defenderse de la niebla-luz
Si las mariposas esta noche hablaran en los templos
frases y alas sería Tikal en las nubes
Uaxactún bajo los verdes
Desnuda bajó la luna
los animales rezan
la lluvia reza
los gusanos rezan
las diosas con sus espíritus nos arrojan pecados
mientras el hombre
se hace del maíz molido
Un pájaro cae
plumas esta noche adornan
la sagrada lluvia
la sangrada lluvia
Descansan bajo los cielos
los señores de Xibalbá
y Hunahpú juega a la pelota
el sol es el dueño del juego
el juego arde
el juego aquí perfora las nubes
juego de espejos
el espejo ardiente
sangre para el alimento del horizonte
Ya el agua
ya la tierra
ya mi brazo se cuelga de la ceiba
es la abuela que en las tardes
limpia el cielo con sus vestidos
y comienza a arrodillarse
o de pie bajo la luna reza
para que la noche llegue
Itzamná en el año negro
teje espuma de nubes
Kukulcán baja a las estrellas
a buscar su pelota perdida
Por la luna dorada
llega la primavera
Toloc lagartija-arcoíris
por qué dices sí todo el tiempo
Como una palabra
caía la palabra del poema
¿De dónde fue tanta dulzura de dónde?
En Copán las piedras golpean su historia
una tras otra reclaman los cielos
y las mariposas prendidas en sus vientres
sobre el viento resucitadas reclaman
al pájaro y al corazón de la ceiba
En Tikal estoy esperando que la tierra hunda su ombligo
al fondo de un pozo
y un pájaro menor a la guacamaya toque
el tunkul como regañando a una jícara
Cuando pique los granos del maíz
tocará notas de oro
ahí viene la libertad bajo el monte
Sinick Sinick
la noche teje escualos
Sinick Sinick
y con sus dientes raya a las estrellas
mientras ellas caen
alumbrando mi camino
Konhulich
Mazorca de gritos
Semilla de Calabaza
Inicio del Todo
Todo en los Cuatro Puntos
reclama vida
Si preguntan dónde acabaron las palabras
yo les diré:
En las nubes
que se marchan al corazón por siempre de esta piedra
El Halach Uinic
da poder al viento
y el viento escribe su tronco
en las hojas de la ceiba
Ahí los relámpagos y el tiempo vaticinan
Aquí las palabras
y el pochote que guardo para hacerle una almohada a la luna
En el Petén las codornices expían su culpa
la piedra caliza lo comparte
las flores lo desean
los tepezcuintles se quitan las espinas
para clavársela a los mortales
bejucos se alargan para tocar sus voces
el monte escribe cacería
y todos comulgan en la boca del sol y el jade
La palabra culpa a su canto perdido
en el lugar de las tórtolas
mientras los ancianos repiten:
Halach Uinick
Bataoob
Bataoob
Bataoob
Juncos y jícaros recogen el nombre de las cosas
y yo las pongo en las manos de las flechas
para danzar con los venados mientras mueren
mientras este libro
da origen a la letra
–tan carne nuestra–
–tan carne nuestra–
–tan carne nuestra–
Al final con maíz amasan los dioses el Principio
donde el pavorreal nace del poema
que en Dzitbalché se canta y danza




