Por Gabriel Espinoza Íñiguez
Ya en días anteriores habíamos hablado del Encuentro Mundial contra las Presas en 2010,
el episodio del Señor de la Humildad, las poesías de Alfredo R. Placencia y la situación de los precios del maíz y otros temas del agua, el territorio y la vida sustentable.
Es así que llegamos a la fecha tan esperada de celebrar en Brasil el IV Encuentro Mundial contra las Presas y la Crisis Climática, del 7 al 12 de noviembre de 2025. Ahí estaremos cerca de 500 personas de los cinco continentes y de más de 50 países del mundo. La idea es fortalecer los vínculos para lograr un mundo más justo, donde haya respeto a los derechos humanos y cuidado de la creación universal.
La delegación mexicana tendrá la grave responsabilidad de presentar las problemáticas en el país y las posibles vías de solución.
Temacapulín estará presente con sus propios representantes y buscará dar testimonio de la experiencia vivida por casi dos décadas: de 2005 al 2025.
Durante este periodo, el 10 de noviembre de 2010, en el centenario de la Revolución Mexicana, se hizo hincapié en la importancia de impulsar una revolución en el marco de la lucha contra la presa El Zapotillo, que evitara la inundación de los pueblos y la privatización del agua; evitar el acaparamiento del vital líquido, la contaminación, el desperdicio provocado por las fugas en las redes de suministro, el trasvase de agua de una cuenca a otra por las afectaciones ambientales y el costosísimo sistema de los megaproyectos que ofrecen soluciones a largo plazo, pero que en realidad son muy limitadas y con graves perjuicios.
Es así que el 10 de noviembre de 2013, desde la Asociación Civil Salvemos Temaca, hicimos la propuesta de la campaña permanente “Volvamos a la Raíz”, que genera un análisis del desequilibrio entre la vida del campo y la vida de la ciudad, provocando problemas de seguridad, salud, educación, alimentación y gestión del agua.
Uno de los puntos clave de la campaña es dar reversa a la migración y, en lugar de trasladarse a la ciudad para buscar mejores oportunidades, motivar a regresar al campo, a la tierra de origen, y reactivar la economía, la cultura y las tradiciones; los valores de la autonomía y la soberanía alimentaria basada, sobre todo, en la producción del sistema milpa y la crianza de animales de traspatio.
Una idea muy bonita, pero imposible. La mayor parte de la población ve en la ciudad “la tierra prometida”, y aunque en el romanticismo utópico muchos presumen con regresar a sus raíces cuando se pensionen o jubilen, en la realidad no lo hacen por estar amarrados a los sistemas norteamericanos, a las dinámicas familiares, a la rutina citadina y a otros laberintos imborrables.
Sin embargo, se vale soñar, y no vamos a renunciar a la idea de que a veces lo que parece imposible se logra: los pueblos de Acasico, Palmarejo y Temacapulín no se inundaron.
En estos días estamos cosechando maíz de colores y chile de árbol; nos bañamos en las aguas termales, y en la visita de algunos estudiantes de la Universidad Autónoma de Guadalajara, los jóvenes y el maestro Juan Manuel Ruvalcaba Barrios disfrutaron de un bello recorrido que ilustró la materia de maquinaria agropecuaria y un buen baño en las aguas del río Verde y en el balneario de Palmarejo. Algo similar disfrutaron los visitantes de Lagos de Moreno motivados por el padre José Arturo López Cornejo y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Y no se me olvida que también, hace varias semanas, nuestra querida amiga Esperanza Romero se integró a esta dinámica de lo imposible que se hace posible, en compañía de familiares y amigos.
Y para que más se animen, les recomiendo la lectura del libro “Temacapulín, una historia desde dentro”. Lo pueden solicitar con un servidor al WhatsApp 3335029786.
Y no se olviden que se están cumpliendo 175 años del hallazgo del Señor de la Peñita.
Anótense para venir a Temaca el 22 de noviembre. Habrá comida de agradecimiento para amigos y bienhechores que intervinieron en las obras del Plan de Justicia 2021–2024.




