Grandezas de la Nueva Galicia

Grandezas de Nueva Galicia / XXII

Gabriel Michel Padilla

 

Información sobre Aguacatlán. Multitud de frutas, uvas y cítricos

Está fundado aquel pueblo en un valle muy gracioso y fértil llamado de Aguacatlán, donde se dan naranjas, limas, limones y sidras en mucha abundancia se dan muchos y muy buenos melones y lo sabía entonces maravillosos, se dan plátanos uvas negras y blancas, granadas, higos, membrillos y otras frutas de Castilla y se dan piñas de la tierra, jengibre, cardos, habas, garbanzos, ajos y cebollas y otras muchas hortalizas y legumbres, porque es tierra templada, más caliente que fría. Por aquel valle y por medio de aquel pueblo muy cerca de nuestro convento, pasa un bonito río en el cual se crean muchas y muy buenas truchas, las cuales no suben ni llegan al pueblo porque legua y media de allí da el río un salto de una peña muy alta que lo estorba, sin este hay otros algunos en aquella guardianía, que también llevan truchas y son de la misma manera que las de España y tan buenas como ellas; para pasar aquel río de una parte a otra dentro de Aguacatlán, tienen hecha los indios una puente de madera. Es aquel pueblo de mediana vecindad de gente muy devota de nuestro estado; acudieron luego aquel día y el siguiente, así ellos como los comarcanos a ver al padre Comisario, y le ofrecieron melones, plátanos, tomates, gallinas, pan de Castilla y truchas y vino y otras cosas de comer, y los coanos asimismo, le ofrecieron melones traídos de su tierra y un venado asado; también acudió allí el cacique de la provincia de Huaynamota llamado don Miguel, a traer la propuesta de lo que había de tratar con los demás caciques de aquella provincia cerca de los frailes que pedían en lugar de los que habían muerto y la respuesta que dio fue que no le había respondido nada, y que por eso entendía que no querían acudir lo que el padre Comisario pedía, y que así él con sus indios se querían quedar a morar en Xala y pidió a los principales los diesen dónde, los cuales los acomodaron bien, y ellos quedaron al parecer consolados, aunque más quisieran llevar frailes a su tierra. Los indios de Aguacatlán tienen la misma lengua que los de Xala y llámase Xuchipilteca porque debe de ser la misma que tienen los de Xuchipila pero no obstante esto, los más de ellos entienden y hablan la mexicana y en ella se confiesan y se les predica y aún entre ellos moran algunos mexicanos de los que fueron con los españoles cuando la conquista; en las visitas de aquel convento hay otras tres lenguas diferentes una de otra, y los unos y los otros caen en la jurisdicción de Guadalajara. El convento es de adobes y cubierto de paja con su claustro, dormitorios e iglesia y aún no estaba acabado, tienen una buena huerta de mucha arboleda y la hortaliza se riega con agua de pie que se saca del río sobredicho y su advocación es de San Juan Evangelista; moraban allí dos religiosos, los visitó el padre Comisario y se detuvo con ellos hasta el martes en la tarde. Allí tuvo la fiesta de la purificación la cual se celebró con mucha solemnidad, bendijo las candelas, dijo misa y predicó a los españoles; los indios de Aguacatlán mostraron al padre comisario una provisión real, que habían sacado de la Audiencia de Guadalajara contra un español y con todo su seso, le pedían que echase en ella su firma para que el español lo creyese.