Alfonso Enrique Islas Rodríguez

 

19 de septiembre de 2022.- En los Estados Unidos y por lo tanto en nuestro país, y en muchos países del mundo occidental, en la década de 1960, una visita al médico por lo general implicaba conseguir una inyección de penicilina. Desde un padrastro en la uña hasta dolores de cabeza merecían la inyección de un antibiótico “por si acaso “.

 

Al mismo tiempo, la mayoría de las vacas y los cerdos de incluso pequeñas granjas recibieron y siguen recibiendo antibióticos regularmente sean necesarios o no. Con tales prescripciones médicas y sin preocupaciones, no podemos sorprendernos ahora de que nos enfrentamos a grandes problemas con la resistencia a los antibióticos desarrollada por las bacterias que causan enfermedades.

 

En la actualidad se llevan a cabo esfuerzos combinados de investigadores y académicos, científicos farmacéuticos y funcionarios de gobierno, así como el público, para luchar contra el creciente peligro de las enfermedades bacterianas intratables, debido a la resistencia arriba mencionada, como ejemplo perla está el caso de Estafilococo dorado meticilina resistente, que se filtra hasta en los más limpios quirófanos infectando a pacientes inocentes.

 

En un dossier de la revista Nature fechado el 1 de Mayo de 2014, se publica que se están desarrollando enfoques prometedores para atacar la resistencia a los antibióticos por parte de las bacterias que producen enfermedades infecciosas perniciosas, sin embargo, por ejemplo, la industria y el gobierno están formando alianzas para desarrollar nuevos antibióticos, y los investigadores están buscando una mejor comprensión de los mecanismos que conducen a la resistencia bacteriana, como Ada Yonath, celebre científica Premio Nobel 2009, quien nos visitó durante la FIL de 2013, que trabaja estudiando ribosomas bacterianos, para ayudar a que las empresas farmacéuticas diseñen nuevos antibióticos, que igual más temprano que tarde serán descifrados por los microbios.

Algunos otros científicos al darse cuenta de que el enfoque de uso de los antibióticos tal como se ha aplicado ya durante casi un siglo, no es el más adecuado, utilizan a enemigos naturales de las bacterias patógenas como los fagos o virus de las bacterias como terapia, lo que puede significar aplicar tratamientos más racionales.

 

Otros científicos están explorando fuentes totalmente nuevas de antibióticos, desde la construcción de estructuras de tamaño nanométrico, hasta la búsqueda en los océanos de organismos productores de antibióticos naturales útiles, como Robert Hancock, microbiólogo de la Universidad de British Columbia en Vancouver, Canadá, que ha estudiado a los péptidos naturales antimicrobianos y que me hacen optimista frente a la visión farmacéutica de la Nobel Ada Yonath, a quien tuve la oportunidad de preguntarle su opinión de los nuevos enfoques como el de Hancock, contestándome contundentemente que “ella no sabía nada de ello y que no quería saber nada acerca de los nuevos enfoques de desarrollo de antibióticos naturales” (sic).

Además, para complacer a esa industria, los productos naturales recogidos a través de este tipo de búsquedas se pueden sintetizar químicamente para atacar a un objetivo infeccioso específico.

 

Sin embargo, mi experiencia personal, habiendo desarrollado un patente para el aislamiento de péptidos naturales antimicrobianos es poco promisoria, ya que los laboratorios farmacéuticos,

por una inercia inexplicable, -como la respuesta de Ada Yonath, se resisten a aplicar este nuevo paradigma más natural y eficiente ya que implica aprovechar la experiencia evolutiva de animales y plantas que se han defendido por millones de años de las infecciones, por medio de estas moléculas.

 

Un ejemplo genial de esta noción nos la brinda un experimento de medición de una de estos antibióticos naturales, secretado por nuestra propia piel como defensa innata constitutiva contra Escherichia coli una bacteria que se encuentra en el suelo. Resulta que el antibiótico natural referido es la “psoriasina” que se secreta in vivo en la superficie del cuerpo.

 

Se midió su concentración en el cuerpo de voluntarios sanos por ELISA, por duplicado. Los datos representan la concentración mediana de psoriasina en nanogramos/cm2 en todas las personas para cada región corporal. En la imagen se puede apreciar que la cabeza y los pies son dos de los sitios donde la psoriasina se secreta más, con el objeto de protegernos contra la bacteria patógena potencia E. coli.

 

Por último, abordar el desafío creciente de la atención sanitaria requerirá más que nuevos fármacos convencionales, el diagnóstico avanzado será crucial, también lo será la evaluación de las fuentes ambientales de las infecciones potenciales para reducir los residuos de antibióticos en ríos y lagos.

 

Los gobiernos, y las organizaciones sociales de todo el mundo están trabajando para reducir el uso excesivo de antibióticos en la agricultura y la medicina. Todo esto significa que las futuras generaciones deberán tejer una experiencia muy diferente con los antibióticos.

 

Referencias

NATURE | OUTLOOK Antibióticos Mike May. Nature 509, S1 (01 May 2014) doi:10.1038/509S1a

 

NATURE IMMUNOLOGY. Antimicrobial psoriasin (S100A7) protects human skin from Escherichia coli infection. Regine Gla¨ser, Ju¨rgen Harder, Hans Lange, Joachim Bartels, Enno Christophers, & Jens-Michael Schro¨der. 6 (1): 57. January 2005

 

(Foto principal: Tecnológico de Monterrey)

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