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Aborto, ¿pecado o derecho?

Aborto, ¿pecado o derecho?

Gustavo Monterrubio Alfaro

 

En mi modesta opinión, el tema del aborto es de fácil solución si los segmentos sociales pro y antiaborto entendieran que la libertad de los primeros termina donde comienza la de los segundos, y viceversa, en suma, si existe respeto y civilidad entre ambos, este es justamente el quid del asunto.

El problema surge porque la religión y las ideologías, en sí mismas no son radicales ni perversas, o sea, no son morales o inmorales; son las personas las que las interpretan de acuerdo a su marco axiológico y las convierten en tales, porque asumen que éstas son axiomas, verdades inmutables y universales en las que todos deben creer y se creen con derecho para imponerlas como sea, al precio que sea, a los otros, los infieles, los inmorales, los criminales, los mochos, persignados, etc.

Ambos bandos tienen razón, porque las verdades no son absolutas ni irreductibles, entendido así el tópico, basta con que sea consensuado que quien quiera abortar porque es dueña de su cuerpo y, por ende, lo considera un derecho inalienable e inmanente, se le respete su decisión y que aborte y punto; de la misma manera, quien lo considere pecado, un crimen y un acto inmoral y contra natura, si no desea abortar que no aborte y punto, es su derecho, tan respetable como el de la abortista.

Lo que nadie debe negarle al prójimo, si verdaderamente ama y respeta la vida, es que quien decida abortar lo haga en condiciones sanitarias, de higiene, seguridad, respeto por la vida y accesibilidad, es pues necesario legislar al respecto para que las que quieran abortar lo hagan en condiciones profilácticas y de seguridad jurídica, que no ponga en riesgo su salud, su libertad y su vida.

La Organización Mundial Salud estima que el 13 por ciento de las muertes maternas a nivel global son derivadas de la práctica insegura del aborto, y se calcula que en el mundo se practican cerca de 19 millones de abortos inseguros o peligrosos y el 97 por ciento de ellos se practican en países en vías de desarrollo.

Según Amnistía Internacional, la tasa de abortos es de 37 por mil personas en países que prohíben el aborto totalmente o lo permiten sólo en caso de riesgo para la vida de la mujer y de 34 por 1.000 personas en los que lo permiten en general; la diferencia entre las tasas no es significativa, lo que significa que el problema para la mujer es el mismo en ambas situaciones, y que los abortos se practican con y sin la protección jurídica en países católicos, protestantes, musulmanes, judíos, etc.

Pero hay otro problema que las y los anti aborto desconocen o deliberadamente ignoran, se han preguntado acaso: ¿qué hacen por las niñas y los niños no deseados, producto de violaciones, relaciones no consensuadas, incestuosas, estupro o cuyos padres son ministros de culto y religiosas, etc., y que son maltratados, rechazados y abandonados, incluso asesinados, y no pocos de éstos terminan durmiendo en alcantarillas, bajo puentes, en casas abandonadas y lotes baldíos y a la intemperie, en un entorno salvaje y hostil, con una expectativa de vida ponderada a la letalidad de las drogas baratas que consumen?

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