Acerca de no conocer el griego / II

Acerca de no conocer el griego / II

Josefina Reyes Quintanar

Segunda parte:

Existe un libro de ensayos de Virginia Woolf publicado en 1925, El lector común. Y uno de ellos lo titula Acerca de no conocer el griego. En esta obra vertió algunas de sus reflexiones sobre el estudio de esta lengua antigua. Y para ella es impensable el abrigar la esperanza de captar el alcance completo de una frase en griego, así como logramos comprender en nuestro propio idioma. No es sólo la lectura, sino que nos es imposible escuchar el griego, como resonaba verso a verso. Para Woolf, el griego es la lengua que nos tiene más esclavizados, viviendo con el deseo de dominarla.

Virginia es consciente de que nunca podremos apropiarnos de la intensidad de siquiera una palabra del griego antiguo, pero ello no impide que lo sigamos estudiando, así como lo han hecho desde hace milenios y que ahora es todavía más lejana a nosotros. Para Woolf, en los textos griegos ya no leemos al mundo griego, sino que nos leemos a nosotros mismos. Así inicia su ensayo: “Pues es vano y necio hablar de conocer el griego, ya que en nuestra ignorancia …no sabemos cómo sonaban las palabras, o dónde exactamente deberíamos reír, o cómo actuaban los actores, y entre este pueblo extranjero y nosotros existe no sólo una diferencia de raza y lengua, sino una tremenda brecha en la tradición. Cuánto más extraño, entonces, es que deseemos saber griego, que intentemos conocer el griego, que nos sintamos siempre atraídos hacia el griego y nos estemos formando siempre alguna idea sobre el significado del griego…”

Analiza y hace comentarios respecto a las tragedias de Sófocles, Esquilo y Eurípides, de los fragmentos de Safo, de los pasajes filosóficos de Sócrates, Platón y compañía, o de una frase de Agamenón. Para ella siempre es una lectura incorrecta, donde se pierde la agudeza visual en una bruma de asociaciones, interpretaciones erróneas de su poesía donde mezclamos lo suyo con lo nuestro. Virginia Woolf es muy tajante: “Es inútil leer griego en traducciones. Los traductores no pueden ofrecer sino un vago equivalente; su idioma está forzosamente lleno de ecos y asociaciones” “No podemos captar infaliblemente una por una todas estas diminutas señales que hacen que una expresión sugiera, cambie o viva”. El punto donde Wilson podría coincidir con la inquietud de Woolf es que en su traducción eliminó los siglos de acumulación verbal e ideológica optando por la forma más natural del griego antiguo, eliminando la formalidad majestuosa logrando una lectura más fresca y limpia.

Quienes se hayan adentrado en la literatura de los clásicos griegos entenderán la obsesión por su comprensión. Bien lo resalta Virginia Woolf al decirnos que es la literatura de las obras maestras; el encanto radica en que no tuvo escuelas, no hay predecesores en sus creaciones. Si compartimos la idea central de la imposibilidad de comprender el griego antiguo, al menos buena tarea sería el adentrarnos en diversas traducciones de La Odisea y realizar esas comparaciones de las que tanto se criticó al conocer el trabajo de Emily Wilson, o aventurarnos a hacer nuestro pininos con una versión bilingüe.

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