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La noticia que todos queríamos leer o escuchar, sobre todo después de que Hacienda denunciara presunto lavado de dinero de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), manipulada por Gerardo Sosa (La Sosa Nostra), era la del destino que puede tener el cacicazgo de Raúl Padilla López en la Universidad de Guadalajara (UdeG).

Sin embargo, prácticamente ningún medio tapatío dio cuenta de tal información. Salvo Mural, no hubo otro periódico, ni televisión ni radio que se atreviera a hacer eco de la alusión que hizo Andrés Manuel López Obrador a la UdeG-Padilla López, so pena de sufrir algún tipo de represalia.

López Obrador no dio nombres, pero ofreció ciertas señas inequívocas de a quién y a quiénes se refería. Sus alusiones no tienen pierde.

En su habitual conferencia de prensa matutina, AMLO dijo el martes 12 que las universidades públicas deben transparentar el destino de los recursos que les entrega el gobierno, para evitar la corrupción y que los respectivos caciques los operen a su antojo.

Si bien en algunos casos las universidades estatales reciben la mayor parte de su subsidio de parte del gobierno federal, en Jalisco la administración estatal aporta más de la mitad.

Expresó el presidente que como ocurre con el gobierno, los sindicatos, las organizaciones civiles y empresariales, “en las universidades se tiene que cuidar que no haya corrupción y prevalezca la transparencia”.

Aclaró que eso no implicará meterse en asuntos que tienen que ver con la autonomía de sindicatos o de las instituciones educativas. Lo que se requiere es que las autoridades universitarias “no signifiquen cotos de poder; no pueden ser islas dominadas por caciques, trátese de un sindicato, de una universidad o de cualquier organización gubernamental, aunque sea autónoma”, señaló el mandatario.

Andrés Manuel puntualizó: “Hay universidades con influencia  política vinculadas a partidos y las comisiones de educación en el Congreso manejadas por exrectores o integrantes de grupos que manejan universidades y que tienen mucha capacidad de gestión y obtienen muchos fondos. Pero la queja es que ese dinero no se aplica bien”.

No fue casual que el mandatario se refiriera al actual presidente de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, el exrector de la Universidad de Guadalajara, Tonatiuh Bravo Padilla, de Movimiento Ciudadano, quien es y ha sido en otras ocasiones el alfil del todopoderoso Raúl Padilla, tanto en el Congreso local como en el federal, precisamente para gestionar más y más recursos para, supuestamente, la máxima casa de estudios de Jalisco.

Las universidades “pueden tener más presupuesto, pero se queda arriba. Hay también un sistema piramidal, no hay igualdad, no hay equidad, los de arriba se dan la gran vida y abajo el maestro de asignatura gana muy poco”, agregó el presidente.

La alusión más directa a lo que pasa desde hace 30 años en la UdeG no es mera coincidencia. En columna anterior escribimos, con respecto a lo que sucedía en la UAEH con el cacique Gerardo Sosa al frente, que cuando vieran las barbas de su vecino cortar, que pusieran las propias –las de Raúl y de todo su grupo– a remojar.

En Guadalajara es de todos conocido que el Grupo UdeG reparte a su contento el presupuesto anual que le asignan tanto la federación como el estado a la institución, y que quien finalmente da la última palabra de cuánto va y a qué partida es precisamente el tótem, el cacique, el que parte y recomparte y se queda con la mejor parte: al menos 500 millones para los caprichos y proyectos de las 15 empresas parauniversitarias que él opera ad líbitum, sin rendir cuentas.

El subsidio total de la UdeG suma este año cerca de 14 mil millones de pesos (13 mil 742 millones de pesos. Hay que añadir los más de 3 mil millones que van al Hospital Civil (su página está fuera de servicio), también operado por Padilla López y secuaces.

¡Imagínese usted el poder que da manejar, sin muchas limitantes, esa suma que lo mismo da para vivir muy bien a quienes lo operan que para maniatar, mediante publicidad y canonjías diversas, a medios de comunicación y a uno que otro periodista para que al menos guarden silencio!

Ahí está el quid del por qué muchísima gente, incluidos los universitarios, frecuentemente quedan ayunos de lo que realmente pasa en la casa de estudios que a todos nosotros nos cuesta, para que unos cuantos se den vida de jeques.

Si las cosas marchan como se supone las está pensando el presidente, tarde o temprano llegará a la UdeG el combate a la corrupción.

El caso de las universidades públicas del país operadas por caciques, como son los casos de Sosa desde hace 40 años en Hidalgo, y de Padilla López en la Universidad de Guadalajara desde hace 30, será prueba de fuego para el gobierno federal que busca terminar con la corrupción y la impunidad

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