Ambigüedad diplomática

Ambigüedad diplomática

Juan M. Negrete

En la colaboración de la semana pasada (Claudia, impoluta. 5/IX/25) faltó agregar una observación, de la que ahora nos ocuparemos. Por esta razón se quedan en el tintero semanal dos asuntos, muy actuales y de peso. Uno, el tema del huachicol fiscal, de honda trascendencia. El otro, la desatada violencia en la UdeG, que también posee demasiado fondo.

El sentido del artículo anterior quería mostrar la atinada actitud con que la presidenta Claudia cruzó el pantano de su primer informe de gobierno. Se notaban muy empecinados los legisladores de oposición en pronosticarle malos resultados y aplaudir una reprobación calificadora. Eso no pasó. Claudia aprobó con creces su cartilla informativa anual.

Pegadita al informe, vino la visita de Marco Rubio, secretario de estado gringo, aunque sea cubano. Desahogó una sesión oficial sobre asuntos de seguridad, que imbrica a los dos países. De nuevo nuestra oposición auguraba que en algún punto de la agenda iba a perder piso. La mala nota sería tremolada como resultado del encuentro: el fracaso. Ya vimos el resultado. Doña Claudia y su equipo aprobaron el examen. Ya se abordaron estos aspectos. Vengamos pues al faltante.

En la carpeta relativa al intercambio diplomático destaca la que da razón de nuestros personajes metidos en operaciones clandestinas de narcotráfico. Unos ya detenidos, otros ya enviados al país vecino. Sus nombres nos son más que conocidos, al grado que hasta los mencionamos por sus meros apodos: el Mayo, el Chapo y otros más. El secretario gringo no descalificó esta tarea, sino que más bien la elogió.

Al referirse a la prisión gringa tanto del Chapo, como del Mayo, nuestra presidenta adjuntó el nombre de García Luna en el listado. Lo refirió como una personalidad política de mucho peso, equiparándolo con los capos infractores. Pero hay que buscarle a este punto alguna cicua de las invisibles. De repente brotan gargantas pesados, pero de inmediato se busca echarles tierra. El caso de García Luna ya es un expediente más que negro. Podríamos colgarles aspectos maquiavélicos y perversos a muchos de sus actos, como el del montaje Cassez-Vallarta. La historia de su negro expediente nos llevaría al atraco y el subsecuente lavado de dinero de las estratosféricas cantidades que se han mentado.

Los millones de dólares derivados de estos fraudes y atropellos han sido incrustados en la fortuna tanto del exsecretario mexicano de seguridad estatal como en la de su esposa. Pero se trata de fortunas legales, operadas en casas financieras gringas. Habría que resaltar entonces que, si algunas instituciones financieras gringas y hasta de aquel gobierno, le dieron trato hasta preferencial, deberíamos poner en capilla la pulcritud y decencia de tales instancias, fiduciarias o gubernamentales.

Yendo más al fondo, hallamos peores cuadros. García Luna fue detenido en Gringolandia el día 9 de diciembre de 2019, concretamente en Dallas, Texas, acusado de aceptar del cártel de Sinaloa millones en sobornos. Su detención significa un hoyo oscuro para el buen nombre del gobierno mexicano. Pero los señores del gobierno gringo, a pesar de tener ya este as bajo la manga, fueron por otro, tanto o más pesado: la del general Salvador Cienfuegos, secretario de la defensa nacional con Peña Nieto.

El general fue detenido el jueves 16 de octubre del 2020 en el aeropuerto de Los Ángeles, a petición de la DEA, acusado de 4 cargos de narcotráfico. No se trató de una operación conjunta México-USA o de una investigación común, que involucrara a agentes de uno y otro lado de la frontera. Un mes después de su detención, el 21 de noviembre, fue liberado y regresado a México. ¿Les era ya suficiente a las autoridades gringas la figura estatal de Genaro García Luna y para qué fines?

De la detención de Ismael Zambada García, alias el Mayo, hay que marcar varios elementos coincidentes con el caso del general Cienfuegos. Fue detenido el 25 de julio de 2024. Al menos cuatro camionetas lo esperaban ya en cuanto descendiera de una avioneta blanca en el aeropuerto de Santa Teresa, un pueblo de 6 000 habitantes, en la frontera entre Estados Unidos y México. De la aeronave bajaron Joaquín Guzmán López, hijo de El Chapo Guzmán, e Ismael el Mayo Zambada.

La captura, a cargo de agentes del FBI y la DEA, fue limpia: no se disparó ni una sola bala. De inmediato, se multiplicaron las teorías para explicar la extraña sucesión de hechos, aumentaron las tensiones entre ambos gobiernos. No hubo confirmación inmediata por parte de los gobiernos de México ni de Estados Unidos. La incertidumbre para el gran público sobre la autoría de estos hechos y la ambigüedad diplomática sobre el caso entre ambos países dura hasta el día de hoy.

¿Y? ¿Así van a seguir este caso, los anteriores y los que vengan? Lo que sería peor es que siguiéramos testimoniando estas violaciones a la soberanía territorial y a la integridad de nuestros ciudadanos, así se trate de delincuentes. ¿La ley internacional seguirá cruzando por el vacío de los arcos de triunfo de los caprichos de nuestros vecinos? ¿Y nosotros seguiremos aplaudiendo estas violaciones a nuestra soberanía?

Como se ve, la tarjeta informativa de doña Claudia nos dio notas aprobatorias, pero no abordó todas las asignaturas. Porque si le seguimos dando vueltas a estos asuntos, surge una sospecha poderosa en torno al silencio de los gobiernos sobre sus actos complejos. Nos dijeron que el gobierno gringo no enteró al nuestro de la operación, en la fue detenido el Mayo. ¿Pero será veraz esta acusación? ¿No se tratará de valores entendidos entre los hombres del foro de ambos países?

Si trasciende con los días que sí hubo comunicación entre ellos, pero que hayan decidido ambos no enterar a su público, ¿en dónde queda entonces en la práctica el juramento de soberanía territorial que ambos gobiernos afirman sostener como base de su trato diplomático? Aquí lo dejamos.