PUNTOS Y CONTRAPUNTOS

Criterios

En forma despectiva, con evidente desconfianza y temor, hay quienes lo llaman mesías tropical. Sumo sacerdote en la política mexicana, de una doctrina que despierta en un segmento mayoritario de la población, enorme confianza y profunda esperanza en un agente bienhechor que se espera con desmesurada ilusión.

El evangelio según San Andrés, y su opción preferencial por los pobres no deja de causar escozor en algunas buenas conciencias.

Hasta 2016 había en México 53.4 millones de pobres, diagnosticó el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social. En 2017, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), citados por el periódico El Economista el 10 de julio del 2017, México tenía 123.5 millones de habitantes. Los pobres representarían el 43.23 por ciento.

También ha causado irritación en un gremio muy significado, su anuncio de que sacará a los mercaderes del templo, del templo del poder, donde se lubrican los negociosal amparo de las influencias y la corrupción, con dinero del pueblo.

A algunos bienaventurados en su relación con poderes formales y fácticos, económicos y políticos, les repugna la amplitud reivindicatoria del sermón que ha repetido los últimos 12 años en costas, valles y montañas, sobre las cosas buenas que su gobierno procurará a partir del sábado 1 de diciembre del 2018, en favor de los pobres de espíritu, doblegados por el hambre y la marginación; de los que tienen hambre y sed de justicia; de los misericordiosos que se comprometen con la ley y su estricto y honrado cumplimiento; de los pacificadores, en una tierra bañada en sangre y martirizada por la violencia y el dolor; de los que sufren persecución por causa de la injusticia.

Sólo el eco lejano del viento del desierto parece responder a su llamado a combatir la corrupción y el fariseísmo, las extravagancias, excesos y frivolidades, de quienes vacían las arcas que el pueblo les ha confiado a algunos presuntos notables y a sus subordinados, aliados, parientes o cómplices, que han vulgarizado la política y el servicio público.

Ofrece un reino de bienestar, felicidad y esperanza que quizá sólo podría cristalizarse como un milagro sobrenatural, en una tierra en la cual es más fácil y mucho más sano extraviarse en los caminos de los sueños, que tratar de encontrarle algunas bondades a la realidad.

Quizá sí tengan razón quienes lo llaman mesías, pues en circunstancias tan adversas sólo un iluminado o un profeta podría transformar milagrosamente el mundo para construir otro diferente y mejor. Parecería más fácil una reconstrucción milagrosa del país que una tesonera reedificación sustentada en los mejores valores del trabajo ético, la convicción democrática y la sublimación de la justicia.

¿Mesías, falso profeta o revolucionario? El verdadero rostro del futuro lo empezaremos a ver el sábado 1 de diciembre del 2018.

 

LOS UNOS

La guerra mediática ha sido intensa. Quienes representan los intereses de los poderes tradicionales: político, económico, religioso y fácticos, tienen un amplio margen de maniobra para operar, desde las sombras o en forma abierta, según convenga, para tratar de inocular en la opinión pública la idea que mejor armonice con su muy particular concepción de la realidad y que, además, legitime sus intereses. 

En la confrontación con el candidato de la Coalición Morena-PT-PES la guerra fue intensa desde las campañas electorales, encabezada por algunas organizaciones que por primera vez tuvieron rostros identificables, como el Consejo Mexicano de Negocios. 

Los más ricos del país, dueños de un buen número de empresas que crecieron y se multiplicaron al amparo de concesiones de gobierno y de negocios con el gobierno, y que además integran los consejos de administración de poderosos grupos de comunicación, impresos, televisivos, radiofónicos y digitales (aunque en este caso con apenas una muy incipiente y titubeante presencia, en un mundo infinito que la mayoría no entiende, pero que tarde o temprano podría arrollarlos), confrontaron al candidato de izquierda.

Luego de su triunfo en los comicios del reciente domingo 1 de julio del 2018, cuando fueron anunciada algunas iniciativas en el Congreso de la Unión o medidas de ajuste para cambiar algunas reglas del juego en el campo de las finanzas, las comisiones de los bancos y de los negociossubsidiados con recursos públicos, los poderes formales y fácticos, vinculados al poder económico, reactivaron su embestida contra el ahora presidente electo (y en unas horas más, constitucional) Andrés Manuel López Obrador.

La irritación empezó cuando se anunció la consulta popular que afectaría la continuación o conclusión del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. Igual subió el nivel de malestar de quienes se sintieron amenazados por una iniciativa de ley promovida en el Congreso de la Unión que cambiaría el manejo de los Fondos de Ahorro para el Retiro.

Reales o manipuladas, las afectaciones a la Bolsa Mexicana de Valores y la fluctuación al alza de la cotización del peso frente al dólar, fueron encausadas y atribuidas como responsabilidad de una nueva administración que aún sin haber llegado formalmente al poder, ya estaba causando turbulencias que ponían en riesgo la viabilidad financiera del país, su buen crédito, su buen nombre. 

Sobre enunciados de futuro, previsiones anticipadas y lecturas clarividentes de las intenciones del próximo Mandatario, se ha generado un clima de incertidumbre que ha permeado a algunos de los segmentos sociales informativamente más estimulados de México, que tendrían la certeza de que el nuevo régimen de López Obrador estaría destinado al fracaso, para conducir al país al más profundo abismo.

Sin embargo, la realidad transita por diferentes vías o canales. La percepción de la gente sobre los mismos objetos de observación, tangibles o intangibles, suele ser tan diversa, como tantas posiciones o ángulos pudiéramos imaginar. Vivimos en medio de dos realidades contrastadas, distantes, que se rozan o chocan, que será muy difícil armonizar.

 

LOS HECHOS

Firme, maciza, es la legitimidad que la mayoría de los mexicanos le dio con su voto a López Obrador, para que haga lo que considere conveniente para el país, con la ayuda de un Congreso de la Unión donde Morena también es fuerza hegemónica.

Este sábado 1 de diciembre del 2018 tomará posesión Andrés Manuel López Obrador, el primer presidente de México postulado por una coalición de izquierda (integrada por Morena, Partido del Trabajo y Encuentro Social), que logró la más alta votación que jamás se hubiese registrado en las urnas en nuestro país: 30 millones 113 mil 483 votos, para un porcentaje del 53.19 por ciento.

Históricamente, quien más se aproximó a esos números fue el priista Enrique Peña Nieto, quien en los comicios del domingo 1 de julio del 2012 sumó 19 millones 226 mil 784 votos, para un porcentaje del 38.21 por ciento.

Desde hace 30 años ningún candidato presidencial había rebasado la barrera del 50 por ciento de la votación. El último en lograrlo antes de AMLO fue Carlos Salinas de Gortari, en un controvertido proceso electoral en el cual al PRI se le cayó el sistema de cómputo, siendo secretario de Gobernación Manuel Barttlet Díaz. Sumó Salinas de Gortari 9 millones 687 mil 926 votos, para un porcentaje del 50.36 por ciento.

En la contienda del pasado 1 de julio del 2018 López Obrador ganó en 31 de las 32 entidades del país y sólo fue derrota en un estado, Guanajuato, por el candidato de la coalición PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, Ricardo Anaya Cortés.

En los pasados comicios Morena logró la mayoría simple en el Senado de la República con 70 curules (de 128), suma de su alianza con PES y PT. Morena fue primer lugar en la contienda para senadores en 24 estados y segundo lugar en otros cinco.

En la Cámara de diputados de la federación Morena y sus aliados tienen 314 curules (de 500). De los 300 distritos de Mayoría Relativa Morena y sus aliados ganaron 214 y de Representación Proporcional sumaron otros 92.

Morena ganó también 13 capitales estatales, entre otras Villahermosa, Tabasco; Morelia, Michoacán; Toluca, Estado de México; Puebla, Puebla, y Hermosillo, Sonora. También sumó triunfos en 314 municipios del país y 11 nuevas alcaldías (antes delegaciones), de las 16 que incluye la Ciudad de México.

En los comicios del pasado julio AMLO impulsó la votación de Morena para ganar las gubernaturas de Ciudad de México (segunda entidad con más votos en el país), Veracruz (cuarta entidad con más sufragios en la República), Morelos, Chiapas y Tabasco.

 

Y LOS OTROS

Después de cuatro meses sometido a un intenso agobio mediático, López Obrador conserva intacto el respaldo de la gente.

El pasado lunes 26 de noviembre del 2018 el periódico El Financiero presentó una encuesta nacional, realizada casa por casa, entre el 8 y el 14 de noviembre, a mil 200 adultos. El 66 por ciento afirmó que aprobaba el trabajo que cómo presidente electo ha hecho López Obrador. Sólo 28 por ciento respaldaba el trabajo realizado por Peña Nieto en su sexenio.

El 88 por ciento dijo estar conforme con que López Obrador les quitara la pensión a los expresidentes y 49 por ciento con que revirtiera la reforma energética.

El miércoles 28 de noviembre del 2018 El Financieropublicó la segunda parte de su encuesta. Preguntó: ¿Si hoy hubiera elecciones para diputados federales por qué partido votaría? El 44 por ciento dijo que por Morena; el 10 por ciento por el PAN y 9 por ciento por el PRI. 

Otra pregunta: ¿usted se considera priista, panista, perredista o morenista? El 22 por ciento se dijo de Morena; el 9 por ciento del PRI; el 6 por ciento del PAN y 2 por ciento del PRD. Los autodefinidos como apartidistas representaron el 57 por ciento.

El jueves 29 de noviembre del 2018 Grupo Reforma (Muralen Guadalajara) presentó una encuesta en la que sólo el 28 por ciento de mil adultos entrevistados en sus viviendas, en 32 estados del país, entre el 23 y el 25 de noviembre, aprobó el trabajo sexenal del priista Enrique Peña Nieto.

De los cuatro últimos mandatarios, Peña Nieto fue el peor calificado. Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000) cerró con 69 por ciento de aprobación; Vicente Fox Quesada(2000-2006), con 61 por ciento de respaldo y Felipe de Jesús Calderón Hinojosa (2006-2012) con 61 por ciento de aceptación. 

La mayoría de la gente mantiene firme su esperanza en López Obrador, hombre experimentado, curtido, desconfiado, astuto, disimulado, con una enorme intuición para comunicarse con el pueblo en la plaza pública o en las redes sociales, terreno en el cual difícilmente pierde una batalla y en donde se comunica cómodamente con los jóvenes, los ciudadanos del futuro que, en los procesos por venir, de 2021 y 2024, seguirán siendo un factor determinante en los comicios de nuestro país.

Tiene un enorme poder, del cual no disfrutaron ninguno de los cuatro presidentes que le antecedieron. Suficiente para ir al Olimpo o al abismo. Lo sabremos pronto, pues a partir del sábado 1 de diciembre empezará a escribir su verdadera historia.

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