AMLO y Salinas Pliego: alianza y ruptura
Carlos Delgadillo Macías

Los niveles de visceralidad de los ataques de Ricardo Salinas contra el expresidente López Obrador, su proyecto y su sucesora Claudia Sheinbaum no se explican por una animosidad de larga data, sino más bien por una ruptura relativamente reciente, provocada a su vez por lo que el magnate ha podido interpretar como una traición.
En junio de 1999, con motivo del asesinato del comediante “Paco” Stanley, Televisión Azteca emprendió una ofensiva mediática en contra de la administración de Cuauhtémoc Cárdenas, quien se desempeñaba como jefe de gobierno de la Ciudad de México. El presidente nacional del PRD (el partido de Cárdenas) era Andrés Manuel López Obrador.
Meses después, cuando el tabasqueño ya contendía oficialmente por el gobierno de la capital, tuvo que enfrentar una campaña negra por parte de la televisora, pese a lo cual obtuvo el triunfo. Desde entonces quedó claro que Salinas Pliego era capaz de utilizar la cadena televisiva para influir en la política nacional.
Sin embargo, con los años Salinas Pliego optó por una estrategia pragmática que evolucionó hasta la cercanía con el dirigente social y político.
En 2006, mientras estaba vigente el “cerco informativo” denunciado por la izquierda, TV Azteca aceptó venderle tiempo aire a AMLO, lo que hizo posible el programa “La Otra Versión”, de 6:00 a 6:30 a. m. El contrato rondó los 20 millones de pesos. Esto se combinó con cierto matiz menos beligerante de la línea editorial en los noticieros de Azteca, comparados con los de su competidora.
En 2012, frente a los señalamientos contra Televisa por la “imposición” mediática de Enrique Peña Nieto, a quien se llegó a considerar un mero producto televisivo, TV Azteca aprovechó para contrastarse como un medio más neutral y objetivo. Es recordada una entrevista de López Obrador en el programa “Hechos” de Javier Alatorre, que fue bastante cordial.
En 2017, rumbo a su tercer intento por llegar a Palacio Nacional, López Obrador llegó a declarar que no todos los empresarios formaban parte de la “mafia del poder”, sino que había muchos honestos. Entre ellos nombró a Ricardo Salinas. En este punto, aquellas diferencias de inicio de siglo y de milenio parecían haber sido zanjadas.
La noche del 1 de julio de 2018, en el instante mismo del triunfo electoral de López Obrador, Salinas Pliego – que ese día estaba en la casa de campaña de Morena – le propuso, copa de vino en mano, la conformación de un Consejo Asesor Empresarial, que se concretó en noviembre, días antes de la toma de posesión. En ese consejo participaron personajes como Bernardo Gómez (Grupo Televisa), Olegario Vázquez Aldir (Grupo Imagen), Carlos Hank (Banorte), y Miguel Alemán Magnani (Interjet), entre otros.
Los vínculos se hicieron aún más explícitos con el nombramiento de Esteban Moctezuma Barragán como titular de la SEP. El funcionario había sido titular de Gobernación durante un breve periodo y también encabezó la Secretaría de Desarrollo Social, todo durante el sexenio de Ernesto Zedillo. Antes de incorporarse al gabinete de López Obrador, había sido presidente de Fundación Azteca durante quince años.
Esta colaboración entre AMLO y el dueño de TV Azteca se profundizó muy rápidamente. Con la creación de los programas sociales que definieron el sexenio obradorista, y el apoyo a los adultos mayores como punta de lanza, se asignó directamente (sin concurso) a Banco Azteca la dispersión de los apoyos en todo el país.
La institución financiera de Ricardo Salinas llegó incluso a encargarse de la dispersión de recursos en el exterior. Entre mayo y diciembre de 2020 colaboró en los programas “Sembrando Vida” y “Jóvenes Construyendo el Futuro”, a través de su filial en Honduras. En ese momento era difícil negar que Salinas Pliego era el empresario favorito del régimen.
La influencia del magnate se extendió a lo legislativo. A finales de 2020 se coordinó con Ricardo Monreal para impulsar en el Senado una reforma a la Ley del Banco de México que le permitiría a Banco Azteca y otras entidades bancarias vender grandes volúmenes de dólares estadounidenses que no pudieran colocar en Estados Unidos. La iniciativa no caminó, por los temores de que pudiera filtrarse dinero ilícito.
Se puede decir que en ese momento comenzó el alejamiento, que sin embargo se hizo más evidente con la llegada de Raquel Buenrostro al Servicio de Administración Tributaria (SAT). En 2021, la funcionaria hizo público que las empresas de Salinas Pliego debían más de 40 mil millones de pesos. Hubo intentos de reconciliación. El 19 de octubre de ese año, en su conferencia matutina, López Obrador anunció satisfecho que Salinas Pliego había pagado más de 2, 700 millones de pesos, apenas una fracción del adeudo total.
En mayo de 2023, el gobierno federal anunció que todos los beneficiarios de los programas sociales deberían migrar necesariamente al nuevo Banco del Bienestar, con lo que Banco Azteca y otras instituciones financieras (Banorte, Santander, Scotiabank y Afirme) perdieron millones de clientes cautivos.
Con los intereses económicos perjudicados por los reclamos fiscales y el fin de la colaboración financiera de los programas sociales, sobrevino la ruptura. Ya en 2023, con motivo de los nuevos libros de texto gratuitos de la SEP en el marco de la Nueva Escuela Mexicana, Televisión Azteca encabezó una campaña que denunció el “virus comunista” supuestamente contenido en los materiales educativos. El mismo López Obrador reaccionó diciendo que todo se debía al “enojo” de Salinas por el cobro de impuestos.
El 4 de marzo de 2024, en el trigésimo aniversario de “Hechos”, Salinas Pliego, entrevistado por Javier Alatorre, declaró que, aunque el presidente era su amigo, se había rodeado de radicales y denunció una deriva autoritaria del gobierno. Al día siguiente, en su habitual conferencia, AMLO remarcó la libertad de expresión, pero rechazó los señalamientos y reiteró que todo se debía al diferendo fiscal.
La guerra se hizo abierta y sin cuartel apenas diez días después, con la toma del Campo de Golf Tangolunda en Huatulco por parte de la Guardia Nacional. El campo era operado por Grupo Salinas desde 2012, a través de una concesión otorgada por el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), que ya había expirado. Por decreto presidencial, la zona fue declarada Área Nacional Protegida y se prohibió la práctica del golf. Salinas Pliego acusó “represión” y ataques contra la propiedad privada, además de pérdida masiva de empleos.
Por entonces, el gobierno federal ya había actualizado en sus informes la totalidad de los montos de la deuda de Grupo Salinas, que ascendían a más de 60 mil millones de pesos.
En una lucha de pragmatismos, López Obrador alcanzó acuerdos con miembros de la oligarquía mexicana y formalizó el Consejo Asesor Empresarial. Otorgó espacios, favores y negocios, a cambio de apoyo político y de estructura financiera. En los hechos olvidó o dejó de lado su propia consigna de separar el poder político del poder económico y no tuvo muchos reparos en pactar con los protagonistas de aquel neoliberalismo que en el discurso siempre dijo combatir.
Salinas Pliego, por su parte, no tuvo empacho en poner al servicio de un gobierno izquierdista su infraestructura bancaria, para repartir apoyos directos que ahora, ya enfrentado con la 4T, juzgaría de “comunistas”. A pesar de su retórica, siempre ha sido un empresario interesado casi exclusivamente en sus negocios, sin preocuparle demasiado qué partido o qué políticos estén en el poder. Si ahora opta por el discurso libertario es porque es el que mejor le sirve para golpetear al gobierno morenista.
Hay una lección en todo esto. López Obrador prefirió en principio no chocar con la oligarquía, pero la necesidad de recursos fiscales para sostener el proyecto de Estado de bienestar (sin reforma fiscal) lo condujo a una política tributaria más firme y, consecuentemente, a romper con Salinas Pliego.
El multimillonario ahora ha dado un paso más y se perfila como aspirante presidencial. Durante décadas ha acumulado información y experiencia en su trato con los políticos. Continúa con el control de múltiples empresas y es capaz de influir en la opinión pública.
El huevo de la serpiente maduró en el obradorismo.