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Año nuevo, vida nueva

Año nuevo, vida nueva

Año nuevo, vida nueva.

Juan M. Negrete

Ha sido costumbre inveterada nuestra, al arranque de todo año nuevo, que la gente se abrace, se estreche las manos con efusión y externe sus mejores deseos. Las fórmulas lingüísticas, como las modas, se estrenan, se expanden y desaparecen. Las hay hasta cacofónicas, como una que escuchaba en mi infancia: feliz año nuevo, chorizo con huevo. Tales variaciones sobre el fenómeno no alteran lo esencial del acercamiento ni el pretexto abrazado. Así sea de dientes para afuera, deseamos que lo nuevo tenga mejor cariz que lo ya pasado, reciente o antiguo.

Puestos en este tenor, les decimos a nuestros cuatro fieles lectores desde esta columna que rogamos a las fuerzas de la naturaleza, impetrando sus favores, que conduzcan a nuestro favor los días de este giro nuevo de nuestro planeta en torno al sol; que no nos suelten de su brazo y que nos acompañen sus impulsos con los mejores augurios. A todos, claro que sí, sin excepción de personas, de la misma forma a como ha dispuesto la 4T que la pensión para los viejitos se entregue de manera universal. Como siempre hay amargosos que pronto hallan lunares a toda medida. No sabemos cómo le hacen para ver errores hasta en la tierra que pisan. Pero que ese pesimismo, aunque no podamos anularlo, se nos mantenga lejos y que todos sigamos trotando gustosos y despreocupados. Son los deseos pues de este redactor.

Aprovechando que todavía no abrimos frente especial de análisis, para lo que nos pintamos solos, es conveniente participarle también a este reducido auditorio (por ahí leí que aunque se trate de lectores se les moteja de audiencia, así que no se me enojen) que el envío semanal que estuvimos haciendo por el Messenger presentó demasiadas fallas. Muchos contactos participaron la nota desagradable de que, o bien no les llegaba la colaboración, o que no la podían abrir. Son estropicios técnicos, no imputables ni a los chicos que le dan mantenimiento a las páginas de nuestra revista y mucho menos a los escribanos que mal identificamos la o por lo redondo.

Lo conveniente entonces, para que esta falencia no continúe poniéndonos en entredicho, es elevar la petición a cuantos fieles y amables lectores aún se entretienen en revisar las letras salidas de mi canilla, que las bajen directamente abriendo los link de la revista y nos ahorramos el mal rato de no poder acceder al envío, aunque se haga el mejor de los esfuerzos. Esta acción liberará también al empecinado redactor, que soy yo, a destinar buena parte de sus mañanas sabatinas no sólo a elaborar la colaboración semanal sino luego permanecer atado a la volubilidad de las redes para hacer los envíos correspondientes para cada uno de los contactos. Ha resultado medio laborioso e ingrato. De manera que buscaremos nuevas formas de conexión, con el favor de todos ustedes, si es que seguimos colgados de la brocha.

Ya habíamos avisado antes también que nuestros artículos serán menos extensos. La moda de los internautas, sobre todo de los chavos más jóvenes, tira a no dedicarle mucho tiempo a las visitas. Si ven una medio extensa, la dejan dormir el sueño de los justos y no la abren. De manera que vienen a ser trabajos tirados a la basura. Por ahí pues cooperaremos con el clima y nos volveremos más parcos, más sintéticos, más lacónicos, aunque no sea un estilo que me guste tanto en lo personal. Esperemos pues que tengamos mejores rendimientos y entendimientos con estas nuevas formas de operar y, de nuevo, salud para todos. Seguiremos en trinchera mientras haya fuerzas que nos mantengan al frente. Abrazos pues y hasta la próxima.

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