Arde Venezuela

Arde Venezuela

Juan M. Negrete

Arranca el nuevo año 2026 con un incendio fatal en nuestro patio. La armada gringa, desplazada desde hace meses hacia el sur del mar Caribe y que ya tenía completamente bloqueada a Venezuela, esta madrugada ha lanzado sus primeros misiles en contra de este país hermano. Los reportes iniciales hablan de cuatro focos de ataque. El primero es la capital de la república, Caracas; el segundo indica al estado de Miranda; uno tercero habla del estado de La Guaira; y el cuarto, en Aragua.

Otro boletín, proveniente de la cuenta de la red social del Trompas, su Social Truth, declara haber capturado al presidente Nicolás Maduro Moros y a su esposa. Informa que en el transcurso de la mañana dará una conferencia de prensa con carácter de urgente. Es de suponerse que se referirá a este asunto en particular. Por su parte, también se habla de que la vicepresidencia de la república de Venezuela secunda la versión gringa de la desaparición del presidente Maduro y exige al gobierno gringo una respuesta inmediata que la clarifique. Es lo que tenemos en los medios hasta el momento.

Inherentes a los acontecimientos señalados, hay dos comunicados también de urgencia provenientes del propio presidente Nicolás Maduro. En el primero de ellos, anuncia haber dado la orden a ‘quienes tiene que darlas’ de levantarse en posición de guerra, desde el estado de Zulia hasta su otro extremo oriental, para repeler la agresión de que son objeto. En el segundo comunicado, informa haber llamado a Antonio Guterres, el secretario general de la ONU, para que demande y condene al agresor, que es el país gringo, y que convoque a la asamblea general para que sea detenida dicha agresión, que viola todos los acuerdos y las leyes internacionales sobre esta materia.

En el transcurso del día nos enteraremos mejor de esta situación de emergencia internacional. Veremos cuánto de todo lo denunciado sea cierto. Se podrán deslindar, en lo posible, lo real de lo ficticio. La invasión de las llamadas fake news nos han traído a todos a los extremos que ya no deslindamos la realidad misma de tantos embustes con que se nos transmite. Pero los focos de alerta están en rojo y más vale que nos empleemos a fondo y en serio.

De confirmarse lo duro de este asunto, entenderemos que los gringos ya pasaron de meras amenazas retóricas de invasión a hechos de guerra, aparejados a toda ocupación militar. Si no entendemos mal, el gobierno venezolano mantiene viva la orden de insurrección general en contra de todo invasor que incursione en su territorio y viole su soberanía. Esta sería la reacción más lógica a tomar en tales situaciones, ante la violación flagrante de su soberanía nacional.

Sin darle muchas vueltas a este caso en particular, se aplica hoy, igual que en cualquier momento, la idea contenida en la segunda estrofa de nuestro himno nacional: “Mas si osare un extraño enemigo/ profanar con sus plantas tu suelo, / piensa, oh patria querida, que el cielo/ un soldado en cada hijo te dio”. No se necesita invocar a ninguna otra reacción tenida como natural. Son acuerdos vigentes desde la fundación misma de los estados nacionales, que legitiman la defensa armada ante cualquier intento de agresión en su contra.

Tras ser clarificados todos los detalles particulares de esta página roja y cruenta, tendremos que pasar a Venezuela a la lista de los países en situación de excepción, de punto de masacre. Hasta ahora señalamos tres de ellos: Ucrania, Sudán y Gaza. Sería muy triste, de confirmarse lo propalado en medios, que Venezuela engrose tal lista de violación de los derechos humanos fundamentales. Está claro que, con el estallido de hostilidades, tengan el trasfondo que sea, lo primero en registrarse es la pérdida de innumerables vidas humanas. Lo peor es que a la hora de los porcentajes se señalan a los inocentes encabezando las cifras. Niños, ancianos, mujeres…

Resulta más que complicado meterse a desbrozar estos listados cruentos. Tal vez nos dominan los códigos tradicionales a la hora de tales enumeraciones y sólo se dan como ‘responsables’ o ‘no inocentes’, a los que son encontrados sin vida en los rastreos si van vestidos con ropas militares. Tendríamos que pasar revista más bien de nuestros códigos acostumbrados y poner en orden nuestros cánones de conducta colectiva de una vez por todas. ¿Por qué tenemos que introducir categorías como los de ‘falsos positivos’, o narrativas lamentables como las de ‘ataques de falsa bandera’?

¿Cómo podemos justificar ningún derramamiento de sangre en cualquier punto del planeta, se nos aparezca con las agravantes o atenuantes que se les cuelguen? Hay materias en las que nuestra especie está reprobada y tal vez sea ésta la más cruel de todas. ¿Quién puede disponer de la vida de otro ser humano, al grado de darse de inmediato a buscarle su legitimación? ¿No es todo crimen un acto abominable en sí y, por tanto, condenable a fortiori, tenga las circunstancias particulares que se le adosen? ¿No salimos aquí con la barrabasada que se le atribuía a mi general Pancho Villa, cuando decían que daba la orden: fusílenlo y después viriguan?

Volviendo a Venezuela, más nos vale, a pueblo y gobierno, que nos pongamos las pilas y prendamos los focos de alerta. Le llamamos pueblo hermano y lo es. Pertenece al bloque hispano parlante y latinoamericano, como también nos identificamos, aunque no hayamos logrado aún la tarea de unificarnos en una sola fuerza. El mar Caribe es nuestro hemisferio vivo, latente, y tenemos obligación de salvarlo. No podemos fingir demencia. Nos compete directamente a todos. ¡Viva Venezuela libre!

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