Ascenso y descenso: sí, sí, sí

Después de que la cúpula del poder de la Primera División determinara unilateralmente eliminar el ascenso y el descenso de un plumazo —sin consultar a la asamblea de la Federación Mexicana de Futbol, integrada por el sector aficionado, Tercera, Segunda y Expansión, y en lo oscurito, sin notificarlo oficialmente—, se desató un debate sobre la absurda decisión de la mafia del futbol. El argumento: proteger sus intereses patrimoniales.

Obviamente, la noticia la filtraron con sus incondicionales «líderes de opinión»; no lo informaron oficialmente y presuntamente lo insertaron en el nuevo reglamento de competencia para el segundo torneo del 2026. Hasta el momento, nadie ha dado a conocer el documento de manera oficial.

Esta determinación para los chayoteros es un «palo dado ni Dios lo quita»; sin embargo, distintos sectores de la comunidad futbolística se han manifestado en contra, argumentando que tal medida contribuye al retroceso del futbol en todos los sentidos.

Por ejemplo, en la mejor liga del mundo, la Premier League, hay tres descensos y tres ascensos cada temporada. De la misma manera, en la Liga de España se producen cada temporada tres descensos a la Segunda División (LaLiga Hypermotion) y, del mismo modo, tres ascensos desde la categoría de plata hacia la máxima categoría. En la Serie A (la máxima categoría del fútbol italiano) hay tres descensos directos a la Serie B cada temporada; del mismo modo, son tres los equipos que ascienden desde la Serie B hacia la Serie A (dos de forma directa y uno a través de un torneo reducido de play-offs). Estamos hablando de las mejores competencias del mundo.

De la misma forma, en el fútbol brasileño hay cuatro ascensos y cuatro descensos directos cada año entre la Serie A y la Serie B. En la máxima categoría del fútbol argentino (Liga Profesional) hay dos descensos y dos ascensos por temporada, lo que mantiene a la división con un total de 30 equipos.

El ascenso y el descenso son la esencia del futbol desarrollado y competitivo. Para los delincuentes de cuello blanco que manejan la Liga MX —varios de ellos evasores fiscales y uno investigado por el FBI por sobornos—, lo deportivo no importa; lo que interesa es el dinero, así tengan que sobornar medios de comunicación y pagar jugosos contratos a representantes y promotores.

No obstante, ese debate tiene una solución. Para grandes males, grandes remedios. De poco o nada sirve que los jugadores se hagan mensos uno o dos minutos sobre la cancha, que salgan y se tapen la boca antes del partido o que se desplieguen pancartas en las tribunas.

Hay que fomentar y organizar una ¡huelga general! Un día sin futbol en ninguna parte. Llámese programas especializados, no acudir a los estadios, que todos —absolutamente todos— los jugadores cuelguen los zapatos y que las autoridades federales, sobre todo la Unidad de Investigación Financiera, metan las manos en los archivos de los equipos de Primera División. ¡Un solo día de huelga sería más que suficiente!