Astrología oculta (cuento)
Marcela Karrillo
En el horizonte se ve cómo amanece de lo más normal y común en la ciudad; pero se escuchaban las sirenas enardecidas de las patrullas y bomberos que recorrían la avenida a toda velocidad, cual es la urgencia que pasa si aquí es un día más con tranquilidad. Con un café en la mano bebo sorbitos para distraer la mente de lo que había venido pasando con los cambios que tiene mi cuerpo.
Después de visitar la casa del curandero en ese lugar extraño, escalofriante, húmedo, desconocido y oscuro; al entrar a su casa un altar lleno de veladoras, huesos colgantes y el olor a parafina, se penetraba por la nariz, me mostró lo infinito que es el universo y las diferentes constelaciones. Una de ellas está generando una trasformación escalofriante que le sucede a mi cuerpo y a la mente. Me explicó que pronto me acostumbraría a esos cambios que tengo por cuestiones astrológicas, que me suceden cuando está presente la constelación de capricornio en el hemisferio occidental.
Me ungió el cuerpo con unos aceites de fragancias exquisitas y sangre de una cabra degollada que me ayudaría a tranquilizarme cada que sucede ese cambio abominable en mí. Me fui rápido del lugar pues por el rostro me seguían escurriendo la sangre y los aceites que me había untado. Tal vez nunca entendí por qué me sucede este cambio.
Estaba próxima a presentarse la constelación de capricornio, pues hoy es 17 de diciembre y el 19 estará la luna en conjunción astronómica con el signo de capricornio. El escalofrío que entra en mi cuerpo es insoportable. El miedo se apodera de mí. Esta conjunción astronómica hace que cambie mi rostro y la forma de actuar me lleva a cometer cosas desgarradoras y monstruosas, de las que después me arrepiento.
Mañana, 18 de diciembre, no saldré de casa. Trataré de cerrar todo con llave, pues no quiero que se repita lo de aquella noche donde enloquecí, desgarré la puerta de madera del apartamento y salí. Sin darme cuenta llegué a un lugar apartado del parque, donde está el estanque de patos, y allí mire mi rostro y descubrí que era horroroso. Tenía unos cuernos enormes, una cara deformada y mis manos eran unas horribles pezuñas cubiertas de escamas y resequedad. Mi mente en desorden no coordinaba ideas claras sobre lo que pasaba.
Pero siento unas ganas inmensas de sangre fresca que beber. Salto al estanque, mato un pato y bebo su sangre. Pero no me es suficiente. Siento la necesidad de más sangre que alimente mi ansiedad. Me voy saltando por el parque en cuatro patas al fondo una montaña enorme. Decido subir. Como cabra me deslizo rápida y segura hasta encontrar un recoveco, que veo cómodo para descansar. Pero la ansiedad de sangre vuelve rápidamente a mí.
Ansioso decido salir a la luz de luna tras una nueva víctima. Pero esta vez no será un pato. Quiero algo más grande, que muestre algo de resistencia. Encuentro un joven en una banca del parque. Desde lejos parece un arcángel del coro celestial, cargando un instrumento musical. Belleza de rostro, cuerpo delicado y débil.
Salto sobre su cuerpo. Con las pezuñas atrapo su cuerpo. Los cuernos me ayudan a destrozarlo. Esta vez no solo quiero su sangre, sino todo su ser. Parece pastelito relleno de zarzamora escurriendo por mi hocico. Saboreo largo rato. Dejo lo sobrante y me dirijo al estanque de patos, donde veo mi rostro con la luz del alba. Está deformado. Me recuerda que ya casi llega la mañana.
La constelación de capricornio aún continuará por unos días más y no sé qué va a pasar con esta ansia loca de conseguir sangre que me alimente, más que mí cuerpo, el ego. Me pongo en cuatro patas a gran velocidad. Regreso al apartamento donde me resguardo por el día. Intentaré descansar un rato, tirado en el suelo. Cuando despierto, mi cuerpo y el rostro son normales. Sólo tengo en mi boca ese sabor de desagrado, que me queda después de esa transformación.
Ya pasa del mediodía. Me lavaré la cara y la boca para llamar a Alejandrina, esperando que quiera venir al apartamento a platicar conmigo y contarle todo lo que pasó. Pero lo pienso bien y me da terror. Mejor no la llamaré. No quiero exponerla a que conozca mi nueva filosofía de vida. Tranquilo, esperaré una noche encerrado aquí hasta que pase la constelación de capricornio.
