Carta del lector:
En torno al artículo Jehová vs Yahvé de Alfonszo Rubio Delgado:
Carta abierta a la redacción de Partidero y al Sr. Alfonszo Rubio Delgado:
He leído con genuina fascinación su reciente artículo “Jeohvá vs Yahvé”. Es verdaderamente infrecuente encontrar un texto que logre desafiar simultáneamente las leyes de la historiografía, las reglas de la gramática castellana y el sentido común con tanta audacia en tan pocos párrafos.
Primero, debo aplaudir su vanguardista manejo del espacio-tiempo. Su revelación de que el Imperio Otomano (surgido a finales del siglo XIII) se dedicó a islamizar a la población de Judea justo tras la caída del Imperio Romano (siglo V) es un portento de la física cuántica aplicada a la historia. H.G. Wells palidecería de envidia ante semejante máquina del tiempo. De igual forma, sus aportaciones filológicas son notables: rebautizar a Jenófanes como “Janófanes”, escribir “Jeohvá” en su propio título y enriquecer la lengua de Cervantes con el misterioso neologismo “acaidelados”, demuestra que para usted el diccionario es solo una sugerencia.
Sin embargo, detrás de esta involuntaria comedia de horrores escolares, asoma un aburrimiento muy antiguo y muy oscuro. Su texto intenta disfrazarse de ensayo filosófico, pero pronto abandona la careta para recitar los tropos más primitivos y rancios del antisemitismo decimonónico. Como bien diagnosticó Jean-Paul Sartre en Reflexiones sobre la cuestión judía: “El antisemitismo no es una idea en la categoría de los pensamientos, es una pasión”. Y la suya, francamente, es muy poco original.
Hablar de “parásitos”, “vampiros” y complots talmúdicos para empobrecer a los incautos “goyim” no es historia ni teología; es un refrito de baja estofa de Los Protocolos de los Sabios de Sión. Su caricatura del judaísmo no revela la naturaleza de dicha religión, sino la profunda pereza intelectual y los prejuicios de quien la escribe.
Hago un llamado respetuoso, pero urgente, al consejo editorial de Partidero. La libertad de expresión es el pilar de cualquier medio, pero la publicación de libelos de odio disfrazados de análisis devalúa terriblemente su portal. Si van a publicar textos que promueven la discriminación y el supremacismo, al menos exíjanles a sus autores que pasen el corrector ortográfico de Word y consulten Wikipedia para no confundir milenios enteros.
Les sugiero, como inversión urgente para la redacción, tres herramientas fundamentales: un atlas histórico básico, un diccionario de la RAE y, de ser posible, una brújula ética.
Como diría el autor del texto para cerrar su manifiesto medieval: ¡Saludos amig@s!
Gorgias de Leontini
Respuesta del autor:
Señor Leontini: convengo que “no soy santo de su devoción”. También que mi forma de plasmar mis ideas no sea la ideal. Pero “como dicen en mi rancho”, no hay para que echar tanto brinco, estando el suelo tan parejo”. La exposición suya sobre mis faltas de ortografía y los anacolutos puede que tenga razón. Se lo digo porque, lejos de captar la esencia de mi escrito, se dejó ir a la yugular sin piedad! Si, expuse algo que suena a antisemitismo. Luego, algo sencillo. ¿Cree usted que algún miembro de aquella religión sería capaz de leer y sostener como propias las enseñanzas del talmud? ¿Ello ante pensadores cristianos, musulmanes, Hindúes, budistas o de cualesquier otra religión? ¿Existiría algún fundamento racional en el cual basarse para darle sentido a lo ahí escrito? ¿No les daría vergüenza que con el evolucionar de la humanidad, esas ideas toscas de mal gusto y peor redacción, tengan que ser tomadas en cuenta?
Por eso mi idea. Misma a la que usted le pone todo un berrinche de niño malcriado. Y lejos de aclararla la enturbia. La razón por la que llamo “talmudeanos” a esos individuos es porque, la humanidad, debe de ubicarlos por aquella doctrina que los mueve. No por el mito que los pone como descendientes del altísimo. Lo otro, está por demás decirlo. A cualesquier templo católico que usted vaya, encontrará apertura. Más no cualquiera puede ir a la sinagoga. No cualquiera esconde sus enseñanzas. Y dudo mucho que a su religión defendida, le guste que la identifiquen por ese librito! Me imagino a un rabino dirigiéndose a un público mundial. En un escenario como el de Naciones Unidas. Esto, dirigiendo un mensaje a las naciones cuya extracción proceda del talmud. En fin, señor Leontini, quisiera dar una con usted, pero parece que va a estar difícil.
P. S.:
Lo de “acaidelados”, se refiere a los rizos que usan en la frente. Lo relaciono con los caideles que usan las niñas cuando las arreglan allá en mi pueblo. ¡Ello para alguna ceremonia!
Alfonszo Rubio Delgado




