Sale Chayo y entra Karam

Juan M. Negrete

Se agitó en serio el avispero este fin de semana. La señora Rosario Robles Berlanga, quien tiene un largo historial político y fue vista en medio de muchas tormentas de la actividad nacional, estuvo guardada en el penal de Santa Marta Acatitla por 1101 días. Ayer le conmutaron el formato de las medidas preventivas con la que estaba detenida. En lugar de la prisión provisional, se la permutaron por la modalidad de libertad condicional.

Continúa entonces bajo investigación, pero ya no más en una celda, que viene siendo una fórmula infame, suerte que no se le desea a nadie. Es lo que entendemos por la pérdida de la libertad. Ahora la señora disfrutará de una libertad, aunque condicionada. Tendrá que acudir cada quince días a firmar a las instalaciones de la FGR, con lo que demuestra que sigue dispuesta a la sujeción a que la puede someter esta instancia de justicia en cualquier momento. Y tiene prohibida también la opción de abandonar el país.

Parece ser que vino a dictarse esta permuta de modalidades en su detención por dos razones de peso. Una, la alegada por sus abogados defensores, por razones humanitarias. Su estado de salud parece haberse quebrantado. En prisión le resulta complicada la atención minuciosa a detalles específicos de sus tratamientos médicos. Aunque también se aduce que se acogió al programa de testigo protegido. Si ella acepta a soltar sopa, la autoridad le pone en la pista de gozar de ciertas prebendas especiales. Es trato comprensible pues de alguna manera hay que recompensar a las orejas tronadoras.

La otra razón que se maneja viene a ser la intervención del ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, quien fue invitado a conocer el modo o el trato que reciben las mujeres en presidio. Se dice que, derivada de esta revisión y a petición expresa y directa de la rea, provino la liberación de algunas presas, Rosario entre ellas.

Los mal pensados, que somos legión, vemos bastante similitud con estas medidas particulares a las que se han tomado en otros momentos, en tratándose de personajes encumbrados, vía venganza, vía miramiento. Por citar algunos, el caso tan conocido del líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, alias La Quina, salió del reclusorio en cuanto dejó la silla presidencial Carlos Salinas de Gortari. Lo mismo le pasó al hermanito incómodo de este expresidente recién mentado. Raúl Salinas de Gortari dejó de estar enjaulado en cuanto Ernesto Zedillo entregó la presidencia a Vicente Fox.

Más reciente es el caso de la liberación, obviamente sin cargos y sin repercusiones de nota, de doña Elba Ester Gordillo, la tan mentada Chuki, jefa del SNTE por muchos años. Carlos Salinas tiró de la silla de los controles nacionales del magisterio al viejo líder Jongitud Barrios, a quien habían eternizado las necesidades del sistema para controlar al gremio magisterial. Como ya no le era tan eficiente, o bien se iban a cambiar los hilos de conducción, o porque no le inspirara la suficiente confianza al capo Salinas, aún sin haber caído de su gracia, fue suplido por Elba. Eso ocurrió empezando la década de los años noventa.

La Chuki duró en capilla más de veinte años, hasta que llegó Peña Nieto a la silla presidencial. Como las reformas estructurales en el campo educativo se implantaron por la vía de la ley del doble cero, bien fuera porque la doña se oponía a todo el proceso o a partes de él; bien fuera porque manifestó su inconformidad en los moches que se planeaba que le tocaran a ella o a sus favoritos; o bien fuera por otros secretos que luego no nos llegan con claridad a los simples mortales; el hecho es que pasó a ser guardada a la sombrita, como para que no estorbara. Y ahí permaneció, calladita y sin dar lata, hasta que los vientos populares determinaron que Peña y su priísmo ramplón se fueran ya con su música a otra parte.

La señora Rosario se pasó en chirona un buen millar de días. Se dicen rápido, pero es un lapso más que prolongado; suficiente como para poder entender bien la máxima de que con el poder no se juega. Puede ser que se le cuelgue el sambenito de peculado y que resulte lacrada. Finalmente se movió en instancias en donde pasaron carretadas de dinero público. Tan sólo se mencionan cinco mil milloncejos de duros por la llamada Estafa Maestra. Y como decían nuestros viejos: en arca abierta hasta el más justo peca. Ya veremos en qué concluye todo su brete, que aún no termina.

Los barrotes públicos no pueden estar desolados. A la salida de la Robles, se imponía hacer ingresar a otro garbanzo de a libra. Podría haber sido Emilio Lozoya, que ya anda por ahí. Pero es caso al que nadie le da una higa por revivirlo. Tiene mucho de fondo, pero la fama pública ya lo desgastó. Había que irse tras otro que pesara tanto o más que él. Ahora llega al escenario Jesús Murillo Karam. Viene cargado de un expediente ominoso a cuestas, no de dineros sino por la inhumanidad de la desaparición de 43 estudiantes normalistas. De gobernador del estado de Hidalgo vino a dar a Procurador General de la República. En tales funciones estaba cuando ocurrió la tragedia de los chicos de Ayotzinapa en 2014. Tuvo la infeliz ocurrencia de inventar que la investigación estaba concluida y que la muerte por incineración de todos ellos en el basurero de Cocula era una verdad histórica. Y que ahí moría todo el rollo… Pues ya se le revivió el asunto y por lo pronto pasa a las barracas a responder por lo que al caso surja. Estaremos al pendiente.

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