Cien años después

Josefina Reyes Quintanar
Imaginemos cómo era la vida en la Alemania de la República de Weimar, un período en el que dicho país acababa de perder la Primera Guerra Mundial y debía responder al Tratado de Versalles. Su último monarca, Guillermo II terminó huyendo a los Países Bajos. Una sociedad llena de inestabilidad económica y política, viviendo golpes de Estado e intentos revolucionarios entre la izquierda y la derecha. La democracia fue recién instaurada después de las elecciones de 1919, las primeras elecciones alemanas en las que las mujeres tuvieron el derecho al voto. Socialmente un periodo bastante complejo que terminó dando paso a la instauración y triunfo del nazismo. Pero si nos enfocamos a la parte cultural, fue una de las más creativas en el arte alemán.
Llegaron las tendencias progresistas a Alemania. La nueva república terminó tajantemente con la censura, lo cual brindó libertades creativas sin precedentes. La nueva constitución estableció igualdad entre hombres y mujeres en cuanto al acceso a la educación, el voto y la remuneración en el trabajo. Debido a la fuerte crisis económica y a la rápida inflación, muchos trabajadores preferían gastar su dinero en bares y cabarets de inmediato, haciendo florecer la vida nocturna antes de que su dinero perdiera valor de la noche a la mañana. No olvidemos que dos terceras partes de la población alemana vivía en el ámbito rural y se mantenía en un contexto mucho más conservador, además de verse profundamente más afectado por las dificultades económicas. La vida cultural que se menciona se concentraba principalmente en Berlín y en algunas grandes ciudades más.
Es el tiempo en que se podía ver en sus Universidades a Albert Einstein, Erich Fromm, Theodor Adorno, Herbert Marcuse, Ernst Cassirer y Edmund Husserl. Fue en la República de Weimar que 9 ciudadanos alemanes ganaron el premio Nobel. Fue el nacimiento del dadaísmo, y el berlinés era marcadamente político, ya que criticaba los valores capitalistas y la hipocresía de la sociedad alemana. El filósofo más influyente de Alemania durante la República de Weimar y, para algunos, del siglo XX fue Martin Heidegger. De entonces Ser y Tiempo (1927) es libro considerado de gran influencia para las siguientes generaciones de filósofos en Europa y Estados Unidos.
Y adivinen ¿cuándo fue la época dorada del cine alemán? Sí, el periodo comprendido entre 1918 y 1933. Los directores alemanes reaccionaron a la desaparición del cine mudo, produciendo versiones en diferentes idiomas con la introducción del sonoro a finales de la década de 1920. Fue el tiempo de directores como Friedrich Wilhelm Murnau, Fritz Lang, Ernst Lubitsch y George Wilhelm. El filme clásico El gabinete del Dr. Caligari (1919) es considerada la primera película expresionista alemana, con escenografías de edificios distorsionados y ciudades deformadas. Por lo general, estas películas presentaban tramas que exploraban el lado oscuro de la naturaleza humana. De entonces es también el clásico Nosferatu (1922) de F. W. Murnau. Otro tema favorito del expresionismo fue el futurismo, cuyo principal ejemplo es Metrópolis (1927) de Fritz Lang.
Thea von Harbou, quien entonces era la esposa de Fritz Lang, fue quien escribió el guion para Metrópolis. Esta obra la creó en 1925, imaginando esa distopía ambientada en el que es nuestro actual 2026. Al llegar a manos de Fritz Lang se convirtió en una de las películas de ciencia ficción más importantes de la historia. La enorme ciudad de Metrópolis tiene una organización no muy ajena a la actualidad: la élite habita los grandes rascacielos disfrutando de todo tipo de lujos, mientras que en las profundidades subterráneas habita un ejército de obreros operando las máquinas que permitan a la ciudad brillar y prosperar; obreros que viven agitados en una vida monótona sin disfrutar de ningún fruto de su trabajo. La historia tomará su rumbo cuando un hijo de los aristócratas se enamora de una joven angelical del mundo subterráneo. Thea von Harbou creó los libretos de varios clásicos del cine alemán, alrededor de 40 películas, consolidándose como una de las guionistas cinematográficas más importantes del país. Su error fue quedarse en la Alemania nazi mientras que Lang se marchó y fue inevitable el divorcio.
Con la llegada de Hitler al poder en 1933, la industria del cine se vio influenciada por el régimen, basándose en la propaganda nazi. Harbou permaneció leal realizando sus proyectos apoyando fielmente al totalitarismo. Tuvo que pagar por ello en un campo de prisioneros británico al término de la Segunda Guerra Mundial, aunque fue un breve periodo de algunos meses. Su carrera ya no volvió a brillar, apagándose en la década de los 50´s. Irónicamente murió a consecuencia de una caída que sufrió al salir de un homenaje que le realizaron en 1954.




