
Claudia, impoluta
Juan M. Negrete
Después de zanjar con relativo éxito la amenaza de que el gobierno gringo empezara la aplicación de los aranceles y que semejante tarifa ominosa se pospusiera por otros noventa días, vino la visita de Marco Rubio, cubano, pero secretario de gobierno del güero imprevisible. Esto, por lo que corresponde a las correrías que nos llegan de fuera. Porque aquí en casa tuvimos otra serie de desaguisados de los que se ha dado cuenta con amplitud, destacándose la agresión que sufrió el presidente del senado, Fernández Noroña, a manos de unos priístas alrevesados.
De todo esto se habló con profusión en su momento. Pareciera entonces que ahora se viene una calma chicha, como dicen los marineros. Esperemos que así sea, porque la neta es que no gana uno para sustos. Sobre todo, si tendemos la mirada fuera de nuestras fronteras. La invasión de los israelíes a la sufrida población palestina, que ya no siente lo duro sino lo tupido. Se van a cumplir tres años ya de la insufrible campaña de genocidio que los sionistas agudizaron en su contra y de la que se ve que no abrigan estos rufianes la más minima voluntad de pararla.
Lo mismo habría que decir del frente de Ucrania y ahora, viniéndonos más cerca, la amenaza en contra de la estabilidad de Venezuela, a la que están cercando las fuerzas gringas impertérritas. Les vale un comino que todo mundo califique de abuso y gandallismo a su escalada. Ellos quieren el petróleo de nuestros hermanos venezolanos y lo demás sale sobrando.
Pero vengamos al diario acontecer de nuestras cosas, en las que la presidenta Claudia da la cara, un día sí y el otro también. En la semana, para ser exactos el día primero de septiembre, se reunió un contingente de invitados en Palacio Nacional y, ante ellos, rindió el informe de su primer año de gobierno. Se lo transmitieron todos los canales a nivel nacional y, por ello, se presume que todos nos pudimos enterar de sus partidas. Hay que decir nada más que salió bien librada. Impoluta, como decimos en el encabezado de la nota.
Tras su informe tan pulcro, supimos que tenía programada la visita del cubano Marco Rubio, a quien puso Trump para que le sacara las castañas del fuego, sobre todo en los asuntos latinoamericanos. La tarea tenía que empezar por nuestra casa, no en balde tenemos con ellos una frontera de tres mil kilómetros. Vino el señor acompañado de un equipo suyo que se dedica a cosas de seguridad. El tema central que abordaron tuvo entonces que ser de dicha materia. Doña Claudia adosó a la sesión también a personajes nuestros que se dedican a tal tarea. Parlaron. Se pusieron de acuerdo y luego nos dieron el informe acostumbrado.
Ya tenían días los parloteros de la oposición azuzando la especie de que nuestro gobierno está completamente sometido al narco, a la gente del crimen organizado. Es decir, el gobierno encabezado por doña Claudia tan sólo está pintado, porque los que mandan son los de enfrente. Y si lo dicen diputados y senadores de la oposición, tal vez habría que hacerles caso. Es más. No sólo lo andaban propalando, sino que estaban pidiendo a gritos que el gobierno del señor güero que despacha en la Casa Blanca dispusiera que sus fuerzas armadas invadieran de una vez nuestro territorio y pusieran orden por acá. Era su tarabilla insufrible y daban a entender que tal iba a ser el resultado final de estas entrevistas.
Pero se quedaron con un palmo de narices. Marco Rubio no sólo descartó la opción de anunciar una invasión innecesaria, sino que, en su reporte a los medios, terminó elogiando al gobierno de doña Claudia. Dijo que en estos momentos nuestro México, gracias a la titular de nuestro gobierno, es el país que más está cooperando y haciendo la talacha necesaria para poner orden en el continente. ¿Más mezcla, maistro, o le remojo los ladrillos?
Decían los malpensados y malhablantes que la señora presidenta no iba a resistir la presión que ejercería don Rubio, para firmar el acuerdo de permitir las incursiones de contingentes armados en nuestro territorio. O sea, autorizar legalmente la invasión. Se apoyaban en los dichos del güero azufrado, que despacha en la Casa Blanca, que dijo, todo desparpajado como sabe hacerlo, que le tiene mucho afecto a esta señora y le cae muy bien, pero que es una miedosa y que no gobierna pues. Los que hacen dicha tarea son los capos de los narcos. Y que iban a poner orden.
Ya sabemos cómo hemos de tomar los discursos de este güero desabrido, los que por la mañana pueden saber a dulce empalagoso y por la tarde estar más salados que el bacalao. Anexa a tal impertinencia, teníamos en pleno desplante el avance de tropas por el mar Caribe. La expectativa quedaba muy en alto. Algo así ya no como golpe de estado, sino como la anexión final de nuestro país al del lábaro de las barras y las estrellas.
Pero no hubo tal. Doña Claudia actuó con la solvencia a la que ya nos está acostumbrando. Recibió la visita convenida. Trataron sus temas de rigor discreto y nos informaron que todo sigue por las vías normales, que no tenemos por qué preocuparnos.
Quedaron por ahí algunos pendientitos abiertos por escarbar en nuestra malicia colectiva y en nuestra morbosidad. Es lo normal en este tipo de acontecimientos de carácter público. Adelanto que son relativos al intercambio de personalidades ligadas al gobierno y al malandrinaje, presos y/o extraditables. Pero como ya se nos va acabando el espacio, lo dejamos para la semana que viene, para darle la amplitud que se merece. Va por delante una felicitación a todos por la llegada de las fiestas patrias, que nos saca el orgullo de haber nacido en estas tierras y de sabernos mexicanos, aunque no siempre andemos de buenas. Un abrazo colectivo y sigamos adelante.



