Cometas en el cielo
Josefina Reyes Quintanar
La palabra “desastre” proviene del prefijo latino dis (negativo, mal) y el término en latín astrum, del griego astron, que significa estrella; originalmente significaba “mala estrella” debido a la antigua creencia de la influencia de los astros sobre acontecimientos terrenales. En la antigüedad, los cometas eran un gran problema ya que nadie podía prever cuándo aparecerían ni a dónde irían. El mismo Aristóteles decidió dejarlos bajo la luna, explicándolos como fenómenos atmosféricos. Fue hasta 1577 que Tycho Brahe, el más grande observador astronómico del siglo XVI, halló pruebas para ubicarlos más allá de la luna.
Los cometas son cuerpos celestes conformados principalmente por hielo, rocas y polvo, además de suciedad que proviene del sistema solar exterior; al acercarse al sol forman una “coma” (atmósfera luminosa) y su principal característica: una larga cola brillante de vapor y polvo impulsada por el calor y el viento solar. Estos restos procedentes de la formación del sistema solar datan de alrededor de 4.600 millones de años. Parecen tener su origen en el cinturón de Kuiper (más allá de Neptuno); a éstos se les llama cometas de periodo corto, ya que tardan menos de 200 años en orbitar el sol; otros provienen de la nube de Oort, que se encuentra en los tramos exteriores del sistema solar; éstos son los cometas de periodo largo porque tarda mucho más en orbitar al sol, incluso 250 000 años en dar la vuelta al sol.
El núcleo de un cometa no mide más de 16 km de diámetro; cuando salen de sus orígenes son núcleos congelados. A medida que se acerca al sol comienza a calentarse y el hielo de su núcleo se convierte en gas. Esto provoca que brote la coma, como si fuera su aura. Y a medida que el polvo y el gas se alejan del núcleo, sumando la luz y partículas solares, se crea esa cola brillante que se extiende detrás del cometa por millones de kilómetros.
Estos cuerpos congelados poseen órbitas elípticas alrededor del sol y tardan cientos o miles de años en completar un recorrido; el primer cometa para el que se predijo su regreso fue el cometa Halley, el cual aparece cada 76 años. El astrónomo inglés y miembro de la Royal Society, Edmond Halley, gracias a sus conversaciones con Newton, comprendió que los astros que orbitan el sol poseen trayectorias muy ovaladas (como las órbitas planetarias), acercándose mucho al Sol para después alejarse hasta perderse de vista y repitiendo el ciclo décadas o siglos después. Con ayuda de sus observaciones y registros históricos, notó que las apariciones de diversos años podían corresponder al mismo cometa. Fue así como predijo que ese cometa regresaría en 1758. Ya no vivió para verlo, pero pidió a la posteridad que recordaran que esa predicción la había hecho un inglés. Sus cálculos fueron correctos. El 25 de diciembre de 1758, el cometa fue visto por un observador cerca de Dresde, justo donde lo había predicho Halley. La comunidad de astrónomos decidió dar el nombre de Halley al cometa. Aquí en México, la llegada del cometa en 1910 presagió el fin del porfiriato. Regresó en 1986. Yo aún no sabía de cometas como para voltear al cielo. La próxima aparición será en el año 2061 (tampoco creo tener la fortuna de observarlo).
Nos cuenta Timothy Ferris en su libro La aventura del universo: “El estigma de los cometas persistía a comienzos del siglo XX, cuando millones de personas compraron medicinas patentadas para protegerse contra los malos efectos del cometa Halley durante su aparición en 1910. Se informó de varias calamidades, entre ellas la de un hombre que murió de neumonía después de saltar a un riachuelo congelado para escapar de los vapores etéreos. Una delegación de sheriffs intervino para impedir el sacrificio de una virgen en Oklahoma por una secta llamada los Seguidores sagrados, que deseaban apaciguar al dios cometa”.
Actualmente hay tres cometas que entusiasman a los observadores. Este octubre se pueden observar dos de ellos con binoculares o telescopio y uno podría llegar a verse a simple vista. El cometa Lemmon, cuyo periodo orbital es de 1400 años tendrá su perihelio el 8 de noviembre. Su máximo acercamiento a la Tierra fue entre el 19 y el 21 de octubre, es la mejor opción para verlo desde nuestro país y a simple vista (alejados de la contaminación lumínica), ya que alcanzará su mayor luminosidad entre el 25 y el 31 de octubre.
El cometa Swan fue descubierto después de su perihelio, el 11 de septiembre, su periodo orbital se calculó en 1800 años y su cola ya se extiende a una medida comparable a 10 diámetros de Luna, su mayor cercanía a la Tierra fue similar al cometa Lemmon. Por último, el cometa Atlas, descubierto en Chile el 1 de julio, tendrá su perihelio el 29 de octubre y un máximo brillo para la Tierra el 24 de noviembre. Seamos espectadores, si es posible, de estos viajeros espaciales.
