Partidiario

Criterios

 

…El Niño Dios te escrituró un establo,

y los veneros de petróleo el diablo.

(Suave Patria, Ramón López Velarde)

 

Mientras que en Jalisco no sólo persiste el desabasto de gasolina, sino que se ha  extendido a gran parte del estado, incluso en municipios como Cihuatlán, que están cerca  del centro de llegada de barcos-tanque de combustibles, cerraron sus gasolineras el pasado martes 22; en las proximidades de la tragedia de Tlahuelilpan se localizaron en este lugar al menos dos fugas provocadas que parecen un desafío a los soldados que cuidan los ductos.

Y es que los huachicoleros no aprenden, ni quieren aprender la lección de la criminal catástrofe por ellos provocada, como otras de menor cuantía–considerando las pérdidas humanas–habidas en esos, y por esos, diabólicos veneros.

A propósito de esta situación, recordamos de nueva cuenta que en tanto en la Ciudad de México el problema duró apenas unos días, por acá–en la segunda ciudad por su número de habitantes e importancia económica–llevamos tres semanas de escasez de hidrocarburos y una afluencia de turistas que marca una caída de más del 50 por ciento y una notable desaceleración productiva en general.

Si bien desde el centro de la república se ve que todo marcha mejor y que las declaraciones del gobernador sobre el desabasto son “poco serias”, sin descartar que, para hacerse oír, pudieran ser “publicitarias”, como lo sentenció el presidente Andrés Manuel López Obrador la mañana del miércoles 23, la realidad aquí es que la distribución de gasolina no se ha normalizado todavía.

Al momento que escribo esta columna, se observan aún largas filas de autos para repostar hidrocarburo.

En tanto, en una veintena de municipios hay cero existencia de gasolina o las estaciones de servicio tienen en sus depósitos abajo del 15 por ciento.

En resumen, los jaliscienses podríamos estar pagando los desencuentros, y hasta enfrentamientos verbales, entre López Obrador y  Enrique Alfaro, desde que a éste le propusieron ser candidato por Morena y él no aceptó por estar comprometido con Movimiento Ciudadano, según lo ha dicho.

Casual o no, Jalisco es, desde el primer día de 2019, una de las entidades más apaleadas por el cierre de los ductos que la surten de hidrocarburos.

Ciertamente aquí existe y ha existido desde hace años (recuérdense de nuevo las explosiones de ocho kilómetros de colectores del 22 de abril de 1992 provocadas por una toma clandestina) el robo de combustible como una forma de negocio del crimen organizado, y Tala, Zapotlanejo y, sobremanera, Tlajomulco –que fue gobernado por Alfaro–, son los centros de mayor ordeña de ductos en la entidad, pero de ahí a castigar con la escasez a la mayor parte de su población, y por tanto tiempo, parece desproporcionado.

Creo que todos los automovilistas se han portado a la altura y pacientemente esperan horas para reabastecerse. La gente dice: “Con tal de que se contenga y se castigue a esa mafia de huachicoleros, vale la pena el sacrificio, pero que sea parejo el castigo”.

Pensamos los jaliscienses: “La Ciudad de México está todavía más rodeada y al acecho de las tomas clandestinas y bandas del huachicol en Puebla, Tlaxcala, Estado de México e Hidalgo (muestra de ello ha sido la muy lamentable tragedia de Tlahuelilpan, entre otras), y en cambio allá sólo padecieron tres o cuatro días la falta de combustible. Aquí llevamos lo que va del año y persiste la escasez como si fuera un asunto de ajuste político y no de terminar con el saqueo debido a la corrupción”.

Casualmente Jalisco, Guanajuato y Michoacán, los más flagelados, tienen gobiernos de oposición, y si Veracruz no padece por falta de gasolina puede interpretarse que es porque hay un gobierno de Morena, y en Puebla habrá elecciones en cinco meses por la muerte de la gobernadora Erika Alonso de Moreno Valle.

Por donde se le vea, tal pareciera que sí, que los veneros de petróleo los escrituró el diablo.

¡Qué tonto de mí: hasta ahora empiezo a entender al profético poeta zacatecano!

 

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