Aunque me resisto a calificar a esta Selección Nacional de mediocre, pues apenas fue su primer partido de tres para calificar, y ante la débil y diezmada Sudáfrica vi —como simple espectador— una escuadra descuadrada, sin hambre de goles, sin ambición. Los observé desangelados, conformes con sus dos goles cuando pudieron y debieron hacer el doble. Se les olvidó que el número de anotaciones cuenta en ciertos casos a la hora de la clasificación general. Urgían cambios. Se hicieron tardíamente y no hubo acoplamiento. Si quieren sobresalir tras la sempiterna medianía (es de las selecciones con más participación mundialista), Aguirre, quien no quedó contento y es buen síntoma, habrá de sacudir a su gente. Hay talentos con hambre de brillar. El problema: mentalidad ganadora.




