Contragolpe | Los 20 años del Canelo

El pasado 28 de octubre, Saúl “Canelo” Álvarez cumplió veinte años como boxeador profesional. Su debut fue en esa misma fecha, pero en el año 2005, en la modesta arena “Chololo” Larios de Tonalá, Jalisco, contra Abraham González. La función fue promovida por el mecenas del boxeo Marcelino Silva, que en paz descanse.

Recuerdo que en ese entonces acudieron únicamente dos periodistas por invitación mía, ya que había seguido la carrera de Saúl desde el ámbito amateur y conocía su potencial: Martín Navarro Vázquez, de Notisistema, y José Rodolfo Castro, quien en ese tiempo escribía para Milenio.

La cartelera completa estaba conformada por: en la pelea estelar, Felipe “Príncipe” Carlos contra Elías Rodríguez; El “Cuervo” Armendáriz vs. Marcelo López; Saúl “Canelo” Álvarez vs. Abraham González, y Miguel “Ranita” González vs. Ángel “Títere” García. Las dos primeras fueron a seis rounds, y las otras dos, a cuatro.

El Canelo ganó por nocaut técnico en el cuarto asalto, ante las protestas de Martín Cardona, mánager de Abraham. Sin embargo, la pelea fue bien detenida, pues González estaba recibiendo castigo severo. Entre la algarabía de los familiares del “Pecoso”, como le decían a Saúl, se alzó con su primera victoria.

Al final, me preguntó: “¿Cómo me vio, padrino?”. Le respondí: “Todavía bastante verde para hacer algo en el boxeo. Tendrás que esforzarte mucho más. Entrenar con mucha, pero con mucha disciplina. Es la base del éxito”. No faltó quien lo levantara en hombros, lo que molestó a don Rafael Mendoza, que en paz descanse, entonces representante de los peleadores de Chepo Reynoso. “¿Para qué hacen eso? Nomás lo perjudican”, dijo. Fue la primera vez que escuché el grito de ¡Canelo! ¡Canelo! ¡Canelo!

Recuerdo que don Rafa tenía planes totalmente distintos a los que finalmente siguió su carrera. En ese tiempo le ayudaban en la promoción Ricardo Maldonado, de “Promociones Deportivas” en México, y Tutico Zabala en Estados Unidos. La idea era hacerlo pelear en la mayor parte del país para que se diera a conocer; después llevarlo a Europa antes de dar el salto a Estados Unidos, con el fin de llamar la atención de los grandes promotores del norte.

Sin embargo, don Rafael Mendoza se confió. No sabía que al Canelo lo atendía una auténtica alimaña traicionera, un “alacrán” con el que Álvarez no quería trabajar, como me lo confió en reiteradas ocasiones. Y no sólo a mí, sino también a sus amigos, entre ellos mi tocayo, con quien solía andar por todos lados.

Esa puñalada comenzó en Puebla, el 15 de septiembre de 2009, cuando enfrentó al argentino Carlos Leonardo Herrera. Al final de la pelea, don Rafa estaba inconforme por un asunto de patrocinadores y solía alzar la voz. Tras el exabrupto, el traidor se me acercó y me dijo: “Mi Rul, ya no le vamos a hacer caso a este pinche viejo. Ya estoy en pláticas con otras personas”. “Oscar de la Hoya”, le respondí. Se rió.

No pasó mucho tiempo para que se concretara la separación de la “Cobra” Mendoza, por esa y otras diferencias provocadas por la alimaña. Pero esa parte se las contaré en otra ocasión.