Un relato del Mundial de 1994

Por Raúl de la Cruz

Aquella tarde-noche en la ciudad de Washington, el aire frío calaba hasta los dientes. Íbamos un bar de moda administrado por un ex jugador de futbol americano cuyo nombre no recuerdo porque no me gusta ese deporte. Mi amigo Paco Ponce, Dios lo tenga en su gloria, era terco y firme en sus decisiones. “Rulas, vamos ir o vamos ir”. Pues vamos, era mi jefe.

En medio de ese frío que no estábamos acostumbrados, caminamos, una cuadra, dos, tres y a la cuarta protesté. Paco, hay que tomar un taxi. “Ya vamos a llegar”, respondió. Pues todavía caminamos cuatro cuadras más. Llegamos y lugar estaba repleto. No había donde sentarse. De fregadera nos dejaron entrar.

A un ladito de la puerta estábamos parados cuando se acerca una rubia pintarrajeada y en perfecto español, nos indica que tiene una mesita. En contraste con la calle el local, estaba caliente y como dos buenos mexicanos nos sentamos con todo y chamarras. Paco pidió un vodka y yo una Corona. Mi amigo estaba inquieto porque quería concertar una entrevista con el famoso dueño del lugar. Preguntó a la rubia por él y la respuesta fue negativa. “No nos vamos hasta verlo”, sentenció.

Protesté. Paco, son las 11 de la noche y mañana tenemos un vuelo que sale a las 7. “No importa, de aquí nos vamos”. Pues aquí te quedas, me voy a dormir. Consumí la coronita de volada y le dije, Nos vemos. Le dije a la rubia si me podía pedir un taxi. “En esta hora ya no hay taxis. En qué hotel están”, pregunta. Cristal City, respondo. Ahí vive el dueño del local y si te esperas un poco, unas compañeras y yo vamos para allá nos están llamando”.

Regreso y le informo a Paco. No fue mucha la espera. Como pudimos nos acomodamos en el auto cinco mujeres, Paquito y yo. Llegamos y era una auténtica bacanal alrededor de la alberca. Mujeres y hombres desnudos en una temperatura de cero grados, licor por varias mesas y hasta perico. Pregunté. ¿te quedas? me voy a mi habitación, no aguanto el frío. Se quedó.

No sé cómo le fue ni a qué horas llegó. Ya no pudo salir a Orlando donde teníamos que cubrir un partido de la selección en el Mundial de 1994. Fui solo y regresé y lo encontré postrado. Los demás días, en Washington, no salió del cuarto una gripe de los mil demonios lo encamó. Pero como buen periodista logró la entrevista que buscaba, excepcional por cierto. En ese entonces Francisco Ponce era el jefe de la sección deportiva de la prestigiada revista Proceso.

Al final se recuperó y termínanos cubriendo la final de aquel mundial en Los Ángeles en el estadio Rose Bowl de Pasadena, California. El partido se disputó el 17 de julio de 1994, y en él se enfrentaron Brasil e Italia. Los brasileños ganaron ese mundial 3-2 en tanda de emocionantes penaltis.

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