Córtate las uñas (cuento) / V

Córtate las uñas (cuento) / V

Mel Toro

Quinta parte:

Sale lentamente de la alcoba la víbora. Rasos los ojos, la Mona pone sobre su mesilla las piezas del juego: su dios, su ángel, su demonio, su comprensión, su corazón y su cabeza. En el otro lado mi dios, mi ángel, mi demonio, mi corazón, mi comprensión y mi cabeza. Arrastra un lápiz, una hoja y escribe: “Vuelve, quiero verte; explícame algo de ti que no comprendo”.

Quiere seguir escribiendo más frases catárticas sobre el papel. Quiere desahogarse del todo, asumir como verdadero todo el tinglado, tal como se lo expuso la cizañuda de la Nena. Quería decirme que no me comprendía más; que ya no me quería más; que ni mi dios quería a su dios, ni su demonio al mío. Tu ángel no es mi ángel. Tú no me quieres. Nunca me has amado. Pero le fallan las fuerzas para seguir escribiendo. Hasta la sombra zumba en el silencio de la noche. Aturde. Pasa brincando en su cabeza. Se agolpan a su rostro la Nena cizañuda, su demonio, y yo.

Su carta me resulta retadora. Ella misma siente odiarse dentro de su mente, del mundo que reacomoda con furor en su cabeza. Empieza a odiarse, a despreciarse por haberme hecho caso y haber estado ciega a mis escarceos voluptuosos, libidinosos, que no han buscado de ella otra cosa sino doblegarla y rendirla. Grita, llora, patalea. Fiebre, sudor, lágrimas, sangre escarban sus uñas en la fina piel de sus mejillas.

_ ¡Cómo fui tan ciega! Eres igual a los demás. Me besabas para derribar mis resistencias. Pero no podía haber amor en tus caricias. No me quieres. Sólo abusas de mí. Alargabas mi deseo para hacerme sufrir. Dios mío, ten piedad de mí. Me van a estallar las venas, por tu culpa. Voy a perder la cabeza, por tu culpa. ¡No! No quiero volver a verte. No quiero volver a saber de ti nunca más.

Entelerida y fatigada, se queda profundamente dormida.

[Continuará…]