COSIO VILLEGAS Y EL PESO DE UNA PLUMA

Las columnas publicadas en Excelsior en las postrimerías del gobierno de Luis Echeverría, de las que destacó el pensamiento crítico de Daniel Cosío Villegas, fueron causa importante para que el Presidente populista arrebatara el periódico al grupo de pensadores brillantes encabezados por Julio Scherer. Manipular la cooperativa propietaria del diario, fue un juego de niños del enorme poder que ejercía la Presidencia, ante los intereses precarios de sus integrantes, que se prestaron en el intercambio de prebendas.
De un golpe perdió la sociedad mexicana la expresión de un patrimonio cultural y de pensamiento democrático de enorme valor, en el que participaban los hombres más brillantes de la época. En él confluían el pensamiento y el conocimiento del siglo veinte, a lo que se sumó el exilio español con su bagaje cultural, que incorporaron a la academia y en la creación de instituciones como El Fondo de Cultura Económica y el Colegio de México. El liberalismo, el positivismo, la literatura modernista, la diversidad de los contemporáneos, Alfonso Reyes, Vasconcelos, Antonio Caso, los siete sabios, todos ellos confluían de una u otra manera en ese grupo de pensadores que se manifestaban en Excelsior.
Considerado un golpe de estado a un medio, dañó severamente uno de los pilares de la democracia y la libertad individual, la libertad de expresión. Todo ello dentro del marco de una época efervescente, con una sociedad irritada y confrontada a punto explotar, con segmentos sociales sobre todo de jóvenes y segmentos progresistas y pensantes, resistentes a un gobierno autocrático, cercano a la dictadura de estado.
El valor del historiador Daniel Cosío Villegas fue tan impactante que cada columna sacudía al gobierno de Echeverría, al tiempo que provocaba un terremoto en el país. En tanto que el gobierno refractario a la crítica manipulaba con todos los instrumentos a su alcance para acallar las voces, hasta llegar al extremo de despojarlos de su medio de expresión.
Cosió además de sus trabajos de historiador, trabajaba el ensayo político y publicaba sus columnas con esas reflexiones, que desde luego como pensador honesto y objetivo, resultaba crítico. Títulos como el Sistema Político Mexicano de Editorial Joaquín Mortiz, S. A., 1972, en que enfoca las dos piezas principales de la política mexicana, el presidente de la República y el Partido oficial, cimbraron un sistema autoritario que pregonaba retóricamente la democracia como su principio y cimiente.
Otras publicaciones que sacudieron las estructuras de gobierno y a la misma nación fueron El estilo personal de gobernar, La sucesión presidencial y La sucesión: desenlace y perspectivas, que aunque eran de contenido coyuntural afectaban la legitimidad de un gobierno. La vida y los procesos mediante los que se definían los titulares, cuestionados en su origen y su actuación.
Contemporáneo a las publicaciones y columnas de Cosío Villegas, publicó Pablo González Casanova el ensayo de La Democracia en México (Ediciones Era, S.A., 1965), en el que hace un análisis de la estructura del poder, centralizado en el ejecutivo y territorialmente en el Distrito Federal, los factores de poder formales y reales y la estructura social, política y económica, para desembocar en el análisis de las posibilidades de la democracia. Ambas expresiones, Cosió Villegas y González Casanova, se presentan en el entorno de la inconformidad del movimiento de 1968.
Los libros El Sistema Político Mexicano y la Democracia en México, acabarían por convertirse en referentes para interpretar el país, destacadamente en las universidades. También eran fuentes de consulta, para quienes querían entender los mecanismos políticos de la enigmática sociedad mexicana, sobre todo para la cultura occidental, como sucedía recurrentemente con los embajadores europeos.
El estilo sencillo y sobrio del historiador para describir con claridad la estructura del gobierno autocrático, desconcertaba a los lectores, quienes conforme se acostumbraron a su exposición de la manipulación política, generaron enorme presión sobre los gobiernos, desencadenando en el proceso la destitución del director de Excelsior y su equipo, que enfrentó la furia y el terror de un gobierno amenazado por la claridad de las ideas. No fue ajeno al estilo de Cosío Villegas el sarcasmo con que salpicaba sus líneas. Sagaz observador de la realidad del país, prosiguió hasta su muerte poco tiempo antes de golpe de estado a Excelsior en 1976, el estudio del Sistema Político Mexicano,
Afirma en sus Memorias (Lecturas Mexicanas, 1976), Daniel Cosío Villegas que en 1968 Julio Scherer y Hero Rodríguez Toro, lo invitaron a colaborar en Excelsior regularmente y que empezó a escribir el 16 de agosto de 1968, en plena efervescencia estudiantil.
Describe su difícil relación con Gustavo Díaz Ordaz y con Luis Echeverría y el afán de los presidentes de convencerlo de que estaba equivocado en sus observaciones. Algunas veces amables, otras amenazantes y Cosío Villegas resistiendo sin ceder, comedido y sobrio pero firme. Su trabajo no era solamente el de reflexionar y publicarlo, sino también el de actuar con diplomacia en un complejo juego de ajedrez, en el que movía sus piezas para evitar el rompimiento violento con los autócratas. Ese manejo ambivalente de los gobernantes lo obligó a recibir a Echeverría y su esposa en su casa, así como asistir a cenas en la casa presidencial.
Nacido en la ciudad de México en 1898, muere en 1976. Fue fundador y primer director del Fondo de Cultura económica, fundador y también director de El Colegio de México. Le complacía, dicen sus contemporáneos, sobre todo, ser conocido como el autor y director de los diez tomos de la Historia moderna de México.
Es probablemente Daniel Cosío Villegas el representante de una generación de personajes extraordinarios, que sin que fuese su propósito destacaron el valor de la libertad de expresión. Misma que, con un contenido esencial de moral política, se convirtió en una herramienta extraordinaria para construir la democracia en el país.