La crisis energética que atraviesa Cuba volvió al centro del debate internacional tras la firma de una orden ejecutiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que contempla la imposición de aranceles a los países que vendan o suministren petróleo a la isla. La medida se da en un contexto de escasez estructural de combustible que afecta de manera directa el funcionamiento de servicios básicos como electricidad, transporte, hospitales y suministro de agua.
De acuerdo con estimaciones de centros académicos y organismos especializados en energía, Cuba requiere alrededor de 110 mil barriles diarios de petróleo para sostener su demanda interna. Sin embargo, poco más de 40 mil barriles provienen de producción nacional en la costa norte del país, mientras que el resto depende de importaciones que el Estado cubano ha tenido dificultades para financiar debido a la falta de divisas.
Investigaciones del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, con base en datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) de Cuba, indican que alrededor del 65% del combustible disponible se destina a termoeléctricas con más de cuatro décadas de operación, lo que incrementa la vulnerabilidad del sistema eléctrico ante cualquier interrupción en el suministro.
Reducción de apoyos y presión internacional
Durante años, Venezuela fue el principal proveedor externo de crudo para Cuba. Según análisis citados por Reuters, los envíos venezolanos llegaron a representar cerca del 5% de sus exportaciones totales, bajo un esquema de intercambio por servicios profesionales. No obstante, ese suministro se redujo de manera significativa, lo que profundizó los apagones y la escasez de combustible en la isla.
En 2025, Venezuela envió aproximadamente 27 mil barriles diarios, mientras que Rusia aportó cerca de 6 mil barriles y México entre 6 mil y 12 mil, de acuerdo con datos difundidos por agencias internacionales como EFE y Reuters, que aclaran que varias de estas cifras no han podido ser verificadas de manera independiente.
La nueva advertencia arancelaria de Washington añade presión a este panorama. La orden ejecutiva firmada por Trump sostiene que Cuba representa una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos, argumento que ha sido cuestionado por gobiernos y organismos internacionales.
Reacciones internacionales
Tras el anuncio, Venezuela expresó su rechazo a lo que calificó como “medidas punitivas” y llamó a la comunidad internacional a actuar frente a las consecuencias humanitarias que podrían derivarse de restricciones adicionales al suministro energético de Cuba.
En la misma línea, China manifestó su solidaridad con la isla. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Guo Jiakun, señaló en conferencia de prensa que las nuevas amenazas constituyen “prácticas inhumanas” que podrían privar a la población cubana de derechos básicos, y reiteró el respaldo de Pekín a la soberanía cubana.
Energía, divisas y supervivencia económica
El impacto de la crisis energética se ha visto agravado por la caída del turismo y la reducción de remesas, dos de las principales fuentes de divisas del país. Una investigación de The New York Times documentó que, en años recientes, Cuba habría revendido parte del petróleo recibido de Venezuela a China para obtener liquidez, una práctica asociada a la urgencia financiera del Estado.
También se han registrado envíos esporádicos desde otros países, como Argelia, según reportes de medios internacionales tras visitas oficiales de alto nivel, aunque estos suministros no han sido suficientes para estabilizar el sistema energético.
Analistas coinciden en que la combinación de infraestructura obsoleta, dependencia de importaciones, restricciones financieras y presión geopolítica mantiene a Cuba en un escenario de alta fragilidad energética, con efectos directos sobre la vida cotidiana de millones de personas.
