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De crisis, tragedias y desaparecidos

De crisis, tragedias y desaparecidos

Partidiario

Criterios

Tras los hallazgos de 155 bolsas con restos humanos –138 en un pozo y una pila de agua en La Primavera y 17 en una brecha cerca de Tala– que suman decenas de muertos sin que a la fecha se sepa el número total, se habla de una “nueva crisis” por saturación en el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF) que ocasionó aquel lamentabilísimo espectáculo de cadáveres en cajas refrigerantes recorriendo sin reposo la zona metropolitana el año pasado.

Sin embargo, estos hechos e imborrables imágenes tienen atrás, al fin y al cabo como origen, más que crisis, las peores tragedias que los seres humanos puedan sufrir: inseguridad y violencia generalizadas, robos y asaltos de toda índole, secuestro y o desaparición forzada, torturas, asesinato y horrible desintegración de sus cuerpos –o al revés– por una lucha sin tregua, una guerra continuada del crimen organizado y, sobre todo, por la corrupción que reina entre quienes ostentan el poder en todos sus niveles.

Pero mucho antes que todo esto, en lo remoto hay, o hubo, no únicamente un sistema de gobierno que duró en realidad nueve décadas, sino una sociedad que de una u otra manera se tapó ojos, oídos y boca para no ver, no escuchar y menos para denunciar, y así se convirtió en condescendiente, en cómplice, aun cuando en el 2000 se sacudió al partido tricolor y llegó el cambio de color.

Se creía entonces que las cosas iban a cambiar, pero continuaron prácticamente igual. Nunca hubo ese corte de caja que todo mundo demandaba. A Vicente Fox le ganaron, o  su miedo al dinosaurio, su incapacidad o las ambiciones desmedidas de su nueva mujer, Marta Sahagún, muy a pesar de que tuvo sobrada fuerza electoral de su lado. Con todo y eso, Fox quiere volver “para darle en la madre a la 4T”, como lo acaba de declarar ayer.

El disminuido Felipe Calderón, con una votación muy apretada que dio lugar a que su contrincante Andrés Manuel López Obrador y su gente lo calificaran de presidente espurio y hasta dio lugar a que el ahora presidente morenista se declarara “presidente legítimo”, siempre fue su piedra en el zapato, por lo cual tampoco dispuso de los arrestos indispensables para borrar de tajo el pasado inmediato y mediato.

Volvió el PRI con Enrique Peña Nieto y las cosas empeoraron: la corrupción e impunidad alcanzaron grados increíbles de gravedad, y los escándalos, junto con su gabinete, no se hicieron esperar, desde su frivolidad hasta los escándalos de la “Casa Blanca” y la “Estafa Maestra”, pasando por una cadena de deshonestidades de los suyos de manos empresariales locales e internacionales, como el asunto de Odebrecht.

El sistema gubernamental que padecimos, incluso antes del llamado neoliberalismo, cuando los gobiernos populistas –como ya lo he escrito aquí mismo– de Luis Echeverría y José López Portillo que quisieron acabar con la prensa escrita, lo que devino en el agravamiento de la situación, a partir de ese sistema neoliberal impuesto por Carlos Salinas de Gortari.

A partir de ahí, todo se hacía –incluidos los gobiernos de Fox y Calderón, no se diga el de EPN– sobre todos los derechos de todos porque antes estaban, y en buena medida siguen estando: el poder por el poder –y el dinero también– por el lado de los que gobiernan.

En tanto, por parte de las grandes empresas y sus dueños, copartícipes de aquel poder e influencia -neoliberalismo atroz, sin importar lo humano–, reina la búsqueda de las grandes ganancias a costa de salarios reducidos a sus trabajadores, independientemente de la evasión y perdón de impuestos. (“¡Ay de ustedes que nadan en la abundancia (…) Disminuyen las medidas, aumentan los precios, alteran las balanzas, obligan a los pobres a venderse”…) -Amós VI-1 y VIII-5.

Necesario es recordar que mucho antes de toda esta situación convulsa, de crisis, de inseguridad, de violencia descarnada, hubo, y hay, otros factores determinantes: varias generaciones que han crecido en hogares en conflicto o desintegrados por machismo, violencia, alcoholismo o drogadicción.

Esta serie de problemas se incrementó exponencialmente en todo el país cuando empezaron a crecer las generaciones en cuyas escuelas, por decreto de Echeverría, se acabó con la formación cívica, como ya lo he enunciado aquí antes.

Entonces, nadie, o muy pocos, percibieron lo que sería de la nación sin un concepto de patria y sus símbolos; sin el respeto debido al otro, al conciudadano, al vecino, al viandante, compañero o compañera de viaje, de trabajo, de la escuela misma. A comportarse correcta, educadamente donde fuera.

Consecuentemente, sobrevinieron el cultivo y tráfico de drogas por doquier, y con ello el aumento del consumo de estupefacientes, la apología y admiración a esos “héroes” de los cárteles y subalternos; a su poder, armas y automotores de lujo, a la vida de lisonja, mujeres y placeres.

Hace una década conozco el inmenso dolor de padres acomodados y trabajadores honorables cuyo hijo sucumbió a esas tentaciones; optó por enrolarse en ese abismo sin fondo. Nunca valieron ruegos, súplicas, oraciones y promesas para rescatarlo. Él quiso la aventura, la conquista y el placer de seductoras féminas y la abundancia sin trabajo. Está desaparecido desde entonces.

Pero nadie nos queríamos dar cuenta del alarmante fenómeno de transformación que fueron sufriendo muchos, muchísimos adolescentes, jóvenes y adultos. Estuvimos a tiempo,

No obstante, son los primeros los más seducidos por este mal apocalíptico, incluso niños que ahora se entrenan como halcones y terminan como sicarios.

Sin juzgar a víctimas y menos a sus dolientes, ¿qué acaso no son, el grueso de los desaparecidos, de cadáveres desenterrados o encontrados embolsados a la vera de caminos, en el campo, en la ciudad, menores de edad y gente de entre 18 y 35 años?

¿En dónde están tantos miles de desaparecidos? Hay miles de familias en la incertidumbre dolorosa, quizás algunas desfallecientes, buscándolos por todas partes y esperándolos en casa.

Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos Jalisco (Fundej), los buscan con ahínco, y siguen desapareciendo en promedio siete por día.

Sólo en este año el número de denuncias por desaparecidos en la Fiscalía de Jalisco suman casi tres mil. La mitad no ha sido localizada.

¿En dónde tantos muertos? ¿Alcanzarán una cripta para descansar en paz?

¿Cuándo acabará esta tragedia que en lugar de conmiseración, incluso de misericordia de las autoridades, parece que su conducta y corazón se endurecen ante el drama y poco hacen para ponerle fin ahora mismo y frenar ese baño de tanta sangre?

 

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Acerca del autor

Felipe Cobián Rosales

Ex jefe de Información de Notisistema y Noticentro. Excorresponsal de Excelsior, La Jornada y Proceso. Fundador de Semanario Diez y Proceso Jalisco.

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Publicado por Enrique Alfaro Ramírez en Sábado, 30 de mayo de 2020

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