El PRI prohibió a Federico Benítez López, director de Seguridad Municipal, estar en el mitin de Colosio. “En torno de Lomas Taurinas establecí un cordón de policías, por las dudas”, e infiltró al Grupo Táctico Especial, adiestrado en San Diego, confió a los enviados de Proceso —Antonio Jáquez (q. e. p. d.) y yo—. El GTE aprehendió al ensangrentado Jorge Antonio Sánchez Ortega. Benítez lo entregó al subprocurador estatal, Sergio Ortiz Lara; este, a la PGR. El 28 de abril acribillaron a Benítez con su escolta, Ramón Alarid. Regresaban de una trampa tendida en el aeropuerto. Al subprocurador lo acusó la PGR de obstruir la justicia y, con descomunal despliegue, lo apresaron. Sin delito, no pudieron enjuiciarlo. La cloaca quedó destapada. (Continúa).



