ÉGLOGA IV
Gabriel Michel Padilla
La cuarta égloga es la más famosas de todas: la mesiánica. Es el año 40 a, C., año del consulado de Polión. Virgilio, anuncia el regreso de la Edad de Oro con el nacimiento de un niño misterioso.
Sicelides Musae, paulo maiora canamus!
Ultima Cumaei venit iam carminis aetas.
Oh musas de Sicilia, mejoremos los cantos
la postrera edad de Cumas ya regresa.
Magnus ab integro saeclorum nascitur ordo
El gran orden de los siglos nace de nuevo.
Sólo, casta Lucina, atiende amante
al niño que nos nace a cuyo influjo,
muerta la edad de hierro, una aurea gente
en todo el mundo va surgir: Apolo
tu hermano reina ya. Entonces
para empezar, te ha de brindar, oh niño,
sin cultivo la tierra tus presentes,
la bácara, las hiedras trepadoras,
la colocasia y el festivo acanto.
Por sí las cabras con las ubres llenas
volverán al redil; no tendrán miedo
de los grandes leones las manadas;
flores te verterá la misma cuna;
muerta la sierpe y muerta la ponzoña,
de la hierba engañosa en todas partes
veranse flores del asirio amomo.
Mas cuando glorias de los grandes héroes
y hazañas de tu padre leer puedas
y sepas qué es virtud, verás los campos
poco a poco enrubiarse con espigas
y en uvas tintas florecer las zarzas
y aljofarada miel sudar los robles.
Vale la pena aquí reproducir tres hexámetros, considerados por muchos críticos de los más bellos producidos por el poeta de Mantua:
Molli paulatim flavescent campus arista
Incultisque Rubens pendebit sensibus uva
Et durae Quercus sudabunt roscida mela.
Cuando se invoca a ese misterioso niño se le pide:
Incipe parve puer, risu cognoscere matrem
Matri longa decem tulerunt fastidia menses
Incipe parve puer: qui non risere parenti
Nec deus hunc mensa, dea nec dignata cubili est
Con tu sonrisa a conocer empieza
terno niño, a tu madre que diez meses
por ti sufrió de expectación ansiosa,
niñito empieza: al niño que no sabe
sonreír a su madre, no le brindan
ni un dios la mesa ni una diosa el lecho.
